¿Es posible que aún tengamos una democracia vigilada? «Expresaos, reuníos y manifestaos, siempre que estéis todos en casa a las diez, que mañana hay cole». Forma chusca de rescatar una idea que a algunos impresionaría de paranoide o desproporcionada. Fuera de lugar, en todo caso. Pero intentaré explicarme:

Un apunte previo: ¿Qué es «The Economist»…? Se trata de una prestigiosa revista sobre la que ofrezco un par pinceladas:

«The Economist sigue una línea editorial liberal que apoya la libertad económica, el libre comercio, la globalización, la inmigración y el liberalismo cultural, y que ha sido definida por ellos mismos como «un producto del liberalismo de Adam Smith y David Hume». Busca influir entre cargos de responsabilidad política y económica, por lo que su público objetivo es de clase alta y está familiarizado con el lenguaje económico».

Es importante conocer la fuente para saber cómo interpretar sus palabras. Podemos proponer que The Economist es la voz de Davos o esos clubs esotéricos, como los invitados a la reunión anual de los Bilderberg. Asuntos de difícil comprensión para usted o para mí, en cualquier caso.

Les ofrezco este introito porque The Economist acaba de publicar un artículo acerca de la situación española tras el 28 de abril. Ello implica, en buena parte, que existimos. Por población, por PIB y por PIB/habitante. Y por muchas más cosas. Ello implica, además, que lo que pase tras el 28 abril importa. A nosotros, más que a nadie. Pero también a ellos. Porque somos sus clientes, sus asociados. Y se me ocurre que una corrección irreverente del texto que leen podría incluir que también somos su sucursal.

El gran mundo económico expresa a través de su hoja parroquial, o su Pravdaque su preferencia para España es un gobierno del PSOE con un pacto con los liberales — llamémosles así — de Albert Rivera. Por dos motivos: porque el capitalismo internacional, a Podemos, ni en pintura. Y las ocurrencias de los montaraces de Vox, menos todavía. Y vistos los sondeos, es la combinación más aceptable que les sale. El PSOE — viejo conocido — para “desinflamar” a Cataluña, y el partido de Garicano para acometer las “reformas necesarias”. Lo que leen. ¿Tiemblan ya? Yo sí.

Pero me planteo si todo esto estaba previsto hace tiempo. Como aquello que Felipe González — en su momento — tuviese que renunciar al marxismo y hacerse atlantista para optar a entrar en la CEE y recibir millones para reformas estructurales y para otras cosas.

Volvemos al momento actual. Ante nuestros ojos, un dato elemental: el respaldo inequívoco de Pedro Sánchez a Juan Guaidó como Presidente Encargado de Venezuela (¿y eso qué es, por favor?). Preceptivo: “Pedro: ya eres uno de los nuestros”. Y esa frontera con Pablo Iglesias es mucho más infranqueable que la de gestos altisonantes que le separa con Rivera.

Puede incluso que su aproximación “roja” preelectoral sea pura táctica: confundir al antiguo votante socialista que se pasó a Podemos, desesperado por el perfil maligno de los susánidas. Se llegará a plantear, el hombre: “Pedro es auténtico PSOE, vuelta a las esencias, un rojo de solemnidad, como Zapatero; uno de los nuestros”.

El artículo de The Economist viene a proyectar una sombra de duda sobre ese sueño izquierdista. ¿Seguimos “atados y bien atados”En ese caso, es más que posible que Pedro Sánchez sea “uno de los nuestros”. O, mejor dicho, “de los suyos”. De los que acaban de hacerse oír a través del The Economist.

El otro gesto que algunos queremos interpretar en esta complicada partida de ajedrez es la presencia de María Jesús Montero en el debate, frente a Arrimadas, Montero, Rufián o Álvarez de Toledo. ¿Por qué llevar a esta mujer tan a primera línea del frente — fueron visibles los sufrimientos de la susodicha —? Cabe especular. Pero existe una hipótesis unitaria.

Andalucía, origen y fin de todo en el PSOE. Andalucía, el gran reino socialista perdido por la sultana de las mil traiciones, empezando por la cometida a su electorado. Demasiado lo sabe Pedro Sánchez, en sus carnes. Demasiado, como para que quede sin resolver. Pero no por la humana pasión de la venganza, sino por mor de la realpolitik de apuntalar un pacto social-liberal español, para la estabilidad política y económica, y para la “desinflamación” catalana. Ergo para que los dueños del The Economist sigan ganando — aun más — dinero. 

De este modo, los liberales de Rivera contentarían a sus jefes, zafándose del abrazo de sus socios ultraderechistas andaluces, dando al PSOE el billete de vuelta a la Junta de Andalucía. María Jesús Montero sería la persona clave para la operación y Susana Díaz, por fin, cadáver político. Por no haber asumido a tiempo su falta de olfato para tantas cosas.

Pero…

Pero las urnas a veces dan sorpresas. Hillary Clinton era la preferida de todo ese mundo económico, sin lugar a dudas, y ahora es una jubilada en política. Y nadie, nadie se atrevió a pronosticar que la gran Sultana de Andalucía estaría ahora como está, aparentemente encerrada en una Numancia política.

Quiero decirles que queda mucho partido por jugar. Y por si no se han dado cuenta, jugamos en la Liga de Campeones. No somos tan irrelevantes.

Firmado:

Federico Relimpio

 

Federico Relimpio, médico y escritor.

Twitter: @frelimpio

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