Tómense en serio la jugada de Pablo Iglesias. Lo de la moción de censura, digo. Está bien pensada, en el momento justo. Y gana, claro que gana. Gana lo que él quiere. Pero vayamos por partes.

No le pregunten por qué no apoyó a Pedro Sánchez hace año pico para sacar su gobierno alternativo. Esta claro, ¿No se dieron cuenta? Pablo nunca será segundo de nadie. Por eso se encargó de pedir imposibles. Para que le dijeran un “No es No”, pero a la izquierda. Que bueno es Pedro, para eso. El leninismo va de eso, de esperar el momento adecuado. Que ni siquiera es ahora.

Ahora se trata de lo que hay: sangre para los tiburones. Crisis sistémica. La evidencia incontestable del cáncer que corroe al régimen del 78. La partitocracia huele que apesta. Tras el Gürtel, el Lezo. Los madriles, en la misma cloaca. Que si el ciudadano quiere seguir yendo a las urnas con la pinza en la nariz, muy dueño es de hacerlo. Pero que ya no se trata de mirar a otro lado. Ya es ser lelo hasta el infinito.

Abajo, la marea que no cesa. En Andalucía son más finos: no se trata de corrupción, sino de prevaricación o malversación. No es lo mismo, sin dejar de serlo. No es tan basto, digámoslo. Pero no deja de ser una colonización partidaria dello Stato para perpetuar a una casta – una famiglia – en el poder. De este alambicado sistema ahora en el banquillo, la vástaga – inmaculada ella – se presenta como redentora del proyecto socialista, tras haber ascendido en la escalera de las mil puñalás traperas. No se lo cree ni ella – lo de redentora, digo -.

Lo que decía antes: sangre para los tiburones. Sangre del cieno de una derecha en el poder con minoría parlamentaria y apoyo de un PSOE posibilista con las manos manchadas de sangre. La sangre de un líder que se negó a prestar ese apoyo por eso mismo, porque era sangre del cieno, y terminó costándole la cabeza. Cabeza que anda muy viva, de mitin en mitin, clamando por la traición a unas ideas. Una felonía que terminó en una abstención vergonzosa, un apoyo con sordina a un PP ahogado en sangre del cieno. Que a ver cómo se quita la redentora las manchas de sangre. Y el olor a cieno.

Y en esto, convulsión al norte, en casa del gabacho. Algo acabo de escribir, sobre la cuestión. Hundimiento de los socialistas, cuyos votos se trasvasan mitad al espejo francés de Rivera, y la otra mitad al espejo de Pablo Iglesias. El enésimo pinchazo del partido de la rosa. Para esto sí es la hora.

Moción de censura a Rajoy. El tiburón de la coleta, que olió la sangre del cieno. Y a los del puño y la rosa, que le caben dos: ponerse detrás de la coleta o ponerse de lado. Mal o peor. Porque lo primero es perder la iniciativa, y en el peor momento. Y asumir que la cagaron con lo del apoyo a Rajoy. Más de la pinza en la nariz, quedando la redentora de aquella manera. Lo segundo, a ver cómo lo explican… ¿Me pongo de lado ante la evidencia de corrupción sistémica – a lo feísimo –? Por si no se dieron cuenta, la segunda opción es entregar la bandera y el liderazgo a Pablo Iglesias. Sorpasso asegurado, sea con la redentora o con el descabezado. Con un Rajoy más tocado que Fillon y un Rivera que no es Macron. Ya quisiera. Sigo retransmitiendo.

Federico Relimpio

@frelimpio

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