En las décadas pasadas hemos visto un proceso paralelo en muchas partes del globo por el que la medicina, como actividad, se ha visto empujada a límites y restricciones. Tanto si se adopta un sistema de prestaciones integradas como si se encomienda a compañías de seguros, la evolución técnico-farmacológica y demográfica ha disparado los gastos y ha amenazado con hacer zozobrar los sistemas. La respuesta fue un poco la misma, en todas partes: la racionalización
