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Susana y el Caballo

Hola, Susana; soy yo de nuevo. ¿Te acuerdas de mí? Seguro que no, pero te lo recuerdo en seguida: soy el de 37 horas y media, y el de Ná te pido, ná te debo.

En su día, te dediqué un poema. Reconozco que estás en mis sueños, aunque no el sentido que tú crees. Puse en tu boca una versión del monólogo de Ricardo III, y no iba mal encaminado. Tú tampoco: vas derechita a tu Bosworth. Pero para eso necesitas un poquito de cultura clásica, y me presumo que vas cortita. Aunque no sé, igual me sorprendes cualquier día, quién sabe.

Jugaste a jerarca y matriarca, la que todo lo quiere y todo lo abarca. Se dice que apartaste a Edu Madina – que ahora estaría haciendo las veces de sólido candidato – para poner a Pedro Sánchez. Y luego no hiciste sino ponerle zancadillas para hacer pensar a todos que no había más alternativa que la tuya propia. Sin darte cuenta – quizás -, que mala alternativa es la que huele a zancadilla, la una tras la otra. O, por echar mano de la tradición de la Triana antigua, la que sabe a traición y a navajá trapera. Tal es la fama que te precede, para qué te voy a decir otra cosa. Pero, pelillos a la mar, que estas palabras no te van a llegar.

No eres mujer de ideas ni de escritos, ni de honduras intelectuales. Eres mujer de aparato y de congreso, de delegado y lealtades – para quebrantarlas cuando convienen, pero exigirlas siempre a tu persona -. Con este bagaje y el expresado en el párrafo precedente, pensaste que podías ser una reedición de Felipe González, y subir a la Carrera de San Jerónimo a decir lo que dijiste en las Cinco Llagas: «la primera mujer en esto…»

Y no sería poco el mérito, si la mujer a la altura del empeño estuviera. Convence, pues, a una nación vieja donde bulle un chavalerío de aluvión que no se traga la palabrería. Haz pactos con nuevas fuerzas. No te veo. No te ven. No sé quien te ve, fuera del Valle de Guadalquivir, de Andalucía la Baja, de los tuyos de siempre, de las ciudades pequeñas. Perdiste ya varios trenes, te acoquinaste, puro cangue, qué te comprendo, mujer. Porque fuera del BOJA no eres nada, más tiesa que una mojama.

Sabrás que en Andalucía Oriental vendes poco, que ya se vota contra Sevilla. Porque tú eres Sevilla, más que ninguna otra cosa, y a tu alrededor están tus votos, por si no los quieres ver. Donde, por un casual, crecían los expedientes de los EREs – ignoro en que quedará, y con qué fundamento -.

Se dice que no sois una fuerza urbana, sino rural, y ligada a prácticas cuestionables. Lo dice la derecha y la izquierda – vosotros ya no sois la izquierda; se dice que acabaréis de fuerza regionalista – y lo van diciendo ya los tribunales, bajo distintas figuras delictivas. No soy yo quien para decir qué hay de verdad y en qué quedará todo, pero lo que va saliendo de tribunales no os beneficia. Puedes escudarte en que todo pertenece a épocas anteriores – donde ya tenías conocimiento y responsabilidades, por cierto -. Pero da igual: la gente de aquí, inducida a pensar que «esto es lo que hay», concluye que cualquier alternativa es peor. Y lo que ven de otras comunidades autónomas no anima a pensar de otra manera, la verdad.

Languidecer con tus maniobras y tus medias palabras, con tus sonrisas y tus migajas. Ten cuidado, eso sí, con los besos del Marín, y los noes de Sánchez. Terco este, los cariños de aquel se pueden tornar esquivos, y encontrarte con una sorpresa con los presupuestos. Entonces te pondrás victimista y los prolongarás – tal vez -, queriendo mantener el dominio de los tiempos, evitando unas andaluzas mientras los EREs culminan su andadura en tribunales. Juego agónico, en todo caso. Disparo de un sólo tiro. A la siguiente, puedes encontrarte una condena en los EREs – proceso al socialismo andaluz -, un gobierno en España de derechas con Ciudadanos dentro, tu amiga Teresa Rodríguez comiéndote la oreja por la izquierda y tú, como aquel rey que gritaba:

«¡Un caballo, un caballo; mi reino por un caballo!»

Un Bosworth que te conducirá de vuelta a Triana. Y sin puerta giratoria. Tiesa como una mojama.

@frelimpio

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