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Tuitosfera Sanitaria Española: las Nuevas Termópilas

Nota previa: glosario al final.

Llevo sólo unos meses en twitter. Y al principio, lo usé sin entusiasmo, como con desprecio. Hoy entro a diario, aunque no más de treinta minutos, y salteados, trabajo obliga. Engancha, sí.

Entré con la voluntad de conectar con gente, gente afin. O tal vez no afin, pero que me diera razones. Gente lúcida que me sacara de la relimpiosfera. Y ahí fui, por motivos profesionales, en pos de aquello que llamamos la blogosfera sanitaria o la tuitosfera sanitaria. Que la nubosfera fotográfica – una de mis grandes pasiones -, entra mejor en Facebook.

Esta tuitosfera es una ciudad curiosa, llena de personajes de pelajes variopintos. De todo hay en la viña del señor, y conozco sólo mi estrecho barrio. Tengo que abandonarlo o mejor, ampliarlo para conocer otros, ampliar horizontes e ir borrando mi catetosfera o cutrosfera, los pelos de mi dehesa personal.

Pero en este mi barrio-twitter personal, la calle sanitaria española que conozco – y estoy lejos de conocer a la cuarta parte de la mitad de la gente -, ya he conocido a dos tribus urbanas que parecen vivir en mundos a galaxias de distancia:

1) La angelosfera sanitaria (también conocida como lirosfera – de tocar la lira – o tribu del paraíso celestial). Seres delicados, femeninos, sensibles, con elevadísima conciencia social y sentido de caminar hacia un progreso que está ahí, que se huele, que se toca y es preciso traer a las conciencias y voluntades. Paraíso, pues, de la corrección política y veto obligado para reivindicaciones laborales o profesionales. Desprecio velado – o ninguneo – a la siguiente tribu por ofuscados, retrógrados, reaccionarios y – sobre todo – negativos. Da gusto escuchar tanta elegancia o delectación contenida en 140 caracteres. Un sólo motivo de preocupación: escasean ahí los clínicos de a pie.

2) La trincherosfera sanitaria (también conocida como guerrillosfera o cabreosfera sanitaria). Acumulan carbón en las arterias. Y más cosas: insultos, zarandeos, presiones, burocracia, precariedad laboral o contratos basura, amenazas veladas, estrés informático… Demasiado para que piensen en otra cosa que no sea barro, obuses, frío, lluvia, arbitrariedades, fuego amigo, metralla o alambradas. La administración – sea del signo que sea – es una cínica panda de malhechores y el público te espera con la bayoneta calada. Para estos sufridos poilus*, los otros – la tribu anterior – son una banda de soplapollas que no han olido peste a humanidad en su puta vida y les piden – a gritos – que, por una vez, salgan de sus cómodos despachos y vengan a urgencias a oír los atronadores gritos del mundo real. La trinchera, al contrario, constituye un mundo acre y maldiciente, repleto de clínicos de a pie de distintas procedencias, particularmente de las más sufridas, como Atención Primaria o Urgencias.

Evidentemente, querido lector, a estas alturas usted ya está molesto porque no se encuentra identificado con ninguno de los dos grupos. Le pido mis más sinceras disculpas. Esto se parece a lo que en Estadística se llama análisis de correspondencia, y no tiene otro valor. Se me escapan muchos otros casos de dificilísimo encuadre. Así es cualquier intento de aproximarse a un problema: torpe simplificación, con humildad y margen de error. También voy pidiendo disculpas por la zafiedad de mis palabras. Viene al caso, aunque usted no lo crea.

Que pensaba yo andando por la calle que, si esto se queda así, vamos camino de configurar una tuitosfera perfectamente subcompartimentada en clubesferas de afinidad, como pandillosferas de amigot@s con líderes, líderesas, códigos, afinidades, complicidades… ¡Qué placer! Da el dulce – que no era tan dulce – recuerdo de la adolescencia o de la Uni… Los nuestros… Nosotros… Los que nos entendemos… Los que no precisamos de aclarar nada…

Después se me ocurrió que a toda la tuitosfera sanitaria, a los tirios y a los troyanos o mejor, espartanos y atenienses nos unía una sola cosa: éramos todos griegos – o sea, pertenecíamos al Sistema Público de Salud -. Y, mira tú por donde, ni los dulces angelitos, ni los sufridos poilus abogaban por una deconstrucción del mismo. Más bien al contrario, hay voces de alarma, pues el persa – o aqueménida – Jerjes acaba de de desembarcar en Grecia con un inmenso ejército pidiendo la tierra y el agua, o sea, el recorte de derechos fundamentales. Tales son los efectos de la crisis financiera global.

Entonces recordé el curioso conjunto que podían hacer varios poilus con un angelito institucional y un anarko-inclasificable cuando dejan sus cómodos clubs ideológicos, sus teclados, sus conversaciones electrónicas y van a verse las jetas de modo directo como hemos hecho siempre en mi ciudad, en una barra y con dos tapillas. Resultado número uno: evidentemente, el mundo sigue su curso, no nos engañemos. Número dos: quedar en Sevilla con Cruzcampo fresquita y salmorejo a las catorce horas es una gloria, lo cual ya saben allende las fronteras. Número tres: ni los angelitos lavan sus alas con Perlán, ni los sufridos soldados de Verdún están siendo machacados por su propia artillería, como todos creemos después de ver «Senderos de Gloria» (ver más abajo). Y un poco de brainstorming viene bien a todos, dada la inminencia de la aproximación de Jerjes y sus inmortales.

Que decía yo, viendo lo que viene y parafraseando a Leónidas en las Termópilas: «Saltamontes**…¡Está noche nos curaremos en el Hades!» Y me respondía el contertulio, sosegado: «Gran Maestro Shaolín***, la fuerza habita en nosotros… Nuestro sacrificio no será en vano…» Dijo Leónidas al traidor Elfíades que la fuerza de la falange espartana reside en presentar unidos sus escudos redondos como barrera infranqueable al agresor. Y escuchando yo a Saltamontes, se me ocurrió que los 300 de las Termópilas, o los que seamos en la tuitosfera sanitaria, podemos frenar la avalancha ideológica de Jerjes si juntamos escudos, digo esferas. Que saldrá algún traidor, no cabe duda. Siempre escribo que la historia describe espirales. Y que puede que terminemos todos como Léonidas y los suyos. Pero la historia recuerda cómo el sacrificio de los 300 – bueno, la verdad es que eran algunos más – permitió organizar la defensa de la Hélade**** y quitar definitivamente las ganas al facha ése de Jerjes, dándole una buena paliza en la batalla de Altea.

Glosario:

*: Poilu: sobrenombre popular dado a los soldados franceses durante la Primera Guerra Mundial. Sus vidas y sufrimientos vienen bien descritos en el bello film «Largo Domingo de Noviazgo».
**: Saltamontes: para los más jóvenes, métanse en la wikipedia. Para los mayores, añoranza de la tele en blanco y negro y otros tiempos. Nombre en clave de cierto cyberactivista sanitario (antes la muerte que desvelar mis fuentes).
***: Gran Maestro Shaolín: aplíquese el punto anterior. Nombre en clave de otro cyberactivista sanitario.
****: Hélade: Bueno… ¿Pero la wikipedia para qué está?

Otras pelis mencionadas en esta entrada de visión aconsejable: por encima de todas: «Senderos de Gloria», de Stanley Kubrik. Fundalmental para cimentar el antibelicismo y buena reflexión sobre la estupidez de la guerra en general, de la cadena de mando en particular y del horror de la Primera Guerra Mundial. Me queda, obligadamente, «300», por referencias. Pero ésa no es un clásico. Está bien. Pero es más bien cine de masas.

Mis cosas, en twitter…  

1 thought on “Tuitosfera Sanitaria Española: las Nuevas Termópilas

  1. Alfonso says:

    Ay, doctor, qué malas compañías frecuentas. A ver. Por partes. Tu croquis de la cartografía básica que detectas en tu barrio twittero es eso, un croquis, y tú mismo avisas de sus imperfecciones. Coincido contigo en que, en general, en Twitter y otras plataformas semejantes de la Red, es posible identificar esos epígonos de la semiótica de Umberto Eco: los integrados y los apocalítpticos. Hay más, muchas más tribus en Twitter, desde el halcón mirón a la bruja Lola. En general, creo que esos fenómenos son como trozos del espejo roto de la realidad offline, o no virtual, o la vida misma, como queramos llamar a lo que nos pasa a las personas en el día a día. En cierto sentido, es normal. ¿Por qué? Pues porque el universo de posibilidades relacionado con la libertad de expresión que ha abierto Internet constituye un poderoso efecto llamada para las oleadas migratorias. Nos vamos a la Red porque en nuestros respectivos entornos tradicionales, por razones diversas, no nos sentimos bien. Y por eso no es infrecuente que la Red esté llena de expatriados profesionales. Y, también, de instituciones y personas que consideran útil trasladar a esos nuevos territorios discursos en los que se sienten cómodas. Junto a ese fenómeno migratorio se ha dado otro, de un tiempo a esta parte, que está erosionando seriamente los valores de libertad conquistada de la Red: el espionaje de la disidencia y de la competencia, especialmente desde que los medios de comunicaciçon tradicionales han descubierto esas plataformas como fuentes de información que sigue nutriendo la misma agenda tradicional y, con ellos, sus gemelos políticos y empresariales que no han sabido entender el fondo de la cultura de Internet. Como consecuencia, Twitter (y los demás corralitos) está continuamente bajo la mirada de Sauron. Bien. Me permito además llamar la atención sobre la raíz tecnológica (no ética, ni política, ni social; tecnológica) que al menos en parte explica por qué en Twitter hay tendencia al gregarismo tribal y a ese revival adolescente al que haces alusión en tu post: Twitter es un hub, un conector, una empresa benévola que ofrece un soporte tecnológico a cambio de nuestra información (dentro de unos límites, véase el último anuncio de censurar a quien diga cosas feas a ojos del Gran Hermano). Ese campo de juego está diseñado como una montaña de pendiente acusada que hay que coronar: es me sigues- te sigo-nos seguimos, que acaba creando un bucle en el que al final se reduce la variedad de los mensajes y de las sensibilidades visibles: eso es lo que explica, fíjate, que precisamente sean los perfiles de medios de comunicación de masas y de las celebrities los reyes, reinas y reinonas de la Twitteresfera. Al final, no hay en ese contexto una deliberación entre iguales, sino una competición entre desiguales. De ahí que Twitter, muchas veces, sea aburrido, redundante y demasiado políticamente correcto. Pero, ojo, en términos de facilidad de acceso y de requerimientos de competencia digital, es lo que hay. Por eso yo mismo estoy en Twitter y por eso procuro aclarame en lo posible con el maëlstrom de cada día mediante la gestión de listas. Uno de los pilares conceptuales de la Red que más me gustan es, precisamente, la idea de la deliberación entre iguales, que es lo mismo que tú dices de las tapas y la cerveza pero apoyados en ese catalizador tecnológico llamado Internet. Y ahí es donde algunos empeñamos nuestros esfuerzos, en la medida de nuestras limitadas posibilidades: ¿ejemplos? Pues iniciativas que ayuden a crear un nivel de competencias tecnológicas compartido, mínimamente homogéneo, que apoye los esfuerzos para salvar el gap sociocultural de quienes viven en comunidades reales pero aún no han descubierto las maravillas de la Red para asuntos de que de verdad nos importan a todos, como esa defensa de la Hélade ante la irrupción de las hordas de Jerjes. Saludos.

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