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¿Derecho a la huelga un #EIR? ¿Desde cuándo?

Creo que a estas horas deben saberlo todos; el pronunciamiento de la Inspección de Trabajo no puede ser más claro:

Respecto al reciente conflicto de los MIR (#EIR), según el medio que consultes:

«En la resolución, a la que ha tenido acceso Europa Press y con fecha de 12 de marzo, Trabajo argumenta ahora que se está ante una «acción vulneradora del derecho a la huelga», susceptible de «obtener amparo mediante su impugnación ante el orden jurisdiccional social y por el procedimiento de tutela de los derechos fundamentales y libertades públicas» […] «Por todo ello, la Inspección de Trabajo recoge la posibilidad de denuncia ante el Juzgado de lo Social por una acción «vulneradora del derecho a la huelga» y susceptible de obtener amparo «por el procedimiento de tutela de los derechos fundamentales y libertades públicas». (ABC de Sevilla)

“Se ha producido una vulneración por vía indirecta de dicho derecho a la huelga a través de la sustitución del personal EIR (Especialistas Internos Residentes) en huelga por personal FEA (Facultativos Especialistas de Área) a través de las múltiples modificaciones de sus turnos y horarios de trabajo” […] «La Inspección de Trabajo señala así que existió por parte de la Consejería de Salud una “actuación vulneradora del derecho a la huelga” recurrible por los MIR ante la “jurisdicción Social por el procedimiento de tutela de derechos fundamentales y libertades públicas”. (El Correo de Andalucía)

«La Inspección Provincial de Trabajo de Sevilla ha emitido un informe en el que concluye que el SAS «vulneró por vía indirecta» el derecho a la huelga de los especialistas internos residentes (EIR, antiguos MIR), que mantuvieron un paro indefinido de varias semanas que arrancó a mediados de noviembre de 2012, al entender este organismo que se sustituyó al personal en formación «por facultativos especialistas de área (FEA) mediante múltiples modificaciones de sus turnos y horarios de trabajo». […]  «En la resolución, a la que ha tenido acceso Europa Press y con fecha de 12 de marzo, Trabajo argumenta ahora que se está ante una «acción vulneradora del derecho a la huelga», susceptible de «obtener amparo mediante su impugnación ante el orden jurisdiccional social y por el procedimiento de tutela de los derechos fundamentales y libertades públicas». (Diario de Sevilla)

***
No es manejo torticero o partidista de la noticia. Es periodismo frío. De hecho, he esperado a ver cómo se trataba la noticia desde diferentes puntos de vista antes de hacer el post. Porque ahora viene el comentario:
¿A alguien le extraña todo esto?
Somos ya muchos los que pensamos que los derechos y su ejercicio son según y depende en esta democracia a medias (así, con minúsculas, ex profeso), de la que disfrutamos como podemos y cuando nos dejan. Viene pasando en muchos ámbitos de la vida civil y generando esto que se viene repitiendo demasiadas veces en los últimos tiempos: desafecto, desaliento, resignación, alejamiento… No es baladí que en una de las comunidades más pobladas de España, el gobierno de una coalición de izquierdas haya vulnerado el derecho a la huelga de los #EIR – palabras de la Inspección de Trabajo -.
Se nos antoja que no es algo puntual, sino que llueve sobre mojado.
La taifa sanitaria del sur es especial en tantos aspectos. Sobre eso habría mucho que hablar, pero no me da tiempo y empiezo a aburrir. Sólo decir que, en el progresivo e inaudito desmembramiento del Sistema Nacional de Salud, Andalucía emprendió su deriva propia – que ni siquiera es la peor -, como laboratorio concreto de ideas y praxis. Es la tesis de varios que el Sistema en Andalucía ha forzado algunas veces los límites de la legalidad, y el ejemplo de hoy puede interpretarse como un paso más en el mismo sentido. Que se ha querido ser muy de izquierdas, pero a la vez moverse como El Corte Inglés. Pero sin el respaldo legal que tiene El Corte Inglés, claro. La verdad es que yo no termino de comprenderlo bien. Debe ser que no soy lo suficientemente perspicaz. He recogido en varios posts la idea que tenemos varios acerca de la dedocracia de las interinidades, el nombramiento de los cargos intermedios y el funcionamiento de las Unidades de Gestión Clínica. Y, últimamente, las ideas geniales de unificaciones hospitalarias y traslados de personal, que se pergeñan pero que no se explican y te las encuentras guisadas y ejecutadas delante de tus narices. Que a lo mejor son eso, buenas ideas, pero mis cortas luces me impiden apreciar siquiera de lejos. O que uno pide a sus doctos gobernantes que no sería tan mal hábito empezar a ejercer eso que la inmensa masa a la que pertenezco comienza a demandar: transparencia y menos conciliábulo masonería-like o cónclave-like, ahora que lo tenemos reciente.
Otro incomprensible botón de muestra es esa versión sureña de la carrera profesional, mediando el ¿acertado? rigor de la Agencia de Calidad Sanitaria, con reversibilidad incluida. Para que luego vengan los tribunales de verdad y te digan que no, que no vale, que basta de despotismos ilustrados, que hay ciertos derechos y que no ha lugar para sesudas interpretaciones de cuatro reunidos en un despacho del edificio Arena en la avenida de la Innovación. Que no se pueden loar las magnificencias de una organización de profesionales y ocultar o ignorar el inmenso cabreo de la gran mayoría. 
Creo no equivocarme ni tener que pedir perdón si sugiero que, en parte, este tipo de modos y maneras se nos han hecho habituales en estos treinta años. Tal vez nos hayamos acostumbrado demasiado a ese espíritu tan libre con el que interpretan ustedes los límites de la Ley. Tiene un poco el aire del caudillismo, que tanto nos aleja del respeto a la Ley y la Norma que suele imperar por otras latitudes.
Sólo que, véalo, se lo dije al empezar el conflicto en una de mis entradas: «Se acabó el miedo, señora consejera». La generación mejor preparada de la historia de la Comunidad no tiene expectativas. Nada que perder. Ya no puede toserles. Se acabó la amenaza velada o la mirada torva. Y, de ahí, para adelante. Ignoro lo que usted o los suyos durarán sonriendo cínicamente en sus despachos; no soy adivino. Pero, viendo a mis residentes, cada vez estoy más seguro de lo que digo: un Sistema que desprecia de este modo a la juventud, un Sistema que desprecia de este modo los derechos fundamentales, difícilmente puede ostentar el nombre de progresista o socialista. Lo cual les acerca un pasito a Lasquetty y los suyos, por si no se ha dado cuenta. Algún día hablaremos de todo esto, tranquilos. Cuando la moqueta del poder no nos separe.

Porque sólo entonces podré explicarle por qué uno de sus subordinados como yo se pone al teclado a escribir entradas como ésta y termina escribiendo una novela acerca de su experiencia en un Sistema tal vez un poco duro de oídos y posiblemente sobrado de si mismo. Que si le interesa a alguien, disponible está: a un solo click.

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