-Ahora, serio.

-¿En serio?

-En serio, que va en serio. Si es que algo queda serio en la mitad sur de este país. O en el país entero, tal y como van las cosas.

No he querido decir que lo de hoy va de Susana, porque, entonces, más de uno interrumpe: “este no puede estar hablando en serio”. Y sin embargo no puede haber nada más serio.

En este país de las autonomías, Susana reina y gobierna sobre un país de ocho millones de almas, y sin perspectiva de recambio. Rige salud y educación, además de otras muchas cosas. ¿Habrá algo más serio? No se me ocurre nada. Pero, gente, sí que la hay. Seria de acojonarse.

Por ejemplo, Mercedes Alaya. Una señora la mar de seria. A nadie le cabe la menor duda. Primero, por jueza. Y segundo, por las horas que le ha echado al curro. Ahí nadie le tose. A ver si algún fotógrafo la ha sorprendido de copas o desinhibida. Ni mijita. Imaginándomela en el curro, se me viene a la cabeza que puede que la Justicia no sea un cachondeo. Que incluso que sea algo serio. Tan serio como ella misma.

Por eso, si la sacan en una entrevista diciendo lo que acaba de decir, lo tengo que admitir a trámite. Y no voy a despacharlo en un post, porque no sería serio. Indigno de una profesional como Mercedes Alaya. Porque lo que ha largado es para meter a este país en período constituyente, y me perdonan el exabrupto. A ver si nos convertimos en un país serio, de una puñetera vez.

Mercedes Alaya ha instruido durante largos años una macrocausa con muchísimas ramificaciones y todos los obstáculos del mundo. El proceso ha superado una fase tras la otra, derribando aforamientos e instancias para llegar a la fase de juicio oral de la pieza política. Ello ha merecido calificativos como “gran fraude”, por parte de uno de los encausados más conspicuos, descartando, según parece, la tesis primitiva de “los cuatro golfos” a la que se apuntó apresuradamente la Junta en los primeros momentos.

A falta de una sentencia definitiva sobre la pieza política y de las demás que tendrán que enjuiciarse, lo que queda sobre el tapete es una forma de concebir la administración y la política. Algo muy serio y delineado con finura en el ensayo de Muñoz Molina “Todo lo que era sólido”. Un esquema mórbido que emana de decisiones tomadas hace varias décadas, y que sintetizó hábilmente Alfonso Guerra con su “Montesquieu ha muerto”. En palabras del ensayista: el desblindaje de los controles que daban solidez a nuestra democracia. Y su consecuencia inmediata: la vía abierta a la prevaricación y la malversación. Si tengo los votos, tengo los escaños. Y si tengo los escaños, nihil obstat. Al fin y al cabo, el Consejo General del Poder Judicial también es mío. Montesquieu, diez metros bajo tierra.

Vuelvo a las primeros párrafos de este post. Hablo de lo serio y de la seriedad. Y creo que nada hay más serio que la norma y su interpretación. La norma y su aplicación.

Susana Díaz es el poder político, en democracia. El poder en Andalucía. Tuvo y tiene puestos de responsabilidad en el partido, pero sobre todo en la Junta de Andalucía. Una presión de la presidenta de la Junta de Andalucía en el Consejo General del Poder Judicial acerca del caso EREs es un asunto muy serio, ya que hablamos de seriedad desde el principio de este post.

La acusación de Mercedes Alaya es, pues, más que seria. Es gravísima. Susana Díaz tiene tres alternativas:

  • Mutis por el foro, que ya escampará. Resultado: se te da por culpable, Susana. Asumimos todos que quisiste movilizar a tus amigos del gobierno de los jueces. Algo temes. O temías. Cobra carta de naturaleza todo lo demás. Que Mercedes Alaya fue desplazada en una maniobra ante el riesgo de una brutal tirada de la manta del bipartito: el riesgo de una mani pulite – ¿se acuerdan, en Italia? – con Mercedes Alaya convertida en el juez di Pietro. Y todo este acta de acusación, en época electoral, Susana. Yo, me lo pensaría.
  • Afrontarlo, con cualquier explicación. A lo Pablo Iglesias e Irene Montero, con lo del chalet. “Que sí, presioné… ¿qué pasa?”. Desparpajo y chulería. Aprendiz de bruja, te puede salir de todo. Si no te pones nerviosa – tu argumento favorito en los debates – y aguantas, hasta te sale bien. A los tuyos, la jueza Alaya les cae bastante gorda. Les va a sentar bien que le plantes cara.
  • Larga cambiada. Algo como “que yo fui allí al Consejo General del Poder Judicial a ver a un amigo que hacía tiempo que no veía, y luego nos fuimos a tomarnos unas copas. Y que luego nos vio uno que pensó que yo venía a lo que no venía, pero parecía lo que no era”. Algo propio de Sevilla. Me lo conozco bien. Soy de Sevilla, como tú, y te saco más años. No te lo recomiendo, Susana. Porque es lo de tu palabra contra la de ella. Y Mercedes Alaya parte de un superplus de credibilidad. A ti solo te creen los tuyos. Bueno, aquellos que se van a ver con el culo al aire el día que pierdas el poder. Eso se llama creer a la fuerza, ¿no te parece?

Empezamos serios. Y serio es el asunto, no cabe la menor duda. Mercedes Alaya habla de Justicia en riesgo. Se lo leen ustedes mismos. Y el que les escribe retoma sus palabras y les dice que corriendo a desenterrar a Montesquieu y a darle un electroshock. A la UCI, del tirón. Que lo necesitamos vivo y coleando. Dando guerra a los Guerra, que lo quieren muerto e incinerado. Porque nosotros lo queremos vivo. Vivo como Mercedes Alaya. Y no te calles, bonita. Sigue así. Porque queremos un país serio. Palabras justas y cuentas claras.

Federico Relimpio

 

«Federico Relimpio tiene algo especial en su pluma, en su estilo, pues describe situaciones extremas, como las antes mencionadas, con una elegante, perfecta y fantástica ironía» por @Judesty, en su reseña acerca de “Bajo su Piel Tatuada” (picar aquí)

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