
Cinco años de dedicación exclusiva para los médicos jóvenes. Dedicación en exclusiva al Sistema Público de Salud. A la seguridad social de siempre, para entendernos. Así viene en todas las noticias. Claro que, a estas alturas, uno se va fiando según de qué noticias y según en qué medios. Así que uno no tuvo más remedio que ponerse a investigar.
Estatuto de las profesiones sanitarias. Para los legos en la materia: se trata de un documento marco rector de las condiciones de trabajo sanitario en el Sistema Nacional de Salud. Ello lo convierte en una especie de funcionariado sui generis, sin algunas de las ventajas que gozan los funcionarios. Pero eso es otra historia. Ahora, al grano:
El estatuto está perennemente anticuado y, cada cierto tiempo, hay un intento renovador, tan torpe e inane como las sucesivas reformas educativas. Debo aquí rescatar un artículo de mayo pasado de una persona tan conocedora del Sistema y significativa como Rafael Matesanz (huelgan presentaciones, ¿verdad?). Invito a su lectura completa. Extracto:
«La opción por un modelo estrictamente funcionarial para el personal sanitario, excluyendo cualquier otro modelo, regulado por un estatuto marco de hace cuarenta años y que ya cuando fue aprobado dio lugar a una conflictividad hospitalaria generalizada, fue un manifiesto error que ni se ha solucionado en todo este tiempo ni tiene viso alguno de solucionarse».
¡Sostenella y no enmendalla (si acaso, profundizalla), señora ministra! Ignoro quién ha filtrado el primer borrador del nuevo estatuto con el que doña Mónica quiere despedirse de su ministerio. Aseguro, en cualquier caso, que se está leyendo a la coma y al punto días antes de su debate con los agentes sociales. Y el texto sorprende. Porque sus quiméricas propuestas solo pueden deberse a un profundo desconocimiento de las realidades asistenciales o, de modo alternativo, a una mala fe pareja solo a la irrelevancia de la formación política de la que procede doña Mónica.
Adelanto que el nuevo estatuto ocupará muchas entradas de este blog, tanto por las pifias como por la oportunidad perdida. Ocasión tendremos, pues, de ocuparnos de cada cuenta de un rosario de genialidades. Toca hoy al artículo 36.1. Reproduzco el texto:
«Artículo 36. Supuestos de incompatibilidad sujetos al interés público.
1. El personal graduado en Medicina con formación sanitaria especializada durante los primeros 5 años de vinculación con el Sistema Nacional de Salud, tendrá dedicación exclusiva al sector público.
Este supuesto no será de aplicación para aquellos nombramientos que se correspondan con una jornada a tiempo parcial, salvo que esta modalidad de jornada haya sido solicitada por el propio estatutario».
Se me ocurren varios comentarios al respecto. En primer lugar, de la lectura literal del texto se desprende que la dedicación exclusiva solo sería obligatoria a lo largo de esos «primeros 5 años de vinculación con el Sistema Nacional de Salud». ¡Excelente, señora ministra! Porque si nuestro especialista concluye su formación y optara por no ejercer en el Sistema Público, se zafaría de dicha exclusividad obligada. Le da usted, por tanto, todas las razones a tantos jóvenes para pensárselo muy mucho antes de fichar por el Sistema Público. Justo lo que necesitamos, tan sobrados como andamos de personal.
Segundo: ¿podrían los administradores del Sistema imponer dicha obligatoriedad? Créame que lo dudo, dicho sea con toda sinceridad. El viejo sueño izquierdista de la exclusividad de los profesionales sanitarios del Sistema Nacional de Salud no pudo imponerse en los ochenta, cuando la hegemonía absoluta del PSOE y su «rodillo parlamentario» amenazaban con «calzar a los médicos con alpargatas» (Alfonso Guerra dixit).
En contraste, la situación de su partido, hoy, es muy preocupante (por no tildarla de insignificancia), y su socio mayoritario socialista, más habituado a las lides sanitarias de algunos gobiernos autonómicos, sabe de las dificultades prácticas de acometer maximalismos iluminados. Por si fuera poco, más temprano que tarde vendría una sentencia con jurisprudencia — española o europea — que establecería que, en su tiempo libre, el médico del Sistema Nacional de Salud hace lo que le viene en gana. Faltaría más.
Pero, además, muchas más cosas han cambiado desde los ochenta y el viejo debate de la exclusividad. Entonces cierta izquierda gozaba de un tiempo nuevo, ideológico. Aún ignoro por qué, pero, en aquella época, atacar al médico, de algún modo, constituía un «logro» de la «lucha de clases». Y, por si fuera poco, para desgracia de la profesión, el tardofranquismo les había dejado en herencia una inmensa bolsa de licenciados en medicina en paro que pesarían a plomo en cuanto a las expectativas de salario y consideración social. Con unos mimbres tan endebles se edificaron las excelencias de nuestro Sistema Nacional de Salud.
Ya nada es como antes, ministra. Los graduados especializados saben idiomas y estamos en Europa. Son apreciados por lo que saben y hacen, y tienen un excelente mercado laboral ahí arriba, en mejores condiciones que aquí. En España, por el contrario, tenemos un acuciante problema de RRHH agravado, además, por el cúmulo de errores que Matesanz enumera en su excelente artículo. Si disuasorias son, en buena medida, las condiciones de trabajo en nuestro Sistema Nacional de Salud, no lo empeore usted con la pretensión de encerrar durante cinco años a los médicos jóvenes bajo los gritos y las amenazas de un comisario político, para luego concederles la libertad bajo palabra. Palabra de que va usted a perjudicar al conjunto de la ciudadanía.
Firmado: Federico Relimpio, médico y escritor.

Muy buen artículo ! .. bien documentado y bien escrito . Totalmente de acuerdo contigo .