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Salud 2.0, bajo el ojo del “Gran Hermano”

No se sientan ustedes violentados o zarandeados mentalmente. No voy a cuestionarles la idea o las ventajas de Salud 2.0, que tanto nos entusiasman. O tal vez sí, quién sabe. Las ideas de interactividad, de compartir información, tanto con los compañeros de la especialidad, de otras especialidades, de otros niveles, o con los pacientes, sea a nivel individual, sea a nivel organización de pacientes, o con niveles más altos de organización de sistema para la corresponsabilidad en la toma de decisiones, todo ello es, sin duda, despegar del suelo, subir a cierta altura y contemplar el futuro desde una perspectiva más ilusionante. Tanto, que te puede catapultar directo a una nube donde pierdas el suelo y el contacto   con la realidad y el momento. 
Por mucho que las nuevas tecnologías de la información abran posibilidades inéditas a la interacción entre los distintos actores de la cuestión sanitaria, poco vamos a avanzar si no abrimos un debate serio acerca del estado actual de estos actores, de sus expectativas y sus circunstancias. Lógicamente, no voy a tener la osadía de hacerlo hoy aquí. Ni tengo el background – perdonen el anglicismo -, ni datos suficientes. Pero sí quiero aprovechar la oportunidad de llamar su atención sobre la necesidad de ese debate, de modo paralelo o previo a cualquier aportación que se haga sobre todo lo que tenga que ofertar este mundo sanitario nuevo, fuera de las ataduras de lo presencial, de la agenda y de lo físico.
Hace unos veinte años, joven como era, desesperé de la tardanza en la introducción de la informática en el mundo sanitario. Diez años después de la difusión de los cajeros automáticos y en plena era internet, veía desesperante y obsoleta la dependencia de historias clínicas en soporte físico y de agendas en dietarios. Pasó el tiempo y la informatización vino, como todo en sanidad, a trompicones, aliñando equipos de un sitio y de otro, con redes y servidores manifiestamente insuficientes, creando problemas de funcionamiento día sí y día también, pero para quedarse y mejorar, no para permitir la vuelta a lo anterior. Muchos tuvimos, sin embargo, la sensación de que las inversiones realizadas en este sentido vinieron a rebufo de las necesidades de control de la actividad clínica que tenían gerencias y direcciones, más que para facilitar el buen desarrollo de la misma actividad clínica. Nos sentimos víctimas de un “Gran Hermano” que controlaba todos tus pasos, tus firmas, tus derivaciones, tus historias… Un oculto vampiro capaz de un sólo teclazo de escudriñar en tu campanilla o de hacerte un tacto rectal. Todo tú estaba ahí, a la mínima auditoría.
Durante una década todos los esfuerzos se han dirigido a la uniformización, a la protocolización. La organización interna es, sin duda, deseable y necesaria. Pero lijar tanto la campana de Gauss por los extremos puede conducir a aberraciones. Porque, de entrada, no se comporta así la naturaleza. El examen de una variable procedente de la naturaleza te aporta media más menos dos desviaciones estándar, no reiteración estereotipada de la media. Cierta variabilidad de la práctica clínica está plenamente justificada y es deseable, y no es expresión segura de una corrupción encubierta a perseguir y batir mediante un siniestro ejército bien entrenado en la caza de brujas (o de brujos).
El ejercicio del libre flujo de información – algo muy propio de internet – que emana del espíritu del 2.0 casa mal, muy mal con la teoría y la práctica de ciertas administraciones sanitarias. Para éstas, parece que las verdades absolutas están contenidas en ciertos oráculos iluminados, bien a salvo de las contaminaciones y del ruido de la calle, y de ahí pueden beber sólo una casta selecta de gentes comprometidas, pertenecientes a los reducidos círculos del poder, de los que emanan posteriormente atinadísimas decisiones, a respetar y obedecer en trayectoria descendente. Por contra, el espíritu del 2.0 se antoja una herejía que podría proponer aberraciones como la libre elección de médico de verdad, premiando probablemente a los que aceptaran el desafío de la interactividad o médico donde sea, con quién sea o cuando sea. ¿Cómo encaja eso en rancias instituciones funcionarizadas con acceso controlado por la farsa del concurso / oposición? ¿Y si la deriva de todo ello es sustituir el funcionariado por Unidades de Gestión Clínica dominadas por médicos gestores que emplean modernos criterios de gestión – o sea, el “sí bwana” a todo – para entrar y para mantenerte? 2.0 es libertad, o así la entiendo. Frente a esta idea, la dolorosa realidad, lo que se está imponiendo progresivamente es es una medicina basada en la restricción profesional. En primer lugar porque la medicina es cara. Y en segundo porque es propaganda del partido de turno en la taifa que corresponda.
Es por ello que tengo serias dudas de que el “Gran Hermano” hipercontrolador vaya a aflojar un sólo dedo para favorecer la transición del mundo 1.0 al 2.0. El 2.0 tendrá que ser arrancado, logrado centímetro a centímetro contra oscuras fuerzas de cerrazón y desconfianza. Justamente, las que se creen en la luz y la verdad… ¿Les suena a algo?

Por si quieren saber algo más de mi experiencia personal con el sistema. La he novelado (e-Book en descarga gratuita): http://www.bubok.es/libro/detalles/197444/KOL-Lider-de-Opinion
Si quieren algunas referencias de los primeros lectores, aquí las tienen:
http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/05/los-lectores-comentan.html

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