El llanto de Pablo Iglesias. Fue el tema aquí mismo, en enero. Que, para la galería, era la escenificación de la «oportunidad única» que se proporcionaba a la «izquierda de verdad» desde la Segunda República. En cambio, para muchos observadores, las reglas del juego le impondrían amarguras que le justificarían ese llanto, por razones diametralmente opuestas. Probablemente, desayunarse un sapo cada mañana no es motivo de regocijo. Si una semana es una eternidad en política,…