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Pilato, de Fabiani

Dos mil años de malo oficial. Y viene a vernos, por Semana Santa. A reivindicarse, a mirarnos a los ojos, literalmente. A espetarnos qué demonios habríamos hecho nosotros, en su piel. Pues lavarnos la manos, lo que hacemos todos los días, con tantos inocentes que la turbamulta sitúa delante de nuestro juicio.

Esta es, ni más ni menos, la provocadora propuesta del “Poncio Pilato” de EdeTeatro con Fernando Fabiani, que tuve la ocasión de disfrutar ayer en el Antiquarium de Sevilla.

De entrada, el actor y alma, Fernando Fabiani, dando pasos decididos para ser más personaje que los que encarna. Médico de Atención Primaria, actor y, recientemente, despuntando en el campo literario con su “Vengo sin Cita”. Hasta ahí, lo que uno sabe. Y abajo, en comentarios, lo que ustedes quieran añadir.

Después, el escenario. Brillante. Hacer de una ciudad romana rescatada – museo subterráneo – un escenario moderno me parece una propuesta provocadora. Y más, si se rompen las reglas clásicas: espacio cuadrado y pequeño. Poco público, y situado alrededor. A escasa distancia de un escenario – en esencia, un peristilo sobre mosaico – donde cada parpadeo es cazado al vuelo. De agradecer, la verdad.

Los actores abajo, al modo del circo romano, luchando como gladiadores. Y nosotros alrededor, pero en silencio, presenciando el debate de la muerte, el poder, sus compromisos y sus remordimientos. Viviéndolo, en una palabra.

El tema es actual, y no solo por inminencia de la Semana Santa. Están ahí los poderes establecidos – Anás y Caifás -, en su manipulación del prefecto del pretorio, pretendiendo librarse de un tipo molesto que los pone a parir. Están ahí la demagogia y el populismo, convenientemente azuzados por los anteriores y cuestionados por el protagonista que, escéptico, no comprende que la masa enfervorizada quiera liquidar al mismo que vitoreó hace unos días. Está ahí su propio miedo ante lo frágil de una situación levantisca y lo terrible de las responsabilidades. Y su debate de conciencia, pues es perfectamente conocedor de la trampa manipuladora que se le hace, de la inocencia del reo y, sin embargo, de la fatal necesidad de lavarse las manos ante el flujo entrecruzado de las fuerzas del momento.

El ritmo es apropiado y se acopla a los vaivenes del personaje. Del cinismo inicial al escepticismo, del miedo propio al drama, y al remordimiento. Genial, María Conradi en su papel de Claudia – ¡Qué ojos! -, extranjera en Jerusalén, pero consciente de la injusticia, incapaz de desplazar un dedo el curso implacable de la historia. Interesante, esa nueva versión de Judas (Alejandro Puch), enloquecido ante el reconocimiento de haber ejecutado un plan divino y quedar unido a Pilato, para la infamia eterna. Inquietante, la actualidad de los sumos sacerdotes (Manuel y José Luis López), encarnación del poder fáctico de siempre y del fanatismo, de la ortodoxia y de sus miedos. Del populismo, vaya, en unos tiempos en que parece que esta palabra es de nuevo cuño.

Espléndido Fernando Fabiani en ese Pilato sorprendido por las masas vociferantes, que prefieren la liberación de Barrabás. Dolido, al fin, de encarnar al malvado eterno, débil, injusto o asesino, repasando los ojos de cada uno de los asistentes en una implacable vuelta al ruedo al modo del alegato final de las mejores películas de juicios. Viene a suplicar la revisión de su veredicto de culpabilidad. Por haber tomado la decisión que marcó un punto clave para comenzar a contar los años. Simplemente porque quiso evitar más muertos. Escuchémosle, al menos: la sangre vertida, lo fue en un ejercicio de responsabilidad.

¿O qué hubierais hecho vosotros en mi lugar?

Federico Relimpio

 

@frelimpio

2 thoughts on “Pilato, de Fabiani

  1. Rosa María says:

    Una excelente crónica, nada que añadir.
    Para reflexionar y sufrir los embates de la duda, la presión, el poder y la falta de justicia en la que se ve envuelto el protagonista.
    Gracias por hacerme recordar la obra

    Responder
    1. admin says:

      Gracias por el interés y la participación. Si te parece adecuado, comparte.

      Responder

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