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Restauración: Ponerse la Pilas Sí o Sí

Domingo 13 de octubre. Paseo familiar. A la vuelta, surge la idea: ¿Y si comemos en la calle? Consulto el reloj. Las dos, aproximadamente. El centro, de bote en bote. Venga, deprisa. Dentro de quince minutos, no hay quien encuentre mesa. Elegimos un lugar próximo a donde nos encontramos, al lugar donde está el coche aparcado y donde, por otras veces, nos hemos encontrado una calidad y un servicio bastante aceptable para el precio. Que no es poco, dicho sea de paso. Y, por si fuera poco, la decoración tiene hasta buen gusto. Les hablo del restaurante italiano La Piemontesa, en Sevilla, en la calle Marqués de Paradas.

Tuve que superar algunas resistencias internas. En general, voy cogiéndole cierta tirria a comer fuera. Me vienen tratando mal, con desconsideración o malas maneras, el género muchas veces no es demasiado bueno y, a veces, el camarero o camarera, parece que no te ve. Tengo un buen amigo que se dedica a esto. Una vez, en un rato de tranquilidad, lejos de sus quehaceres, me contó de sus avatares al otro lado. Me decía que lo que más le exasperaba era que le dijeran cuando pueda. «¿Tendré yo más interés que nadie en tener a todo el mundo bien atendido, Federico?». Tanto me impresionó el restaurador que, en mis salidas subsiguientes, me autocensuré el cuando pueda. Resultado: ignorado por un camarero que iba y venía de cocina al fondo de la sala con la mirada fija al infinito, sin ver mis desesperados intentos de que me pusiera una cerveza. Creo que, en otra charla, se lo comenté al antes mencionado y se echó a reír. Dije antes que voy haciendo un acumulativo de experiencias desagradables. Por una pizza medio quemada rompí para siempre mi fidelidad con el San Marco de la calle Betis. Y, hasta hoy, me hice feligrés de la Piemontesa.

Pero hoy me atendieron bien en la Piemontesa. La chica no era de por aquí. Todo bien hasta el segundo. La camarera sirve la comida para mi familia y me deja expectante. Podría yo haber dicho: «no, señorita; llévese la comida hasta que se sirva todo… Hemos venido a comer juntos, no a que unos vean a los otros comer por turnos.» Uno se pregunta: ¿Por qué somos tan sumisos cuando luego la tarjeta de crédito no es nada sumisa? ¿Por qué no se rebela uno nunca? ¿Por qué nos parecen cargantes e irritantes los franceses con sus continuas quejas y reclamaciones si simplemente hacen lo que deben: EXIGIR POR LO QUE PAGAN?

Tal vez no hice nada de eso porque pasaba un buen día con mi familia, habíamos ido a la exposición de Julio Romero de Torres en el Museo de Bellas Artes y veníamos de buen humor. Hacer lo que acabo de referir en el párrafo anterior no es costumbre – ¿por qué? – en nuestro medio y ponía una nota de tensión en un día agradable. Total, que me conformé y, lógicamente, dije a los demás que comieran. Seguro que mi pizza quattro stagioni vendría enseguida. Un poco de charla distendida y el lógico margen de flexibilidad.

Pero no. No venía. Los demás avanzaban en su comida y veían mis ojos hambrientos. «¿No quieres probar?… Tienes hambre», dijeron las dotes adivinatorias de mis familiares. «No os preocupéis, que enseguida me traen la mía… Os voy a dejar sin comer y luego va a ser demasiado para mí.» Primer toque a la camarera – ¿Se habrían olvidado de mi pizza quattro stagioni? –. Me confirma que no. Sigo esperando pues. Voy cambiando los temas. Alguna cucharadita que me dan de esto o de lo otro, para entretener la gazuza – hambre que espera jartura, no es hambre ninguna -. Segundo toque a la camarera: «Mientras espero a la quattro stagioni, ¿Me puede poner una cervecita? Me la trae. El tirador les funciona, eso sí. Termina de comer la familia. Miradas expectantes. Alguno de alguna mesa por los alrededores parece tener algún problema similar. Siguen desfilando eternos, los minutos. Cruzamos miradas y cristaliza la decisión: «señorita, anule la quattro stagioni y nos trae la cuenta«. Ya me haré un huevo frito en casa.

***
Epílogo: también era un problema la cuenta anulando la pizza de marras. Un rato para hacer la cuenta, de pie, junto al aparatito. Cuando está, por fin, ninguno de sus dos aparatos reconoce mi mastercard – lo uso todos los días para todos los gastos -. ¿Por qué no me planté y dije: «esto es lo que hay y es su problema»? ¿Por qué me puse a rebuscar estúpidamente otra tarjeta de crédito hasta que entró, al final, como si fuera yo el responsable de todo?
Llego a casa, entro en Facebook, en restaurantes la Piemontesa y me encuentro a otro cliente largando fiesta, más o menos por lo mismo. Pero este fue a más y montó el cirio. ¿Resultado? Que la pobre camarera, víctima inocente de todo y que le había atendido estupendamente, se lleva un señor broncazo y aparece la responsable con cara de póker, que si le preparan la comida para llevársela a casa… ¿Lo quieren leer ustedes mismos? Y el colofón de la desvergüenza es la respuesta «institucional» de Restaurantes la Piemontesa:
Restaurantes La Piemontesa lamentamos lo sucedido en este restaurante. Ante todo te pedimos disculpas y nos gustaría que nos enviaras un mensaje privado contándonos lo sucedido para que podamos gestionar tu incidencia. Un saludo

@frelimpio


5 thoughts on “Restauración: Ponerse la Pilas Sí o Sí

  1. Bernardo says:

    Buenas tardes, soy el dueño del Restaurante La Piemontesa, junto con mi familia. Queríamos pedirles disculpas encarecidamente por su mala experiencia con nosotros. Somos una familia que tiene puesto todo su empeño y toda una vida en este Restaurante. Intentamos mejorar cada día y son estos fallos los que nos hacen mantenernos alerta. Nos duele en el alma que clientes salgan insatisfechos por la puerta. Trabajamos y vivimos para que no ocurra esto. Espero que acepte nuestras disculpas.

  2. Federico Relimpio says:

    Gracias por la participación. Hasta que no les duela, no pasará nada. Sólo les duele si saca en público el nombre del local. Entonces empiezan a cambiar las cosas. Gracias.

  3. Anónimo says:

    Realmente, muchas veces es de traca lo de este tipo de restaurantes. Sin ir más lejos, el otro día a mí me pasó algo parecido, en un bar por la sierra norte… Y aquí no pasa nada.

  4. Federico Relimpio says:

    Gracias por la participación y el interés. ¿El motivo de escribir este post? Que no funciona. Que no funcionan los mecanismos de control. Que nos tratan mal y seguimos yendo. Como idiotas. Las hojas de reclamaciones se las pasan por el forro. Las denuncias a FACUA o la OCU no tienen valor, prácticamente. Y, realmente, no te han pegado, insultado, vejado o intoxicado para ir por lo penal. Se trata de cuestiones de "menor cuantía". Pero somos el país del turismo y la hostería, ¿No? Aprovechemos la existencia de las RRSS para hacer run-rún y que éste o aquél, con nombre y apellidos, se pongan las pilas. En público. Ya me esfuerzo yo, como trabajador público, de no tener una sola reclamación o descontento. Y mi sueldo no varía oiga. Y ha caído un 15% desde que comenzó la crisis.

  5. MANUEL says:

    Tienes toda la razón Federico. Mi mujer se pone de los nervios cuando me pasa algo parecido a lo que a ti. ( Cierto es que a veces me pierden las formas). En Huelva capital hace tres o cuatro veranos pedí una ensaladilla de gambas tal y como anunciaban en la pizarra del establecimiento. ¿ Tú viste las gambas ? Yo tampoco. El plato era una ensaladilla con sabor a palitos de cangrejo. Rechacé el plato y les dije que porqué engañaban a los clientes.

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