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Profesional «B»

Supongo que muchos de ustedes lo habrán rellenado ya, y otros muchos se dispondrán a hacerlo. Me refiero al cuadernillo que les han enviado de la Consejería de Educación con el objeto de conocer, entre otras cosas, el nivel educativo de los padres y madres cuyas hijas e hijos acuden regularmente a las escuelas de Andalucía. Allá, entre muchos otros datos, se nos pregunta en qué categoría profesional y educativa nos autoincluímos, estratificando la sociedad en una serie de capas organizadas no sé según qué criterio, si de renta, de educación, de nivel de responsabilidad, de prestigio social o de qué demonios. Así, para mi sorpresa, me encuentro que todos los médicos que ejercemos en Andalucía no estamos en el nivel “A” (al lado, por ejemplo, de ingenieros, arquitectos, magistrados o jueces). No señor. Estamos en el nivel “B”, al lado de otras profesiones del todo respetables, sin duda. Cabe preguntar en público quien nos califica de este modo y por qué. Tal vez sea por nuestro nivel de renta; no veo otra explicación. Porque en cuanto a duración de nuestra formación o nivel de responsabilidad, la clasificación es sin dudas injusta. Me pregunto en segundo lugar si esto es casual, o hay algo de mala idea, que muchas vamos ya acumulando de la misma gente, y todas en el mismo sentido. Que da la impresión de que esto es una sutil degradación, vaya. No quiero proseguir por ahí, no vayan ustedes a pensar que estoy más paranoico de lo que realmente estoy.
Dicen que las personas inteligentes son las que saben adaptarse al lugar y al momento. Pues el lugar, el momento y las cúpulas dominantes dicen que los médicos somos “B”. Es decir, un cuerpo de técnicos, no de intelectuales. Concebidos para ejecutar órdenes de una casta superior, que realmente piensa y sabe. A ver, se nos paga como “B”. Se nos trata como “B”. Y se le dice a todo el mundo que somos “B”. Tal vez sea el momento de asumirlo. De aplicar el protocolo, quiero decir. De pedir instrucciones, como un soldado. Ilusión “B”. Implicación “B”. Asumir, pues, la pérdida social de galones y de competencias. A menos que la sociedad pida otra cosa, claro.

6 thoughts on “Profesional «B»

  1. Antonio Moreno says:

    Por suerte, por mi juventud me puedo permitir decir cosas como "lo que los novatos estamos aprendiendo y lo que los mayores están ejerciendo es una de las profesiones junto con el resto de personas dedicadass a los demás que más acerca a la santidad: la dedicación, la entrega de nuestra vida al prójimo, desde que decidimos pasar 10 años estudiando hasta que nos jubilamos". Cómo se atreve un trajeado, que es lo único que le hace parecer importante, el traje, clasificarnos a nosotros, sus inmediatos superiores intelectuales, perdón, tengo que rectificar, de inmediato nada, esos infelices tienen muchos otros superiores intelectuales por encima antes de llegar a nosotros

  2. Federico says:

    Gracias por el interés! Lo que me gustaría saber es fundamentalmente el sistema de valores imperante. Al menos para transmitir a mis hijos formas más eficaces de supervivencia, ya que yo he hecho un poco el panoli.

  3. Anónimo says:

    Al clasificador yo lo situaría al final del todo. Mi mujer es Licenciada en Farmacia y aunque lleva años de experiencia acumulada, en estos momentos se encuentra en situación de búsqueda activa de empleo (me niego a llamarlo desempleo ni en paro), desde hace menos de un año. Según el documento únicamente podría incluirse como labores del hogar o ama de casa. De nuevo comprobamos un uso eficiente de los fondos públicos.

  4. Federico says:

    Gracias por el interés! Yo insisto en que la respuesta debe ser asumir sensu estrictu protocolos, normas y reglamentos. Huelga de neuronas caídas.

  5. Gilbertman García says:

    ¡Hola Federico!
    A mí también me llegó dicho cuadernito que enviaron para conocer el nivel socioeconómico de los padres de los niños en el colegio previo a una serie de pruebas.
    Efectivamente, a efecto de toda la sociedad parecemos que los médicos estamos en "el club de los del taco".
    Pero realmente estamos en "el club de los pringaos".
    Peor todavía, porque si al menos oficialmente perteneciéramos a ese grupo podríamos indignarnos.
    Lamentable.
    Un abrazo.

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