Corregir la excepción española. De eso se trata, en el fondo. Por este motivo, miles de médicas y médicos de la Sanidad Pública de nuestro país nos hemos echado a la calle. La semana que viene tenemos convocada la segunda (ojalá que última) semana de huelga. Pero me temo que tendremos que seguir en el conflicto. Duro es el enemigo. Y me explico.
Como he tenido ocasión de trasladaros, creo que el enemigo ya no es la ministra. La buena señora ya no es nada, ni nadie; ni siquiera actúa como ministra. No está a la altura; ni interpreta lo que está pasando, ni le interesa. Está pensando en su papel en el futuro gobierno de coalición, si Sánchez lograra una nueva investidura. O peor aun, en qué hacer, si este no la consigue.
El enemigo tampoco está en el “Ámbito de Negociación” del Ministerio de Sanidad. Sensu stricto, “el Ámbito” cumple con su cometido. El que le dan. El que se espera de él: negociar los pormenores de una normativa que rija al personal que desempeña su trabajo dentro de las instituciones del Sistema Público de Salud. Dicho así, sin demasiados matices. Y ese es el problema, la falta de matices. Una falta que ha configurado la excepción española. Una especialmente disfuncional, y a los hechos me remito.
Inciso filosófico (pero muy-muy breve, lo prometo). La dureza de nuestro enemigo deriva de dos elementos: en primer lugar, de formas de pensar fuertemente arraigadas y, en segundo lugar, de la terrible inercia de un edificio institucional cuya normativa deriva de dichas mentalidades. Y me tengo que explicar, una vez más.
El desarrollo normativo inicial de nuestras instituciones recogió la necesidad de favorecer la igualdad efectiva ante la Ley. Ello es del todo loable; no voy a abundar acerca de lo obvio. Pero, durante demasiado tiempo, los árboles nos han impedido ver un bosque de dificultades estructurales con repercusión funcional. En este sentido, cabe proponer que la unificación normativa de la profesión médica con otras categorías profesionales en la misma ley no ha sido precisamente una buena idea. E intentaré ofrecer mi punto de vista.
Los médicos queremos un Estatuto propio. Estamos en lucha por ese motivo. Sin embargo, el ministerio objeta que ello sería disfuncional, disgregador para el sistema. Llevamos muchos meses en ese tira y afloja. Parece que este desencuentro no tiene remedio; estamos ante el nudo gordiano del problema. Subyace en ello la mentalidad político-directiva de que la profesión médica es “una categoría más”.
Pero esto último es un error. Uno de bulto. Y erradicarlo del fondo del tuétano cerebral de una generación de políticos va a costar mucho tiempo y esfuerzo. Unidad, movilización y huelga. Aguantar el tirón.
Hay que insistir sobre lo obvio: nos médicos no somos “una categoría más”. Y esto no es una opinión personal. Ni siquiera una de grupo profesional (o una “corporativa” o de “casta”, que se viene esgrimiendo contra nosotros, despectivamente). Para verlo solo tienen que ver la situación e importancia de la profesión en los países de nuestro entorno. En todos ellos, los médicos tienen una normativa específica, diferencial (con sus peculiaridades culturales y organizativas). Una diferencia sólidamente basada en el cometido. Un cometido que ninguna guía de práctica clínica o algoritmo robótico o de IA puede sustituir, a día de hoy.
Nuestra peculiaridad, pues, deriva de la médula del cometido. Por sintetizarlo al máximo, aun a riesgo de empobrecerlo: el diagnóstico y el tratamiento. Qué tiene el paciente individual y cuál es la mejor estrategia para curar, mejorar o aliviar. Aspectos cuya extrema complejidad viene avalada por lo prolongadísimo de la formación, así como los numerosos requisitos y valoraciones que es preciso superar para que a una o uno se le autorice legalmente el ejercicio profesional. Sorprende que, a estas alturas, uno tenga que seguir escribiendo sobre esto. Es un poco como la formación en Derecho para el ejercicio de la Judicatura, ¿no?
El Sistema Sanitario Público tiene muchas misiones. Y no me equivoco si vuelvo al perogrullo: la más importante y la que consume más recursos es la asistencia clínica, ahora sí, con carácter igualitario. Pero, del mismo modo, su jerarquización funcional no puede ser igualitaria sin crear un gravísimo problema para el paciente: el médico es la única figura profesional capaz de aproximarse al diagnóstico y tratamiento del paciente. Y, por tanto, el que dirige y determina los flujos funcionales de toda la organización: quién se opera y quién no, quién se hospitaliza y quién no, quién recibe un determinado tratamiento y quién no. ¿Esto es sostener el corporativismo médico? Yo lo llamo dejar de ver gigantes, y divisar los molinos, por fin, en el horizonte.
Esto lo tienen claro los países de nuestro entorno, poseedores todos ellos de protección social y sistemas de asistencia pública, de un modo u otro. En todos (Francia, Alemania, Italia, Gran Bretaña y Portugal, que un servidor haya consultado), el ejercicio de la medicina dentro de las instituciones de las Sanidad Pública (o bajo el amparo de la Sanidad Pública) tiene una reglamentación específica. Separada. Diferente. Desvinculada de otras categorías profesionales, muy respetables, sí, pero con otras peculiaridades funcionales.
Del próximo lunes al viernes, los médicos y médicas de la Sanidad Pública de España volvemos a la huelga. Y lo hacemos porque queremos ofrecer lo mejor, en las mejores condiciones. Para ello, es preciso corregir la excepción española. Desmontar el mito de la profesión médica como “una categoría más” dentro del sistema. Se trata, en lugar de ello, de reivindicar el reconocimiento normativo de la realidad: que la nuestra es una profesión especial y fundamental, vertebradora de la asistencia clínica de cada ciudadano. Una merecedora de una reglamentación específica y separada, donde discutir y negociar una problemática que no puede diluirse en el “Ámbito” ni un segundo más.
Firmado: doctor Federico Relimpio Astolfi, médico y escritor. Delegado del Sindicato Médico de Sevilla. Un sindicato para una profesión. ¡Afíliate!
K.O.L. Líder de Opinión (novela): «No conozco testimonio actual más sincero y valiente como el de este libro, una explicación más de por qué la gente dedicada a la medicina constituye una raza que necesita un reglamento específico». @Ptoazulsanidad CLIC AQUÍ


