Les escribía yo el otro día acerca de las andanzas de una profesora de secundaria llamada Lucía, cuyas relaciones con la Consejería de Educación no eran lo que podíamos llamar “venturosas” (http://medicablogs.diariomedico.com/federicorelimpio/2011/04/05/%C2%BFcopago-%C2%BFrecortes-%C2%BFquiebra-sanitaria/). Debido a que la “administración” empezaba a cerrar un poco el cerco acerca de sus sospechosas relaciones con las editoriales, la mujer decide interrumpir transitoriamente ese tipo de actividades, pedir el traslado a otro centro, no muy lejano, y cambiar su área docente
Curioso, la historia se repite. Acabamos de presentar nuestro último film "Invisibles" basado en hechos reales sobre el abuso que cometió Pfizer en Nigeria a mediados de los 90. Podeis verlo en: http://cort.as/1SwU
Una última apostilla. Si se trata del avance de la ciencia, entendería mejor la defensa del ensayo clínico si la mayor parte del pago que da el laboratorio revirtiera en las instituciones. Siendo el investigador el beneficiado (¡Y cuánto!), lo siento: tiene un serio conflicto de interés que le descalifica. O dicho de otro modo, que se sospecha que ha convertido esto en una fuente alternativa de ingresos. También entendería mejor la defensa de los ensayos clínicos si el paciente cobrara la buena parte del león: es él/ella el/la que se expone y en el/la que se ensaya. Justo es que se lleve su buena parte. No señor, el paciente ignora TODO respecto a las suculentas transacciones económicas que se hacen a sus espaldas y a su costa. Si de verdad es CONSENTIMIENTO INFORMADO, hagan un desglose de todo lo que el laboratorio va a pagar por la entrada del paciente en el ensayo y luego, que el paciente firme debajo. Para que, de este modo, al firmar, le mire a los ojos – si le sostiene la mirada, claro – y le oiga decir: "buen pellizco que coge conmigo, oiga".
Federico Relimpio Astolfi
@frelimpio
Comprendo la reacción airada de las dos entradas anteriores. Lógica. Hay mucho dinero en juego. Y todo un modo de vida. Yo también soy médico y he visto situaciones escandalosas. Comprendería mejor las cosas si la participación del paciente fuera remunerada, como en otros países. Con demasiada frecuencia, he visto la obtención del llamado consentimiento informado de un paciente o familiar temeroso, inseguro o dependiente emocionalmente, tras una explicación somera o superficial. No puedo darles la razón. Han esgrimido las razones "oficiales", pero ocultan ciertas verdades. Verdades que no son cerillas. Son antorchas, y no son tan fáciles de apagar.
Federico Relimpio Astolfi.
Gracias, Jose Carlos Silla, por invertir tiempo en apagar estas cerillas que se sueltan muy fácilmente y si nos descuidamos pueden hacer mucho daño…
Este relato no hace más que demostrar su absoluta ignorancia sobre cómo funciona el avance científico. Soy médico y he trabajado en algunos ensayos clínicos, así que algo sé sobre cómo funcionan o para qué sirven.
De entrada ha de saber que los ensayos clínicos siempre han de ser autorizados por las autoridades sanitarias y por el comité de ética del centro donde se desarrolle. Al propio paciente (no a sus familiares, sino al propio paciente) se le explica el fundamento del estudio y el motivo de llevarlo a cabo. Por supuesto, se le da por escrito todos los datos en un lenguaje que pueda entender (de otro modo no es válido, según las estrictas normas éticas de todo ensayo que se precie)
A usted le parecerá escandaloso que vayamos a dejar al azar el hecho de administrarle un tratamiento nuevo (el objeto del estudio) o bien el tratamiento clásico para su enfermedad, pero he de decirle que ese es el único modo de averiguar si ese nuevo medicamento es mejor que los anteriores o no. Y por suspuesto, antes de entrar en fase de ensayo clínico, el medicamento a testar ha pasado previamente varios estudios muy estrictos de efectividad y de seguridad.
Señor mío, si usted no quiere participar en un ensayo clínico es libre de no hacerlo, pero ha de saber que el tratamiento "clásico" que se le va a administrar en tal caso es el considerado como más adecuado porque previamente ha pasado por un ensayo clínico gracias a la generosidad de un número bastante estimable de pacientes.
Es más, si usted tiene hoy un infarto y su médico le propone entrar en un ensayo clínico que pruebe algún nuevo antiagregante, quizás en el futuro sea usted mismo el que se beneficie de los resultados del ensayo en el que participó años antes si tiene la mala suerte de sufrir otro infarto.
Me apunto el blog! Y esa novela que tan buena pinta tiene… Saludos.