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Sueldo de Pena, pero Seguro

Llevo pocas semanas en el foro SERMO, donde interaccionamos médicos de varias nacionalidades. En este rincón, veo muchos de España y de Estados Unidos. Y, enseguida, nos hemos puesto a comparar sistemas, posibilidades y expectativas.

Es curioso. A seis hora de Madrid –Barajas, las antípodas para el ejercicio profesional. Para los hartos de mendigar trabajo y de pobretear por la madre patria, la comparación de sueldos es sangrante, para qué les voy a decir otra cosa. Sin embargo, no faltan galenos yankis que nos recuerdan lo barata que nos resulta la facultad, y cómo sus enormes ingresos se ven atenuados con la necesidad de ahorrar – y mucho – para la jubilación y para la universidad de los chicos, que allí vale una pasta. Y, por si fuera poco, para pagarte una buena póliza de seguro sanitario, que te proporcione buenas coberturas. Súmale a eso enormes seguros de responsabilidad civil, y la espada de Damocles de un proceso – es un país muy judicializado -, en el que se te puede retirar la licencia para el ejercicio por un sí o por un no. Vamos, que no es tan fácil.
Pero yo no iba a eso.
Iba a preguntar a mis compañeros por qué piensan que cobramos tan poco poquísimo. Comparado con qué. Y, si eso es así, por qué la profesión sigue siendo tan demandada entre la chavalería. Y por qué no hay una estampida en masa – más, mucho más del nimio goteo que ya hay – a otros países, a ganar más dinero. Hay algo que no cuadra en todo esto. Estamos todos – o casi todos – de acuerdo en que nuestros sueldos no casan con nuestros requerimientos formativos y con nuestro nivel de responsabilidad. Sin embargo, se trata de un debate ya cansino, de lo persistente.
No hay respuestas fáciles para eso. Se me ocurren algunas conjeturas. Somos trabajadores públicos, equiparados a los funcionarios (“estatutarios”, a ver qué es eso). Por tanto, nuestro sueldo viene regulado finamente por lo que un funcionario de nuestra categoría puede cobrar, ni más ni menos. Se han habilitado complementos y picarescas diversas, desde los tiempos de la Semana Trágica, porque si no, un cirujano cardiovascular estaba más tieso que una mojama. Y así venimos tirando.
Somos funcionarios porque si no, la Sanidad Pública hubiese estado en manos de los hijos o los sobrinos de los catedráticos, y esto habría sido un régimen nepotista-corporativista insoportable. Pero, por encima de todo, hubiera favorecido la selección negativa y la mediocridad. Eso era válido sobre todo para los tiempos pretéritos. En la llamada democracia, la Sanidad Pública hubiese estado en manos de gente adicta al carné correspondiente en la taifa sanitaria que fuera, o bien por acostarse con el/la preboste del partido o jefe/a de servicio o unidad – aunque, por otra parte, el sexo siempre ha sido una llave de paso inmemorial -. E intentos que habido, no se crean, al cambiar del sistema de oposiciones al descafeinado del concurso-oposición. Es por nuestra tradición corrupta y nepotista por lo que forzosamente hemos tenido que defender puntos sensibles como los quirófanos y consultorios con los principios – ya vapuleados – de igualdad, mérito y capacidad.
Hasta ahí, las ventajas. El que consolidaba plaza – y la palabra “plaza” viene al pelo, parece que tomaba una plaza fuerte – era intocable e inexpugnable. Hacía lo que quería, al ritmo que quería. A su bola, oiga. Dependiendo de su ética personal. O de sus depresiones. O de sus alcoholismos. Después de un complejo y burocrático ascenso, el estancamiento y los trienios. Todas las razones del mundo para tirarse a la bartola o aliviarse el problema. Sistema que ni castiga, ni recompensa. Nihilismo más absoluto: la insoportable levedad del ser. Muchos sufren sueldos bajitos pagando un bien supremo: la garantía de no poder ser tocados, caiga la crisis que caiga, en tu vida personal o en el IBEX. No te esfuerces, ni mueras en el intento: el sistema no te puede recompensar. No puede, porque por la misma, no puede librarse de un flojonazo que vegeta riéndose de ti, ahí mismo, dos puertas más allá. Y deja ya de clamar en el desierto, que esto es así y que, hoy por hoy, no hay quien lo cambie.
Y dice uno, a sus cincuenta, que es difícil salir de ésa. Un país con unos términos tan laxos en lo que a la Justicia se refiere, con unos plazos tan enormes para resolver en tribunales, con una Sanidad Pública politizada, hecha vil propaganda. Uno no se arriesga a pedir algo parecido a los americanos. O a los franceses. Aunque cobren más, mucho más. Por no encontrarme con un jefe con el que no sintonice, por esto o por lo otro, y que me diga, a los cincuenta y dos: “mira, mañana no vengas…”

@frelimpio

1 thought on “Sueldo de Pena, pero Seguro

  1. Teresa says:

    Hola, soy una recién egresada de una facultad de medicina andaluza y actual preparadora MIR. Así que supongo que soy una de las indicadas para dar mi humilde opinión al respecto de:

    "Y, si eso es así, por qué la profesión sigue siendo tan demandada entre la chavalería. Y por qué no hay una estampida en masa – más, mucho más del nimio goteo que ya hay – a otros países, a ganar más dinero"

    En primer lugar, supongo que seguimos escogiendo esta carrera a parte de por vocación, porque no tenemos ni idea cuando entramos con 17/18 tiernos años de como está realmente el panorama laboral -nacional y particularmente el andaluz-. Cuando te acercas a los últimos años de carrera no faltan motivos por los que irse: sueldo, respeto, horarios… pero tampoco faltan para quedarse: como en España, en pocos lados se vive, somos conscientes de que la formación MIR es una de las más valoradas a nivel Europeo…

    Pero también es verdad, que al egresar, los que se plantean irse fuera tienen un handicap con el que no cuentan, quizá, muchos otros médicos de distintos paises. Los idiomas. Aunque en el colegio te enseñen Inglés o Francés, la mayoría de las veces, no podemos considerarnos ni de lejos "bilingües", si es que si quiera conseguimos chapurrearlo, a no ser que hayamos dedicado esfuerzo y tiempo extra en academias o clases particulares para mejorar nuestro nivel.

    Quizá parece algo absurdo, pero a la mayoría de los que terminan la universidad en otra carrera, no se le pide acreditar un nivel tan alto de lengua extranjera como lo que se le pide a un médico. Cosa que me parece normal. Pero si a veces ni en nuestro propio idioma podemos entender lo que nos cuenta el enfermo, no me quiero ni imaginar vivir esa situación con un B1 o B2 de cualquier otra lengua.

    Aún así, ganas no nos falta, no puedo hablar por otros, pero al menos en mi promoción no somos pocos los que nos planteamos terminar la residencia fuera y quedarnos por allí. Todo se andará. Hasta entonces a "sufrir" el sistema en nuestras carnes.

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