
Visto lo visto, toca hablar de política. No puedo rehuirlo ni un momento más. Porque es de política de lo que se trata, en el mejor sentido del término. Esto es: decisiones que cambian la vida de los ciudadanos. Pues a ello vamos, a recibir los palos que sean precisos.
No hacer es optar por algo diferente
Punto de partida: no afrontar un problema en un determinado momento es una decisión política. Se decide, por ejemplo, ignorar el profundo y prolongado malestar de los médicos de la sanidad pública de este país (supongo que, a estas alturas, a ningún iluminado se le ocurrirá negarlo o relativizarlo). Ante la magnitud del dislate, se opta deliberada y voluntariamente por mirar hacia otra parte y meter por medio una cortina de humo o varias, una detrás de otra. A ver si los médicos se nos descabrean a la vuelta de navidades. Lo de no afrontar un problema fastidioso o procrastinar no es nuevo. Se dice que Franco lo hacía a menudo, aunque no puedo aportar precisiones al respecto.
El nuevo estatuto prolonga una situación insufrible para los médicos
Visto lo visto, está claro que la ministra de Sanidad Mónica García y su equipo juegan a pactar con los sindicatos mayoritarios con la idea de consolidar su “reforma cosmética” del Estatuto de las Profesiones Sanitarias. Un cambio lampedusiano: “si queremos que todo permanezca igual, es preciso que todo cambie”. Todo igual, en la práctica: la profesión médica, de elevada selección académica, prolongada y dura formación, así como comprometido y agotador desempeño, verá prolongadas sus insufribles condiciones de trabajo a lo largo de varias décadas más. E insisto: el no hacer es una opción concreta. Una decisión de calado. Una que explico a continuación.
La paradoja de una progresista
Una apuesta concreta que, además, se entiende mal. Porque Mónica García es anestesióloga de formación, con experiencia de ejercicio profesional en uno de los buques insignias de la sanidad pública madrileña (y, por ende, del país): el hospital Doce de Octubre. Y porque, además, es una persona vinculada familiar y personalmente a la izquierda más allá del PSOE. Cuando pequeña, la amantaron con lo del bien común, como a su correligionaria y jefa de filas Yolanda Díaz. Y ambas saben de sobra lo que la sanidad pública ha significado en cuanto a justicia social redistributiva para los españoles. Un tejido funcional próximo, transversal, extenso desde la raya de Portugal al Pirineo, compuesto por una legión de currantes que jamás preguntarán al usuario por el color de su tarjeta de crédito. Una pirámide laboral a cuya cabeza se sitúa un colectivo a costa de cuyas penurias se cuenta gran parte de la expansión reciente de la sanidad pública española. Parecería lógico legislar para protegerlo, ¿no?
Pues no es eso lo que se advierte, como es de sobra conocido. Los médicos de España venimos explicando alto y claro todos los porqués para no continuar igual ni un minuto más. Por nosotros mismos, pero sobre todo por nuestros pacientes (que somos, al final, casi toda la ciudadanía).
De PP, consejerías de Salud y CCAA
En su cerrazón, la ministra se escuda en su limitada capacidad decisoria en el contexto de la descentralización sanitaria española. Es mentira. Se trata, en el mejor de los casos, de una excusa cómoda. En la parte administrativa contratante, las comunidades autónomas, mayoritariamente en manos del rival político pepero, callan interesadamente. Por una doble razón: porque el desgaste, ahora, se dirige contra el gobierno central, y porque el debate médico-sanitario les interesa muy poco, al margen de los votos que se puedan ganar o perder en las contiendas venideras.
Abrí el artículo con que tocaba hablar de política, y aquí sigo, dispuesto a recibir mandobles. Viene un año movido en lo político-electoral. Las recientes elecciones de Extremadura han puesto de manifiesto la posibilidad de que estemos iniciando un cambio de ciclo que concluya con un democrático desahucio de la Moncloa. En unos meses, es muy posible que Mónica García no reine por los despachos del paseo del Prado (aunque tampoco me la imagino de vuelta al pijama clínico y al tubo de ventilación). Es probable que el sillón ministerial sea ocupado otra persona, quién sabe de qué perfil, pero más o menos ligada al PP (y, por tanto, en mejor sintonía con buena parte de los consejeros de Salud de las diferentes comunidades autónomas de dicho partido político).
Se puede intuir que el modelo sanitario del PP es diferente, aunque dicho partido sea poco explícito al respecto. En este sentido, cabe ver los antecedentes del modelo Alzira valenciano y, ahora, las peculiaridades de algunos hospitales de la comunidad de Madrid. En el PP – y en otras partes -, muchos aducen que el coste de una colecistectomía en la privada es sustancialmente inferior al de la misma intervención en la pública. Se espera, pues, una ventana de oportunidad para avanzar en tal sentido. Un hundimiento de la izquierda en unas elecciones generales del tipo de lo visto en Extremadura podría proporcionárselo.
Por qué prolongar un infierno profesional para los médicos puede ser una medida aceptable
Para dicho trasvase sanitario, la mejor cantera, sin lugar a duda, la constituiría una curtida legión de galenos descontentos y desesperados ante el cinismo del equipo de Mónica García. Un conjunto profesional de magnífica preparación, maniatado por un texto legal acordado con los sindicatos no médicos donde, por ejemplo, la normativa relativa a guardias médicas no será nunca una prioridad. Un ejército desmoralizado por el yugo de una normativa obsoleta y hostil, mantenida, eso sí, por el hipotético nuevo ministerio del PP con la idea preconcebida de favorecer un “nuevo” sistema sanitario bajo unas premisas completamente diferentes. Una “nueva” política sanitaria amparada, por tanto, bajo el paraguas inestimable de una ley redactada por el equipo más progresista que jamás se haya sentado en el ministerio de Sanidad. Dirigido por la ministra del pedigrí más izquierdista que nunca haya ostentado dicho cargo.
Creo anticipar que la posteridad te quedará muy agradecida por esta decisión, Mónica García.
Firmado: doctor Federico Relimpio Astolfi, médico y escritor. Delegado del Sindicato Médico de Sevilla. Un sindicato para una profesión. ¡Afíliate!
La sanidad y la política hacen extraños compañeros de cama. Una mezcla salvaje y canalla, capaz de alumbrar una novela negra como “La Mole“. “Una historia trepidante, que te atrapa desde los primeros renglones” (comentario de lector).
Clic AQUÍ o sobre la imagen.

