Lo están viendo, oyendo, leyendo: los médicos de Atención Primaria, en huelga. Primero en Málaga, luego en Huelva. Y puede que en toda Andalucía, dentro de muy poco. Y ya, en otras Comunidades Autónomas.

Curiosa, por otra parte, la huelga de los médicos. Porque, a diferencia de los conflictos de otros colectivos, no se trata – en su mayor parte – de reivindicaciones para ellos mismos. De lo que se trata, en esta ocasión, es de trabajar mejor en un sector crucial e injustamente relegado. De ofrecer un mejor servicio a la ciudadanía. De desarrollar una atención más acorde con los tiempos que vivimos. Es, por ello, que el ciudadano andaluz debe prestar una especial atención a este conflicto, particularmente inédito en la historia reciente de los conflictos laborales de la función pública.

De fondo, un cambio sustancial en nuestra demografía. Envejecemos. La vida se prolonga hasta límites inconcebibles hace tan solo cincuenta años. Y ello cambia, lógicamente, el modo en que vivimos y enfermamos. Somos, cada vez más, una sociedad de enfermos crónicos. Personas que aspiran a retener toda la calidad de vida posible, durante todo el tiempo que puedan. Y ello cambia la perspectiva con la que una sociedad se relaciona con su Sistema Sanitario Público. Y la sostenibilidad del mismo.

Del Sistema de lo agudo, el diagnóstico, la tecnología, lo brillante y el gran Hospital, a un Sistema de lo crónico, los cuidados, lo paliativo, lo domiciliario, la interacción entre Atención Primaria y el Hospital, y el necesario fortalecimiento de la enfermería y la Atención Primaria. Nuestro gran experto internacional en Sistemas de Salud Rafa Bengoa lo enunció negro sobre blanco hace tiempo. Esperanzas tenía uno en que fuera nombrado nuevo Ministro de Sanidad del “gobierno bonito”. Defraudado que me quedé, al ver primar la política de siempre. Vamos tarde, en España y en Andalucía, con el necesario giro copernicano del Sistema Sanitario Público.

La organización del Sistema Sanitario Público de Andalucía y sus Procesos Asistenciales Integrados no ha sido particularmente progresista, a tal respecto, en cuanto a realizaciones prácticas. Y no puede invocarse la crisis y “la casa en la que entra menos dinero”, como dice en campaña la Presidenta de la Junta de Andalucía. Hace más de una década, en vacas gordas, la actual Ministra de Hacienda, entonces Consejera de Salud, primó el hospitalocentrismo y la tecnología, en detrimento de la Atención Primaria. El trasplante daba portadas y votos.

De modo reiterado, he señalado que el récord de trasplantes renales – por ejemplo -, señalaba un fracaso subyacente. El del control de la diabetes y la hipertensión, causas fundamentales de la insuficiencia renal que precisa trasplante. Diabetes e hipertensión, tareas fundamentales de Atención Primaria. Tareas inasumibles por este nivel de atención, sin plantillas estables y sin los medios adecuados. Sin los diez a quince minutos mínimos para sentarse a preguntarle al paciente, por ejemplo, si se toma la medicación todos los días, y cómo le sienta. Un poner, que decimos en Andalucía.

Hechos particularmente sangrantes en la Comunidad Autónoma con más hipertensión y diabetes de España, que son correlatos de escaso desarrollo social y económico. Pero ese es otro cantar.

El cantar de hoy es, justamente, el de sus médicos de Atención Primaria que, con sus movilizaciones, están haciendo política. La buena. La necesaria. La reorientación del Sistema Sanitario Público de Andalucía, que jamás harán por las buenas unos dirigentes atrapados en el clientelismo, la parafernalia y la palabrería. Es por eso que escribo este artículo, con la idea de trasladar a la ciudadanía lo crucial de la movilización de los médicos de Atención Primaria. Para ustedes, mucho más que para ellos.

(Publicado por el ABC de Sevilla en versión impresa el 27 de noviembre del 2018)

Firmado:

Federico Relimpio

 

Federico Relimpio, médico y escritor

Twitter: @frelimpio

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