Sin investidura y sin relato. Perdido entre julio y agosto, y con escasas expectativas de llegar airoso a septiembre. Así se nos presenta el candidato a Presidente de Gobierno, Pedro Sánchez. Como si, subido al avión presidencial, no se decidiera a dar la orden de despegar. Por no tener claro adónde ir. Pero, vayamos por partes.

Del fracaso de la investidura han corrido ríos de tinta digital y de la convencional. Inútil abundar sobre el tema y aburrir al personal. Subrayar, en todo caso, que la decepción de la gente de izquierdas es mayúscula. No es que lo lea: les oigo a diario. Se trata de un sentimiento ºgenuino. Creen que se puede hacer más izquierda de la que hizo Zapatero y que el momento es ahora, truncado por cabezonerías y personalismos.

El CIS lleva al cielo al candidato. Así, sin más. Lo pone muy próximo a la mayoría absoluta y emborracha a los incautos. Porque, visto en perspectiva, consolida una tendencia. Y además, lleva a algunos al sueño de reeditar aquel 82 de rosas y gloria. Un nuevo Felipe, ahí es nada.

Claro que, con el CIS, tendría que venir aquel esclavo que, montado tras el vencedor, le susurrara lo de “recuerda que eres mortal”. Lo que, traducido a la política actual, podría ser: “recuerda que solo es un sondeo de principios de julio”. Realizado varias semanas antes de la gran decepción de la investidura. Una encuesta robusta, sí, pero oscurecida — según algunos — por los manejos del “comisario político” Tezanos. Claro que esta descalificación también es interesada y, por tanto, sospechosa.

El asunto es que la tendencia del CIS podría invitar al candidato y a su entorno a abandonar todo intento de ir a la investidura en septiembre. Sería más cómodo ir a nuevos comicios en noviembre, y conseguir un respaldo más cómodo. Que de eso hablaba con lo del avión en la pista. Y ahí permanece Sánchez, pensando que del CIS de julio a los siguientes puede cambiar el tiempo atmosférico.

De entrada, porque la capacidad comunicativa del PSOE es limitada. El candidato y su equipo no ofrecen un relato convincente de lo sucedido a final de julio. Que Iglesias quisiera todo el poder para sus soviets era lo lógico… para empezar a hablar. De eso va una negociación. De lo visto y oído se desprende que las vistas anduvieron torpes, apresuradas y — sobre todo — desconfiadas. Y así es imposible.

Segundo aspecto, para nada menor: Navarra. Trampa mayúscula en la que Sánchez acaba de caer. El viernes, la socialista Chivite se hacía con la presidencia de la Comunidad Foral con el concurso de nacionalistas vascos y la imprescindible abstención de EH Bildu. El asunto podría analizarse o venderse de muchas formas, pero, en plaza, queda una difícil de borrar u oscurecer: que los de Pedro Sánchez se alían con la anti–España con tal de alcanzar el poder. Ahora en Navarra, y veremos si en España. A ver cómo impacta la cuestión en el CIS de agosto y sucesivos.

El asunto no es baladí, visto en perspectiva. En primer lugar, porque el mundo nacionalista hace movimientos lentos, pero de calado. En la mente de todos están los pronósticos del tiempo en euskaltelebista, en los que se ofrecía siempre el mapa de Euskalherría (País Vasco actual más Navarra y la parte francesa).

No es una cuestión de los radicales — orgullosos de vitorear a los etarras —. Es una cuestión mucho más profunda y antigua. Para el nacionalismo vasco, Navarra es parte irrenunciable de la patria. Y es preciso entrar así, como lo están haciendo, para introducir el vascuence obligatorio en las aulas. Para euskaldunizarla en dos generaciones y ofrecer un relato alternativo a la construcción española. Además, es de libro. Así lo hizo Pujol, en Cataluña, muy reforzado con la inmersión lingüística. Y ahí están los resultados.

La cuestión es que el PNV fue necesario para la moción de censura que desalojó a Rajoy y para investir a Sánchez la primera vez. Y, según todos los cálculos políticos, lo sería ahora para el nuevo gobierno Sánchez, a menos que decidiera ir a noviembre y obtuviese una cámara más favorable. Como si la “aproximación” de Navarra al mundo vasco fuera una moneda de cambio. Ignoro si este relato tiene más matices, o puede ser desmentido de un modo u otro. Pero que va a funcionar de este modo, seguro. A menos que Sánchez y los suyos se remanguen para ofrecer un contrarrelato creíble. Pero no se les ven maneras de relatores, la verdad.

Y si esto es así, imagínense lo que viene del apoyo de Rufián y los suyos, con la Diada en septiembre, la ofrenda floral y toda la historia. Su relato respectivo. La sentencia de Marchena en ciernes y la cúpula del Procés en chirona para una temporada. Cualquier investidura de Sánchez con el apoyo de ERC será narrada como un pacto subterráneo para indultar a Junqueras y los otros cuando las aguas estén un poco más calmadas. Si no cosas peores. Y cualquier negación por parte de Sánchez y su entorno forzará al catalanismo radical a tomar la calle y calentar el Parlamento.

El asunto es que existe una poderosa aguja para desinflar el CIS de Tezanos. Y es el relato de un candidato ávido de poder personal, dispuesto a entregar España a la anti-España con tal de ser algo. Que esa aguja no es post-verdad, sino una cara de la verdad. Y que si no se presenta y se pule la otra cara (¿la hay?), el amplio consenso socialista en torno al candidato puede agrietarse seriamente.

Firmado:

Federico Relimpio

 

Federico Relimpio, médico y escritor.

Twitter: @frelimpio

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