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¿Un nuevo Torquemada para los corruptos?

Pues, pese a todo, creo que no se me ha ido la pelota. Aquí sigue y, si me dan la oportunidad, se lo demuestro. Me levanto este domingo con la encuesta de metroscopia para El País: 95% de los encuestados piensan que los partidos protegen y amparan a los acusados de corrupción. El cuadro de la encuesta no es menudo; se lo recomiendo. Va acompañado de otras noticias relacionadas. Sintoniza todo ello con varias entradas de este mi blog – esta la casa de ustedes – y con una tesis que vengo a sostener desde hace tiempo: aún somos una democracia débil, primitiva, a medio hacer. Aún nos sentimos frágiles e impotentes frente a los mecanismos expresos o implícitos de los poderes. El miedo aún gobierna. La confianza de la gente decente no consigue obtener su justo lugar bajo el sol. Y ante la difícil lucha para obtener mejor marco de convivencia, cabe siempre la tentación del desaliento, del así somos, del esto no hay quien lo cambie y añejas cantinelas de este tipo. Víctimas de la iniquidad general de las cúpulas de los grandes partidos, que hace tiempo que decidieron adoptar la máscara kabuki del cinismo y la desvergüenza y tratarnos como tontos o como reclusos, es fácil optar por la resignación o el abatimiento. Esto es lo que hay, como podría decirse un españolito en los cincuenta, más o menos, pero largando una fútil papeleta en una urna cada cierto tiempo. A ver si así se cree que eso de la democracia existe. Al menos, este blog existe y nos podemos manifestar – aunque últimamente alguna ostia que otra se les ha escapado a los maderos, recordando viejos tiempos -. Y una justicia de pies de plomo y arena en la maquinaria está crónicamente incapacitada para arreglar nada. Un proceso por corrupción política apenas puede prosperar. Y si prospera, se recurre. Y si se gana al fin, se le da una pena leve. Y después se indulta. Porque es el gobierno de ellos para ellos en su país, y la Ley se hizo para que tú no puedas hacer un giro indebido ni un mal aparcamiento. Pero en el otro extremo del embudo están ellos, divinos, por encima de todo, pisando nubes y sabiendo que nada, nada les puede pasar.

Así que opto por violentar su sesera y sus oídos y pedir a gritos la vuelta de la Inquisición. Denuncias anónimas – como las de la violencia de género -, implacables interrogatorios, fiscales de hierro hechos inquisidores y penas ejemplarizantes. Todo con sus garantías procesales, por supuesto. Pero quiero a un Torquemada redivivo con medios especiales, con la eficacia y celeridad – pero con garantías – de los famosos tribunales de la Revolución Francesa. Quiero a un Fouquier-Tinville, pero no actuando como mecanismo de un Robespierre – el poder – para ajusticiar a Danton – la disidencia -, sino con la fuerza del veto de los mejores tribunos de la plebe del tiempo de la República Romana, como Graco.

Y, sépase al fin, que no quiero alzar guillotinas ni quemaderos. Ni que los condenados lleven sambenitos, como en la imagen, ni sean torturados, como bajo la Inquisición primigenia. Sólo quiero un mecanismo legal y garantista, pero preciso y eficaz que nos devuelva la confianza y envíe cautelarmente a esta gente a su casa. A sacar el perrito o quitar el polvo.

Porque, así como para el Estado de la Modernidad (de la Modernidad del siglo dieciséis) la pureza religiosa fue interpretada como factor esencial para la paz interna y la gestión de los asuntos del Reino, así como para la defensa de la Revolución frente a la coalición de enemigos externos se interpretó en 1792 que la Primera República Francesa no podía tolerar a los enemigos internos, la prioridad hoy, el frente se llama desafección o abatimiento ciudadanos, resignación o desolación, entreguismo a la sinvergonzonería de unos cuantos y al silencio o encubrimiento de sus correligionarios. Ése y no otro es el cáncer de la democracia, el nuevo dique, la nueva frontera, aquello que nos impide avanzar. Y la lucha hoy es obtener mecanismos de garantía y transparencia, resortes de prevención y disuasión frente a la corrupción que pasan por conseguir la caída del ancien régime, el fin del oscuro reinado de la impunidad.

P.D. Échale también un ojo a la última crítica recibida de K.O.L. (Líder de Opinión). A corazón abierto.

1 thought on “¿Un nuevo Torquemada para los corruptos?

  1. Anónimo says:

    El mecanismo existe: se llama Justicia. Otra cosa es que la justicia actual (Nótese el uso intencionado de la minúscula) haya sido relegada a mera comparsa del son que le tocan en estos temas. La desidia campa a sus anchas, los ladrones de corbata roban a la luz del día, mientras al españolito de a pie se las ve y se las desea para llegar a fin de mes. Pero ojo: no culpo sólo a los políticos. Nosotros también somos responsables. Un pueblo que sólo se moviliza por eventos deportivos, ferias y saraos, y en el que los ladrones aparecen en platós de televisión mientras se destroza el futuro a base de reformazo o ERE limpio sin que nadie mueva un dedo… Se merece lo que le pase. Somos muy de quejarnos en el bar, pero luego… Nada. Diríase que el Chaparro sigue gobernando los destinos de España desde el inframundo, porque desde el 75 no ha cambiado nada. Mismos perros, distintos collares. Mismo modus operandi. Y mismas soluciones: cachiporra y silencio forzado. De aquí a revivir la Dirección General de Seguridad (Porque la Censura y los grises ya están), un paso…

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