No cabe la menor duda de que la diabetes es uno de los mayores problemas de salud de nuestra sociedad. Lo es ahora y, con toda probabilidad, lo va a ser a lo largo de las décadas que vienen, sin que se advierta tendencia alguna a la mejora en cuanto a la prevalencia de la enfermedad o de sus complicaciones. Asumo que todos aceptamos que la correcta atención a la diabetes no es el cometido

