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Una Democracia a la Pata Coja.



Teóricamente somos democracia, un estado de derecho. Votamos y cambiamos gobiernos. Tenemos habeas corpus, y todo eso. Somos felices: pertenecemos al club de los países avanzados. Respetamos a nuestras minorías, perseguimos a los maltratadores – parece que esta palabra no tiene femenino -, tenemos libertad de prensa, etc. ¿Podemos estar tranquilos?

Recuerdo la última vez que tuve un problema laboral: una desigualdad flagrante con otros compañeros. Recuerdo como uno de ellos se rió en mi cara: ¡Vete a un contencioso! Afortunadamente no fue preciso. Mi ex-jefe terció en mi favor –  lo que agradezco aquí y siempre – y no se cumplió la terrible maldición de la gitana – ¡Pleitos tengas y los ganes! -. Pero claro, hay jefes y jefes – como todo -, y si el tuyo quiere que hagas el número de la cabra mientras toca la trompeta, llamándote por el móvil día sí y día también y recordando en público lo inútil que eres: ¡Vete a denunciar por mobbing!
Tengo un amigo que fue expropiado hace cuatro años para que se hiciera una carretera. Hasta ahora no ha visto ni un céntimo. Que para eso no hay dinero, le dicen. Ya le han espetado que el que venga con ganas de guerra, que traiga abogado y procurador. Por otra parte, puede darse que seas cargo público y te descubran un chanchullo – algo excepcional en esta sanísima democracia de la que disfrutamos -. El buen hombre – o la buena mujer, que la corrupción sí admite el femenino – pone la cara de atropello y ultraje, de haber sido violentado y vejado, se atrinchera tras su despacho, su moqueta, su secretaria y sus compañeros de aparato y grita desesperad@: ¡Demostraré mi inocencia en los tribunales! ¡No cederemos ante esta caza de brujas! De este modo, la resolución de todo conflicto se pospone o retrasa, todo se enfanga o se detiene y el resultado es de lo más variopinto:
1.- Si el denunciado es inocente y el acusador poderoso, recurso al circo mediático. Al ser un país sin justicia o al menos, sin justicia ágil – que esto no me lo podrá negar nadie -, existe una propensión natural a llevar los casos al amarillismo de la opinión pública, al pin-pan-pún del desprestigio, al reality show o al todo vale.
2.- Si el denunciado es culpable y poderoso, es probable que permanezca en su puesto mucho más allá de lo debido, con tiempo y posibilidades de extender sus ramas, ocultar sus delitos, intimidar o violentar a sus perseguidores e irse finalmente de rositas.
3.- Por último, lo más flagrante, lo que nos afecta a todos: atropellado sin posibles. Resultado más que probable, cuasi impunidad. O al menos para ciertos delitos. Resignación. Ya se sabe… Este país… La justicia es para los ricos… La justicia es un cachondeo… A menos que el delito cause alarma social, claro, con lo que volvemos al circo mediático.
Lógicamente, no voy a aburrirles con una larguísima lista de posibilidades. La justicia española es prolija en casos inverosímiles, chanzas diarias a cualquier espíritu sensible o noble, mucho más para el triste mosquito que en mala hora cayó en la tupida red de la infame araña.
¿Qué hacer, pues?
Tomar conciencia. Así no podemos vivir un día más. No hay estado de derecho si no podemos ejercerlos, si no podemos reclamar. Si estamos inermes ante el abuso de poder o de lo que el vecino nos quiera hacer (a menos que pertenezcamos a un colectivo victimizado que quiera explotarse electoralmente, en cuyo caso sí, comienza a ser especie protegida). Una justica lenta e ineficaz es una pierna rota en la andadura de nuestra democracia. Será un eterno andar a la pata coja. No llegaremos nunca lejos. No aclararemos nunca nada. No pondremos en su sitio nunca a nadie. Ni a los sinvergënzas que delinquen, ni a los otros sinvergüenzas que denuncian sin tener que hacerlo. La justicia tal y como la hemos sufrido hasta ahora ha hecho de nosotros ciudadanos a medias, gentes temerosas de tener un día un problema serio y verse desasistidas, sin medios, entregadas a los pies de los caballos de un sistema perverso y burocrático, manejado a la perfección por individuos sin escrúpulos en detrimentos de otros – la inmensa mayoría – cuya más sincera esperanza es no tener nunca un encontronazo con una toga.
Por cierto… Que está declarando un tal Roca… El principal implicado en un caso muy importante que se llama “Malaya”… ¿Y eso de qué iba? ¡Ah, yo ya ni me acuerdo!
Desde luego que el tema da para una buena novela, si uno tuviera tiempo, energías y talento. Como no tengo otra cosa, les dejo con las miserias de un médico entre la presión de la industria farmacéutica y la moderna gestión sanitaria. El e-Book es completamente gratis y me han dicho que está entretenido. Va por ustedes.

2 thoughts on “Una Democracia a la Pata Coja.

  1. Federico says:

    Si es lo que digo, a poco que se arañe, se verá un lento desfile de situaciones de esperpento. Creo que esto sólo lo arregla un cambio constitucional.

  2. Anónimo says:

    La Justicia en este País es de vergüenza, conozco un caso verdadero, los vecinos de una Urbanización llamada Peña el Gato de Manzanares el Real (Madrid) están sufriendo un acoso inhumano por parte de los Jueces de los Juzgados de Colmenar Viejo (Madrid), a estos vecinos los están condenando a pagar los recibos que emite una inexistente Comunidad que únicamente basa su existencia a través de certificados de un administrador de fincas, se presentan documentos a los Jueces por parte del Ayuntamiento de que allí no hay Comunidad de Propietarios y los Jueces te condenan igualmente. ESTO ES UNA CORRUPCION TOTAL, ¡¡¡¡SOLICITAMOS QUE ALGUIEN NOS AYUDE¡¡¡¡, DIRIJANSE A LA ASOCIACION DE VECINOS DE PEÑA EL GATO, POR DIOS AYUDENNOS, ESTAMOS DESESPERADOS.

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