-Por cierto, ¿Dónde está vuestro comandante? – pregunto Krímov.-Ahí lo tiene, se ha puesto en primera línea. Grékov yacía sobre una montaña alta de ladrillos y miraba a través de los prismáticos. Cuando Krímov le llamó, volvió la cara con desgana y maliciosamente hizo una señal de advertencia llevándose un dedo a los labios; después volvió a concentrarse en sus prismáticos. Unos instantes después le comenzaron a temblar los hombros: se estaba riendo. […] Todo
