fbpx

Cáncer: ¿Ponemos el dinero en el lugar correcto?

El cáncer es la segunda causa de muerte en nuestras sociedades, luchando codo con codo con la enfermedad cardiovascular. Probablemente, la adquisición de una adecuada conciencia respecto a una buena alimentación, la práctica de ejercicio moderado y la eliminación social del tabaco permitan el progresivo declinar de ésta. Ya en un plano más asistencial, el buen control de la hipertensión y del colesterol, entre otras cosas, permitirán situar la epidemia coronaria y cerebrovascular en otra dimensión.
Ello va a hacer emerger al cáncer probablemente como uno de los límites fundamentales para la supervivencia en nuestras sociedades. Ayer celebramos el día internacional contra la enfermedad – o mejor dicho, contra las enfermedades; los cánceres son variopintos – (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Dia/Internacional/cancer/elpepusoc/20100204elpepusoc_2/Tes). Celebro que las distintas sociedades científicas transmitan a la población que, al igual que sucede con la primera causa de muerte, la modificación de nuestro patrón social de enfermar vendrá de la prevención y de la construcción de un ambiente personal, laboral y social libre de cancerígenos. En ese sentido, la eliminación del tabaco – helo ahí de nuevo, al gran asesino -, la reducción de la ingesta de alcohol,  combatir la obesidad – que también es crucial en la enfermedad cardiovascular -, limitar la exposición al sol y proteger el ambiente laboral contra los carcinógenos, entre otras cosas, llevará el problema a otro calibre, sin lugar a dudas.
¿Y los que están ya enfermos? La Oncología Médica es una ciencia que ha progresado velozmente en dos décadas. Sus resultados están ahí, y las perspectivas de un paciente de cáncer hoy, dicho sea en general, son diferentes que hace veinte años, aunque varíe sustancialmente de un tipo de cáncer a otro. Hoy se habla de curaciones – sí, curaciones – en una proporción de neoplasias que varía de casi un cien por cien en determinados tipos a cifras mucho peores en otros. Lógicamente, todo ello no ha sido fácil, ni desde luego gratis. La inversión que nuestras sociedades han realizado, continúan realizando y esperan realizar en torno a la Oncología es superlativa.
Llegados a este punto, cabe un elemento de reflexión, probablemente basado en algunas experiencias propias. Asistimos a un verdadero disparo de lanzamientos de fármacos antineoplásicos, basados en un auge de la investigación básica de ese campo. No pueden siquiera imaginar el coste que supone incorporar un nuevo fármaco a los esquemas oncológicos actuales. Los beneficios, bien documentados por artículos científicos aparecidos en revistas de impacto, son muchas veces relativos. Mejorar la supervivencia de siete a diez meses, o de doce a quince. La cuestión es que, en Oncología, siempre se cuenta con la terrible presión de lo ominoso del pronóstico si no se incorpora lo mejor o lo más nuevo. Y si en éste paciente concreto el efecto es atípico y consigue cambiar el curso llamativamente…

Entiendo que, llegados a este punto, cualquier paciente o familiar piense que el sobrecoste debe detraerse de partidas menos justificadas del gasto público, que haberlas, haylas. Pero consideren que, hoy por hoy, el presupuesto sanitario es un paquete cerrado. Los recursos son finitos, como gustan de decir todos los dedicados a la gestión sanitaria. Recuerdo a todos los afectados por la cuestión oncológica, las quejas frecuentes que expresan por el mal estado de las instalaciones o lo caótico o confuso que pueden encontrar a veces su asistencia. Expresada así, la frase parece plana. El retrato queda más vivo si digo, en cambio, que usted tiene un determinado cáncer, con su salud muy quebrantada, y tiene que levantarse el día de quimio sobre las seis o así de la mañana para recorrer ochenta kilómetros hasta su hospital de referencia y que le hagan una analítica urgente a las ocho y media o nueve para ver si el cuerpo aguanta. Pero el dichoso análisis no tiene a bien llegar hasta dos horas más tarde y la médica o médico de turno – entre carreras, llamadas y salidas – le ve una o dos horas después para decidir si la sesión de quimio se va a llevar a cabo o no. Añádanle el rato de la infusión. Todo ello en una atestadísima sala de gente de lo más enferma y de lo más desesperada, retorciéndose de purito aburrimiento, pero desde primera hora de la mañana. Y con derecho a repetir cada cierto número de días, protocolo manda.
No quiero con todo esto cuestionar en un todo o nada la incorporación de nuevos fármacos en Oncología. Para empezar, no es mi especialidad. Sólo que, habida cuenta de los costes generados por la incorporación de los modernos antineoplásicos, agradecería como ciudadano, como médico y como enfermo potencial que las instituciones se dotaran de delicados sistemas de valoración de coste y eficacia, incorporando tal vez a asociaciones serias de pacientes, que podrían sorprendernos diciéndonos que prefieren inversiones seguras en confort y calidad que potenciales mejoras en supervivencias limitadas con calidad de vida más que mermada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error

¿Te gusta esta web? Suscríbete y difunde