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Revisitar «Rebelión en La Granja», de George Orwell

El camarada Napoleón, subiéndose al estrado, comenzó su discurso con lentitud. Dominaba la audiencia. Ahí estaban todos:

«Camaradas todos; mis más sinceras felicitaciones. La granja se ha salvado. Hace dos años, por las amenazas de nuestros vecinos humanos, que se negaron a comerciar con nosotros, estuvimos todos a punto de morir de hambre.

Pero todos tuvimos claras las prioridades y el liderazgo. Orden y disciplina. Si la jornada de trabajo eran ocho horas y la ración de grano era medio kilo diario por cabeza – de media, claro -, era preciso dar a la granja nueve horas y media y recibir un cuarto de kilo diario. Producir más y consumir menos. Para tener más excedente con el que comerciar con otros humanos. Y hoy, puedo deciros a todos que nos hemos salvado. La granja de los animales continúa en nuestras manos«

El viejo burro Benjamín, al fondo, macilento y triste, levantó con dificultad la oreja izquierda como indicando que quería decir algo. Napoleón frunció el ceño con disgusto. Toleraba mal las interrupciones pero, por una vez, cedió. Ya habría tiempo de ajustar las cuentas al maldito burro impertinente.

«Camarada Napoleón, camaradas cerdos; mis más sinceras felicitaciones. Efectivamente, hace dos años estuvimos a punto de morir de hambre y os ocupáis todos los días de que sigamos conviviendo con ese miedo. Probablemente para que tengamos clara la prioridad: seguir sobreviviendo con ese cuarto de kilo de grano que nos dais – de media, claro – por trabajar de sol a sol. Orden y disciplina, qué remedio. ¿Hay otra alternativa al látigo? Y reitero mi enhorabuena: lleváis razón, la granja continúa en vuestra manos. Nosotros continuamos agotados de hambre y fatiga bajo vuestros latigazos y vuestras pezuñas porcinas. El cambio ha sido significativo: hace dos años, los cerdos tomaban a diario un bombón y medio kilo de grano y nosotros, medio kilo de grano solo. Ahora, las cuentas salen porque nosotros – la inmensa mayoría – nos mal valemos con un cuarto de kilo al día. Y vosotros seguís con vuestro bombón y vuestro medio kilo. Así lucís de hermosos. Claro que, como sois pocos, de media todos comemos un cuarto. Y la granja se ha salvado. Enhorabuena, camaradas. Gracias por vuestros desvelos. Gracias. No sabemos qué sería de nosotros sin vosotros y sin vuestro liderazgo.»

***
Es una intolerable osadía reescribir «Rebelión en la Granja» de George Orwell. Algunas veces me gustaría que estuviera vivo y lúcido. ¿Que diría en estas tesituras? Yo me he permitido tomar algunos de sus personajes y revivir una inverosímil asamblea. Perdonen por la provocación. Imaginen el destino del pobre burro Benjamin. Perdónenme a mí también. Gracias por su paciencia.

2 thoughts on “Revisitar «Rebelión en La Granja», de George Orwell

  1. Gilbertman García says:

    El tiempo va cambiando el mundo, las debilidades del ser humano ni cambian ni cambiaran.

    Al menos Orwell intentó disfrazarnos de animales.

    Un abrazo.

  2. Alfonso says:

    ¡Qué grande es encontrarme en este blog los chispazos de ciertas conversaciones cervecenoicas en torno a un buen salmorejo! ¿Para cuándo irle explicando a la peña quién era Cincinato? Abrazos.

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