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¡Que llamo al guardia!

Probablemente los más jóvenes no se acordarán. Los que tenemos o comenzamos a peinar canas, de seguro que sí. Años cincuenta, sesenta o setenta. Parque público. Los niños, ya se sabe. Con sus cosas. Nunca se están quietos. Pero a veces se pasan. Y si el padre o la madre no estaban cerca para poner coto al gamberrete o al travieso, siempre estaba el vecino de orden, indignado y serio, que ponía al rapaz en su sitio: «¡Que llamo al guardia!» El chaval se amilanaba y deponía su actitud de inmediato. Porque el guardia existía y ejercía. No era una falsa amenaza. Y porque al llegar la queja o la multilla a casa, los cinco o diez duros, lo que fuera, la hostia era de órdago… «¡Pues menudo es mi padre!» Entonces no existía ni la remota posibilidad de denunciar a tu padre por una hostia al puesto de la Guardia Civil… Las carcajadas podrían escucharse hasta en tu casa y hacerte merecer otra. Otra hostia digo. 


Qué tiempos, coño. que ver con los actuales. Ahora está el patio de los pueblos revuelto. La gente está harta de dictadores y de ladrones. Y se ha puesto a derribar gobiernos y a mandar tiranos al exilio. Y el guardia del mundo tan tranquilo: «Dejad que jueguen. los chiquillos… Tanta represión… Les faltaba un poquito de libertad…» Hasta que en el delicado dominó de los tiranos se va a tocar a uno que maneja petroleo, aunque sea poco. Oye, mira tú, es soplar al negro elemento que su precio comienza a subir como la espuma, no sé por qué. Y el mundo tiembla. Leemos en la última hora de El País: «El presidente de Globalia, propietaria de Air Europa, Juan José Hidalgo afirma que los precios de los billestes de avión se incrementarán «sin ninguna duda» por la subida del coste de carburante.» Y un minuto más tarde podemos leer en el mismo sitio que: «Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, no descarta que el alza del petróleo y de las materias primas puedan llegar a representar una amenaza al crecimiento y la estabilidad de precios si se mantienen mucho tiempo. «Estamos listos para responder si fuera necesario».

«¡Que llamo al guardia!»


Dije en una entrada anterior: dejadme ser ingenuo ( http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/02/dejadme-ser-ingenuo.html). Pues, efectivamente todo el mundo me dejó y lo fui. Siempre seré un niño soñador. Siempre soñaré con la libertad. 

Os dejo con dos frases. La primera es de Obama y su revolución: «Yes, we can». Pero no en el sentido en el que nos la hicieron creer. Más bien: «Yes we can go on fucking the whole world«. Les alivio la traducción. Sería de mal gusto. La segunda es de de nuestro universal Julio Iglesias: «La vida sigue igual«.

Gracias a la vida por haberme hecho tan tonto. 

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