fbpx

Veintinueve Años de Indignación (o La Ciudadela).

No me hace falta leerme el libro de este señor, aunque, por supuesto, lo esté haciendo. Llevo veintinueve años de indignación. Y tengo cuarenta y seis. Es más de media vida. Es que no recuerdo ya no estar cabreado. Con la misma gente que éstos. Y por los mismos motivos. 
No es cosa de ahora. Ahora sólo se ha hecho acutísima, insostenible socialmente. Probablemente porque los mismos llevan haciendo las mismas cosas muchísimo tiempo. Ya no les sirve la herencia recibida ni la divina baraka caída del cielo durante la transición a este tipo de democracia. 
Y ya hablando de la transición y de lo que tenemos, se dice que fue un encaje de bolillos, y llevan razón. Pero también que fue el encaje de bolillos posible, el aceptado y aceptable, el asumible y asumido por una sociedad dolida y horrorizada por las terribles secuelas de una sangrienta guerra civil, seguida de cuarenta años de plomo. Critíquese lo que se quiera, que ése es el privilegio de todos, pero tuvimos un régimen de libertades, y la sangre sólo la pusieron los de la capucha negra, salvo algunas excepciones.
Ahí acabó la ilusión y empezó el populismo. Y vinieron gentes iluminadas que se adueñaron de los medios y de la verdad – por ese orden -, adelantándose diez años a la idea de la corrección política y del  pensamiento único. Es ahí donde echan raíces mi cabreo crónico con el sistema. “No entiendes nada, no sabes nada.” “Las grandes cuestiones son muy complejas, confía en nosotros, confía en el progreso, en los ilustrados.” 
Y me hice un extraño en mi propio país, en mi propia ciudad. Un enajenado o enloquecido que vi las urnas desde hace décadas como un mus a tres o cuatro, y nosotros mirando. Pero el dinero era nuestro.  Y los jugadores sonreían con cinismo o condescendencia. Parecían repetir aquello del despotismo ilustrado: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo…” Encarecieron progresivamente la vivienda, enrarecieron el mercado laboral, espaciaron oposiciones o fueron suprimiéndolas gradualmente, para sustituirlas en lo posible por contratas, subcontratas o manejabilísimos becarios. Tirios y troyanos fueron creando una sociedad – ciudadela, de altos y gruesos muros, donde dentro pacía confortable una sociedad acomodada, y fuera sudaban y se esforzaban los esclavos del nuevo Imperio Romano, chocando sus frentes repetidamente contra el pedernal de la muralla externa, o cayendo una y otra vez como la piedra de Sísifo al intentar escalarla. Incluso los clásicos sindicatos de clase quedaron reducidos a organizaciones para la preservación hasta la eternidad del confort de sus dirigentes y, si cabe, de los afiliados de intramuros, lanzando de vez en cuando una desdeñosa mirada a aquella muchedumbre pelusa y mugrienta que gemía y pedía pan a la puerta de la fortaleza.
Hoy el hambre es mayúscula ahí fuera e incluso falta el pan dentro. Algunos bien apalancados tuvieron que ser expulsados, llorosos. No saben si volverán a entrar alguna vez o si se arrastrarán para siempre mendigando un mohoso mendrugo arrojado con desprecio por un centinela al terminar el turno desde lo alto de la almena. Hoy los gritos se conciertan y nos llegan más que nunca, dando sentido a veintinueve años de indignación sorda. Hoy se cuestionan murallas y ciudadelas, portones, fosos y torreones. Pero todos sabemos que duro es el oído del poderoso para el clamor del sufrimiento, y que sólo hay un ruido posible de los desharrapados para reblandecerlo o, mejor, para desarmarlo y hacerlo huir: el rumor suave, pero organizado y persistente, que del arroyo suba por las cadenas del portón y se arrastre sinuoso hasta el cómodo lecho para filtrar a su cabecera: “¡No alimentaremos más tu gruesa barriga, cabrón!” 

Acabo. Veintinueve años de indignación me contemplan. Algunos menos de profesión, pero igualmente cabreada. Escrita está, algo queda. Quiero proseguir con la cabeza alta y la lengua suelta. Si la quieren, ahí la tienen. Gratis (e-Book en descarga gratuita), como todo yo:
http://www.bubok.es/libro/detalles/197444/KOL-Lider-de-Opinion

3 thoughts on “Veintinueve Años de Indignación (o La Ciudadela).

  1. vicgonbae says:

    buena descripcion literaria de la indignacion reinante.Estoy de acuerdo con el planteamiento: nos colocan las urnas y metemos un voto cada 4 años;ahí acaba todo nuestro papel.Luego "ellos" se arrogan cualquier decision (la del programa electoral o la contraria),recortan sueldos y prestaciones pero no recortan lo unico que nos interesa a todos : EL DESEMPLEO.
    herrerillo, twitter

  2. Anónimo says:

    Fede me ha gustado mucho,dices verdades como puños,y con el buen estilo literario que te caracteriza,un poco tremendista, eres un Solana desde pequeñito,pero esta vez el asunto lo requiere.Un abrazo

Comments are closed.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error

¿Te gusta esta web? Suscríbete y difunde