Esta gente sigue con lo de que no hay galenos para Villaconejos de Arriba – lugar ficticio -. Grave problema es, por cierto. Porque a la media-larga, Villaconejos se queda sin gente. Lo que viene a trastocar yacimientos de voto, regímenes clientelares y otras preocupaciones. No se me vayan, por fa, que lo hoy es de traca.

Les ponto un ejemplo local: Guadalcanal, en la Sierra Norte de Sevilla (seis concejales PSOE, sobre once del total). A 147 kilómetros de Sevilla capital. Una hora y cuarenta y dos minutos por carretera, parte normal, parte sierra, en condiciones normales. No quiero ni imaginármelo, partiendo de madrugada y con un borrascón, como los que hemos padecido a lo largo de este mes. Guadalcanal: 2706 vecinos y sus problemas. Entre ellos, sus problemas de Salud. Y, muy relacionados, sus problemas de asistencia sanitaria. Tener médico de Atención Primaria, vaya. Que no está tan asegurado como en las décadas precedentes. Por eso de los 147 kilómetros. Y por políticas sanitarias catastróficas en lo que a personal se refiere.

Pues así, El Saucejo, El Garrobo o Marinaleda, por citar varios ejemplos, solo en la provincia de Sevilla. Extiéndanlo por toda Andalucía, del cabo de Gata a Ayamonte, del valle de los Pedroches a Tarifa. O por toda España. Es lo mismo, quizás aquí, en Andalucía, peor, mucho peor, con sus subastas de medicamentos, sus cuatro minutos por paciente y sus agencias de calidad. El puteo como sistema asistencial. Y desde hace décadas

No se me vayan, los de especialidades, pensando que esto va solo con Atención Primaria, que allá ellos. Que en la misma filosofía cae cubrir el comarcal de Río Tinto o el del Valle de los Pedroches. Que tienen que tener otorrino, oftamólogo, obstetra o cirujano de guardia, por si llega el dolor del miserere, y hay que salir corriendo. O el dolor de clavo. O lo que se les ocurra, que mil cosas contienen los libros de medicina, y un millón más albergan los campos de Andalucía, Horacio, que no encontrarás nunca en los textos de los cátedros extranjeros.

Ahí están, en ese Ministerio de Sanidad, que tendrá alguna vez que demostrar para qué vale, los representantes de las 17 taifas sanitarias agobiados por el problema común: que sus Villaconejos de Arriba respectivos no tienen quién le atienda. Y sobre el tapete, una solución típicamente cubana, aplaudida por algunos, entre otros por los andaluces, como no podría ser de otro modo: obligar, de algún modo, a los jóvenes – residentes o recién egresados de la residencia – a atender dichas áreas. Lo que leen. Obligar. Es el verbo utilizado. No otro. Y no se rían, que no tiene gracia. No tiene ninguna.

Lo que vengo diciendo: nuestro Sistema Nacional de Salud, de incentivos no sabe. Y el Servicio Andaluz de Salud, mucho menos, como no sea de ahorros, cortar derivaciones o mil paripés de esto o lo otro. Pero a la hora de atajar un problema de verdad, lo que se les ocurre es la posibilidad de mandarle un burofax al médico jovencito diciéndole que, o cubre Villaconejos, o que se vaya olvidando de encontrar un lugar bajo el sol embotellado de la Andalucía soclalista. ¿O no es eso, lo de obligar? Lo hacen en Turquía, por ejemplo. Lugar muy democrático, por cierto. Pero vamos, que la muy pepera Madrid, no le va a la zaga. No es cuestión de partidos, sino de estructura mental.

Tengo que confesarles que esta parida me recuerda un poco al ejército. De hecho, me da la impresión de que, a muchos, les gustaría el modelo militar. Terminas tus diez años de calvario formativo, y ahí, tú destino, sí o sí. Vas al tablón, y ahí lo tienes, negro sobre blanco: “Villaconejos de Arriba”. Para cuatro años. Suena a España de Franco. Me imagino al médico joven, boina, impermeable y maleta de cartón, autobús de los de una vez a la semana, trasladándose al villorrio perdido, alojándose en la pensión – “usted es el nuevo, verdad” -, viniéndosele el mundo encima y terminando de literato de la España profunda. Un poco a lo Brenan con lo de “Al Sur de Granada”.

Los franceses son más prácticos, ya lo saben. Pasta de por medio, e ir a buscar al espagnol, al congreso de la SAMFYC. En el país de la liberté, eso de obligar a alguien a algo les recuerda a la ocupación por los nazis y meter a los judíos en trenes. En el nuestro, ciertas CCAA acostumbradas a la penuria de galenos ya han dicho nones a medidas de la índole. Por impracticables y – sobre todo – por ilegales. Durante la residencia, el chaval o chavala se debe a un plan formativo, adscrito a un centro concreto y respaldado por el Ministerio – que para eso sirve, al menos -. Nada de mano de obra barata descarada – ya lo son, en muchos otros casos –. Con su título en la mano, el chaval o chavala ya son libres de ir a donde les dé la gana. Un plan nacional que obligue a cubrir Villaconejos exige, primero, Ministerio y Sistema Nacional – no los hay, de hecho -, y segundo, definir qué entendemos por Villaconejos – que no es lo mismo en La Rioja que en Andalucía -.

No, oiga. Sucesivos gobiernos demolieron el Sistema Nacional de Salud, para crear un cacao de 17 taifas. Cada una hace lo que le viene en gana en algunas cosas – léase subasta andaluza de medicamentos -, pero hay un M.I.R. que es común, y todas están sometidas a problemas parecidos, que es dar cobertura a sus Villaconejos, entre otros muchos. A ver cómo demonios ponen en pie lo de obligar a los chicos a ir donde no quieren, y no tienen por qué, si no lo desean. Y, en el improbable supuesto de que se pusieran de acuerdo, a ver cómo lo redactan, y que no se lo tumben en el Constitucional, o en Estrasburgo. Y, mientras tanto, les habrán dado a los chavales muchas más razones para largarse a Francia u otros países, donde lo de Villaconejos se compensa con mucha más generosidad. O a esa asistencia privada que, sin ser jauja, va como un cohete.

No, oiga. Ya les dije que atender a Villaconejos, o los reales y concretos lugares de Guadalcanal, El Garrobo, Marinaleda o El Saucejo, exige pensar en fidelizar y retener plantilla sobre una base positiva, no negativa. Con gente de aquí. Piensen en contratos de buena calidad e incentivos profesionales. Adiós para siempre al puteo y al contrato basura. Y valorar un trabajo adecuadamente. O sea, remunerarlo como se debe. Y no es que lo diga yo, que no soy nadie. Es que lo dice cualquiera con dos dedos de frente. Y desde hace mucho, mucho tiempo.

Y ahora, sigan perdiendo el tiempo en Recoletos.

Federico Relimpio

 

 

 

K.O.L. Líder de Opinión: “Un libro que debería ser de obligada lectura para todos los estudiantes de Medicina y para los médicos residentes” @FernandoFabiani. Pica aquí

@frelimpio

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