
Alcanzar la igualdad, de derecho primero y después efectiva, ha constituido una directriz fundamental del pensamiento político desde hace siglos. El denominado consenso de posguerra, de inspiración keynesiana y nacido en el Reino Unido, alumbró la adopción, después del final de la 2ª Guerra Mundial, de las bases de lo que hoy conocemos como estado del bienestar.
Ni que decir tiene que esta idea y su aplicación práctica tuvieron un gran impacto en nuestro país. La filosofía de fondo, el lenguaje y las medidas están en la base de buena parte de las políticas aplicadas, especialmente por las fuerzas situadas en el campo de la izquierda, con todos los matices que ello comporta. Fruto de ello fue la legislación y luego la implementación de nuestro Sistema Nacional de Salud, que recogió siempre la idea de la equidad de todos los ciudadanos.
Desiguales
Cualquier observador realista sabe que la igualdad real está muy lejos de ser un hecho en nuestro país. La evolución social y económica de las últimas décadas ha alumbrado desequilibrios ostensibles cuya consecuencia última es la consolidación de la sociedad de clases y la limitación de la efectividad de mecanismos como el “ascensor social”. En plata: si naces pobre, pobre te mueres, y a la inversa.
La pobreza como fenómeno no tiene una distribución pareja en nuestro país. Todo el mundo sabe que la renta disponible por habitante y el porcentaje de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza son variables que se distribuyen de un modo desigual. De este modo, tenemos comunidades “ricas”, encuadradas en el cuadrante nororiental, y otras “pobres”, situadas en el cuadrante suroccidental y Canarias.
Pobreza y salud
Además, son peculiares los correlatos contemporáneos de la pobreza. De este modo y contraviniendo lo que sucedía hace un siglo, son los estratos más desfavorecidos económicamente los que mayores tasas de sobrepeso y obesidad padecen, especialmente en sus formas infantojuveniles. Con ello y sin sorpresa, también son los estratos más desfavorecidos los que más padecen hipertensión, diabetes y enfermedad cardio y cerebrovascular.
La consecuencia de todo ello es simple: la pobreza va con la enfermedad, y esta limita la duración y la calidad de la vida. De ahí, el aserto epidemiológico: “tu salud se predice por tu código postal”. Así se aprecia incluso en comunidades “ricas”.
Obesidad y fármacos “tipo Ozempic”
Las realidades de la investigación biomédica y del Sistema Nacional de Salud rizan más este rizo, en lugar de alisarlo. Como he comentado en otras entradas, la comunidad médica asiste hoy al desarrollo y aplicación de los fármacos “tipo Ozempic” (ahora iniciando la segunda generación: “Mounjaro”). No me extiendo aquí sobre los inmensos beneficios clínicos de este tipo de medicamentos. Como resumen, puede decirse que los medicamentos del “tipo Ozempic” impactan significativamente sobre la obesidad y, de este modo, mejoran el control de la diabetes y las perspectivas en cuanto a enfermedad cardiovascular. En anteriores entradas, no he dudado de tildarlo de “revolución terapéutica”.
La insuficiente financiación de los fármacos “tipo Ozempic”
Cabe notar aquí lo restrictivo del Sistema Nacional de Salud en cuanto a la cobertura de financiación: hasta la fecha, solo se han considerados candidatos a la misma los pacientes obesos con diabetes demostradamente mal controlada pese a un tratamiento habitual. En los consultorios del Sistema Público se agolpan miles de pacientes sin diabetes – o con diabetes bien controlada -, que presentan una obesidad insufrible complicada con artrosis o apnea del sueño. Personas que presentan un deterioro ostensible de la calidad de sus vidas y para las que el único remedio parece ser la cirugía de la obesidad cuando el índice de masa corporal es superior a 40 Kg/m2.
En este punto, la sociedad de clases se impone de nuevo. Los pudientes (que ya de por sí sufren menos el problema por pudientes) pueden permitirse los aproximadamente 300€ mensuales que cuesta el tratamiento con uno de los medicamentos más modernos. Los desfavorecidos reciben así una nueva bofetada al principio elemental de la Sanidad Pública: “igual para todos”. Como la atención odontoestomatológica o como operarse la miopía para quitarse las gafas culo de vaso. Nada nuevo bajo el sol.
Firmado: doctor Federico Relimpio (Endocrinología) (@frelimpio), médico y escritor.
