El déficit de médicos pone en jaque la asistencia sanitaria

Tal es el titular. No otro. Y a ver quién le pone el cascabel al gato. Según los datos, bien tamizados por Juan Simó en varios posts, no hay tal falta de médicos. Mentira podría, que decimos en Andalucía. Lo ven ustedes, que merece. El tema es otro.

Les hablo desde la perspectiva de cuarenta años de Sistema, los primeros como estudiante de Medicina. Muchos años. El tema me coge hipersensibilizado. De gato no ya escaldao, sino carbonizao. De perro viejo, en contacto diario con los cachorritos. En ellos, reconozco una ilusión que intento rescatar en mí mismo, todos los días. A ellos – a vosotros – les debo estas líneas.

Se tiene a Felipe González por un gran político, como no hubo otro en la época reciente. No sé de qué va, eso de gran político. Estoy pendiente de que alguien me lo explique. Porque, eso sí, desarrolla la Ley General de Sanidad, de 1984, con la que pretendía desarrollar el artículo 43 de la Constitución: la Salud. Construir el Sistema de Prestaciones Integradas en la época en que Thatcher lo metía en crisis, allá en el Reino Unido. No abundo. Doctores tiene la Iglesia.

E hilo lo de cuarenta años de Sistema y la Ley General de Sanidad, de Felipe González, pretendido fundamento del Sistema Nacional de Salud, pretendiendo – y van dos pretensiones – inventar un Sistema sobre la red de hospitales del franquismo, apenas tocada por la UCD – no es que le diera mucho tiempo -. Pero no es el tema, y además me excede. El tema es, sin duda, que todo aquello se edifica sobre ese monstruo de bolsa de parados médicos que se inicia bajo el tardofranquismo, y se encuentra Felipe, como agua de mayo.

Porque aquellos polvos son los lodos que le permitieron a Felipe edificar un Sistema sobre sueldos de risa – de cachondeo, vaya -: una profesión proletarizada, desprestigiada y condenada a sobrevivir y a obedecer. ¿Que no? Dos huelgas la contemplan: una en el 87, saldada de modo cuestionable con el complemento de dedicación exclusiva, y otra en el 95, laminada por la actual médico de atención primaria, pero exconsejera de economía de la Junta de Andalucía, Carmen Martínez Aguayo, actualmente imputada en la rama política del juicio de los EREs.

Dice Juan Simó que la bolsa de médicos parados fueron el “petróleo barato” que permitió gestionar un Sistema de Salud con sueldos de risa sin apenas movilización. Es posible, pero el tiempo pasa. Nueva gente, nuevas tecnologías, nuevos hábitos.

Nuevas gentes, porque las antiguas se jubilan. Es un hecho. La legión que ingresó en Medicina Familiar y Comunitaria creyéndose lo de Alma Ata y el progresismo del PSOE sanitario de los ochenta va cogiendo la boleta. Adiós. Fueron bravos e idealistas. Creyeron en el Sistema, y este les defraudó. Cuatro cínicos se percataron, y salieron huyendo del fonendo y el olor a humanidad, a los despachos de poder, a sobrevivir cómo se pueda. A recordar tiempos de ideales y realidades de gestión. Nuevas hornadas profesionales, diferentes; los conozco bien, a eso me dedico: formo Medicina Familiar y Comunitaria en mi especialidad y todos los años veo caras nuevas; conozco bien la ilusión, lo dije antes. Por eso me jode el cinismo. Pero estos son diferentes: saben idiomas, manejan redes sociales y saben que su futuro puede ser aquí, en Valencia, Cantabria o en Liverpool, quién sabe. O dos años en cada lugar, que así son los tiempos.

Paso así, a las nuevas tecnologías y los nuevos hábitos. El chaval de hoy sabe lo que vale y que es bien escaso. Que un egresado de la residencia de Medicina Familiar y Comunitaria, polivalente y con ganas de trabajar, es oro en los tiempos que corren y no va a soportar que le den un contrato de fin de semana, por ejemplo. O, si lo hace, es tonto del culo. Que ahora está rifado, y él lo sabe. Puede decir, sin ambages: “¿y esto es lo que hay? ¡Que os vayan dando!”. Conectados, como está el que quiere, informados, como están casi todos, la información corre que vuela y te sale mañana algo fijo en Mataró, que el catalán lo aprendes como sea. Se fue la época de besar manos y chupar paciencia. Nadie la echará de menos.

El problema lo tiene una gente, un Sistema, unos responsables, acostumbrados a manejarse con la mano besada y una nutrida lista de desesperados, a los que se arroja un contratillo de fin de semana como el que echa un mendrugo de pan. Un Sistema habituado a funcionar con “petróleo barato”, que no se da cuenta de que trabaja con los chicos del catorce en selectividad, y con idiomas. No. No funciona cómo antes.

Hace unos años, sorprendimos unas declaraciones de alguien tan duro como María Jesús Montero Cuadrado, exconsejera de Salud de la Junta de Andalucía, reclamando abrir el grifo en Facultades y en el MIR. Lista como es, se daba cuenta de la necesidad de “petróleo barato” para que el Sistema siguiese funcionando como hasta ahora. Con contratos digno y consideraciones profesionales, la cosa no marchaba, y ella lo sabía mejor que nadie. En su momento, ella lo dijo claro: “entre el profesional y el ciudadano, opto por este”, sin saber, eso sí, que el machaque del profesional de la Salud terminaría repercutiendo gravemente sobre el ciudadano que la responsable decía intentar proteger.

Según Juan Simó, unas autoridades cínicas, irresponsables y mentirosas andan intoxicando con la idea de “falta de médicos” cuando no hay tal. Pretenden presionar para acelerar las homologaciones con América Latina – fundamentalmente -. Ganar tiempo en tanto se regenera una buena bolsa de médicos parados que acepten lo que sea, como siempre. Con el MIR, o sin él. Porque, con médicos parados, tenemos un Sistema “low-cost”. Lo que teníamos. A lo que estaban acostumbrados nuestros responsables sanitarios. Aquello compatible con una “gestión facilona” de gente devaluada, sin sentido de la dignidad, atentos a lo que nos digan en prescripciones o derivaciones a especializada. Besándoles las manos, ya digo. Al mendrugo que nos quieran echar a la boca. Porque, de otro modo, los costes parecen ser inasumibles. Para otro post, las repercusiones en Salud de esta política.

Federico Relimpio

 

 

 

K.O.L. Líder de Opinión: “Un libro que debería ser de obligada lectura para todos los estudiantes de Medicina y para los médicos residentes” @FernandoFabiani. Pica aquí

@frelimpio

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