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Morir en urgencias sin asistencia. Pese a todo, no es algo nuevo o sorprendente. Ni siquiera morir así, olvidado o sin supervisión. Quedarse ahí, en un rinconcito e irse apagando poquito a poco, sin que nadie te eche cuenta. Como si fueras un mendigo en un cajero automático, en medio de la calle, cuando se supone que estás en el lugar donde te tenían que salvar. Descuiden, que no haré alarmismo, ni diré que el

¿A alguien le sorprende? A mí no. Por varias razones, a saber:
1) Señores, las estructuras sanitarias de las que gozamos tienen la edad de nuestros padres o en algunos casos abuelos. ¿Hay estructuras nuevas? No. Hay lo mismo en cuanto a espacio que hace 40 o 50 años. Aunque con algún que otro ordenador, claro…Casi de la misma época
2) En estos 40 años, la población andaluza, ha aumentado en casi 3 millones: De 5700000 en 1970 a 8500000 en 2017. Y con menos recursos para atenderlos.
3) Población envejecida, con pluripatología, que se hacina en Urgencias porque no hay estructura de crónicos. Junto al “usuario/a” hiperfrecuentador sin patología grave. Y al que o la que curiosamente ha visto por la mañana su médico de familia.
4) Un ratio de médicos por 1000 habitantes irrisorio.
En resumen: que el que no lo vea… O es ciego o no quiere verlo
Al pueblo pan y circo!
Estoy de acuerdo en casi todo, porque los hospitales se suman a la falta de calidad asistencial, el ahorro ha calado también en ellos, no sólo en primaria. Falta de personal, actividades multitarea y saturados por no decir masificados. Con una gestión que sólo busca el ahorro y cumplir unos números lejos de la MEDICINA buen entendida y vocacional. Pero lo malo no es la situación actual, sino la que vendrá, pues los “directores de unidad” velan por el AHORRO exclusivamente y por sus productividades orondas.