fbpx

¿Normalidad Democrática?

Sé lo que piensan muchos. Y la respuesta es no. No hay normalidad. Falta democracia. Podríamos empezar cuestionando por qué una persona como Felipe de Borbón tiene ciertos derechos de los que usted o yo carecemos, simplemente por méritos de nacimiento. O si votar consiste dar un cheque en blanco cada cuatro años. O si la representatividad parlamentaria es groseramente variable, castigando a IU y beneficiando a los nacionalistas en virtud de la famosa ley D’Hont. Y podríamos seguir y seguir hasta dejarnos las rastas e indignarnos hasta la médula, sin encontrar más solución que ir todos corriendo hasta la Carrera de San Jerónimo para meterle fuego a nuestro Reichstag particular, y recomenzar de cero. Sería el mito de la Piedra de Sísifo. O al menos pienso yo.
Intento ver el vaso, no medio lleno – porque no hay para cinco millones de parados y tantas personas en situación de extrema necesidad -, sino lleno a la décima parte. En primer lugar, si comparo con las elecciones, no ya de mi juventud, sino con las del 2008, son las primeras elecciones donde las redes sociales y los foros de Internet han jugado un papel predominante. En mis veinte – los ochenta – había televisión única con control partidista y un debate público copado por unos medios dependientes de grupos político-mediáticos. Había cierta independencia de prensa y figuras periodísticas de referencia, pero de las más se sospechaba una filia y la mano que mueve los hilos – y los versos de las estrofas -. Los demás asistíamos impávidos a los discursos de unos y otros y gruñíamos en los pasillos. No podíamos participar en el debate. Lo negro era blanco y lo blanco negro, cuando la calle mostraba que era una gama de grises. Se nos hablaba de dos Españas, cuando teníamos la certeza de pertenecer a una mucho más grande – mucho más tarde se reconocería -, la de la gente normal, condenada a optar en las urnas entre tirios y troyanos sin decir ni mu. Todo lo más, te atrevías a mandar una humilde carta al director, finamente apuntada a un diario cuya línea no discordase mucho con lo que decías, previa autocensura para aumentar las posibilidades de publicación y tras el conveniente recorte por el becario correspondiente para destrozo e ilegibilidad del texto. Hoy ese tiempo es historia. Desde hace pocos años, todos los que queremos estamos en Internet de muchas maneras, comentando con entera libertad lo que pasa o lo que se comenta, diciendo me gusta o no me gusta (típico de Facebook), emitiendo tweets que parecen sentencias, o disponiendo de blogs que parecen particulares columnas de un periódico. E influimos. A tiempo real. Si no, cómo se organiza el 15M o el 150, o a ver por qué y cómo tras iniciarse la campaña electoral en Dos Hermanas con Rubalcaba tirando de Felipe y Guerra, justo al mitin siguiente en Valencia, sube Felipe al estrado con un cabreo de mil pares diciendo que si vamos por ahí diciendo que si él era el pasado y Rajoy el futuro… pluscuamperfecto. La nube de gente opinando en tiempo real se había convertido en vacuna antidemagogia. Como, por otra parte, tampoco ha parado de advertirnos acerca de lo incierto y amenazador del programa del gobierno que viene, dicho sea de paso.
Son las primeras elecciones realizadas bajo el ojo libre de Internet, y viene para quedarse. Nada será similar. «¡El 21N nos levantaremos en el Hades!» tuve la ocasión de escribir recientemente en un foro, parafraseando a Leónidas, el héroe de la Termópilas. Pero Rajoy va a tener a la oposición diaria, asumida ya por miles, millones de ciudadanos como una opción libre, fluyendo por la electrónica y traspasando el aire de las pantallas a las retinas. Y de las retinas y los cerebros a la calle, como ellos saben. Con menos algaradas de las que se temen. Pero con muchas más propuestas de las que se imaginan. Y como todo es mejorable, refinando el discurso de los foros, evitando el menudeo de insultos que ahora vemos y aprendiendo a argumentar y contraargumentar, trayéndonos a casa lo mejor de nuestra civilización, el Ágora de Atenas y la mayéutica de Sócrates. Si Rajoy intenta emplear el poder absoluto que le pronostican los sondeos y contra el que se ha querido alzar Rubalcaba, el resultado será un cambio inesperado que ya se va preparando: la sustitución de la democracia representativa por la democracia directa, al menos para ciertas cosas, puesto que la tecnología lo permite.
El segundo elemento que veo de normalidad democrática es el cruce de la frontera perfecta que existía hasta ahora. El trauma de la Guerra Civil y la dictadura ha pesado y sigue pesando a plomo en la convivencia entre españoles – en el sentido amplio de la palabra, incluyendo a los ciudadanos que viven en comunidades que no sienten esa lealtad -. Ello trazaba una fina línea roja infranqueable entre las cúpulas de PP, que procedían de UCD o AP y, de un modo más o menos lejano, enlazaban con la dictadura y el bando vencedor, y las del PSOE y los nacionalistas, que referencian a la Segunda República y al bando perdedor, legitimado en las urnas en febrero del 36. La calle es otra cosa. Vivíamos un poco como podíamos, sintonizando con esto o con lo otro, y sin poder expresarnos mucho, como he expresado más arriba. Si esta noche los datos lo refrendan, será la primera vez que, de modo significativo, votantes del PSOE crucen la línea y depositen en la urna una papeleta del PP. ¿Dato bueno o malo? Supongo que nada es verdad ni mentira, sino depende del color del cristal con que se mira, como en el poema de Campoamor. Lo quiero mirar desde el lado bueno – y usted me dice abajo lo que quiera -. Pero primero lea mi razonamiento. Quiero ser Inglaterra. O Dinamarca. Y tener normalidad democrática. Y que no vivamos un proceso electoral como algo dramático, como un vida o muerte, como un febrero del 36. Quiero desterrar «¡Que viene la derechona con las tijeras!» o «¡Que viene el sociata despilfarrador!». Al igual que quiero desterrar los insultos protegidos por el anonimato de internet, como dije antes. Para ello, para progresar en la gestión respetuosa y civilizada de la discrepancia y profundizar en la normalidad democrática, es bueno que un porcentaje significativo de votantes cambie de campo cada poco tiempo – entre los partidos mayoritarios, pero también entre cualquiera de éstos y los nacionalistas, o entre cualquiera de los anteriores y los partidos minoritarios -. Es bueno acabar con el espíritu tribal y el prietas las filas para profundizar en las propuestas y argumentos. 
La nota triste, lo sé, es que ese cruce de filas se hace con el único argumento del pánico a la situación económica real, sin que la opción elegida haya detallado un programa para este momento dramático. El único contraargumento que veo a ello es que la propia experiencia de la mala gestión económica y del «así no puedo seguir» pueda convertirse en un argumento válido para superar el tribalismo político. Ahora no entro en si esto es bueno o malo. Se lo dejo a cada quién. Y ahora les dejo, que son las 9:10 y ya están abiertos los colegios electorales. Me voy a emitir mi voto. Buenos días y buena suerte.

Mis cosas en twitter: https://twitter.com/#!/frelimpio

2 thoughts on “¿Normalidad Democrática?

  1. Anónimo says:

    Pero, una pregunta: ¿es este el momento adecuado para el cambio que "se está dando" (me refiero al traspaso de fronteras al que usted se refiere?. ¿No le parece que en estos tiempos de incertudumbre, un cambio de esa magnitud puede profundizar en el desequilibrio del país, lo cual retrasaría lo que verdaderamente creo que queremos la mayoría: salir de esta penosa situación en la que nos encontramos?. Y no quiero parecer conformista sino realista, pero creo que la mejor solución es remar todos en la misma dirección, que aunque no sea la correcta siempre sea de acuerdo a nuestras posibilidades actuales (me refiero a aprovechar las posibilidades de las que disponemos al máximo). Y si me permite una última pregunta, ¿la franja que separaba a un votante de por ejemplo el PSOE y a otro por ejemplo del PP, se ha derrumbado o se levantará firme cuando termine la crisis? (espero que esta pregunta le aclare las comillas de la primera pregunta). Pienso que esta época es la menos acertada para pedir un cambio tan radical, y de esa naturaleza (refiriéndome al objetivo de dicho cambio, es decir el cambio en la democracia).

    Perdone mi expresión, y la poca profundidad del comentario.

  2. bor says:

    NI PSOE NI PP POR ESTO,corruptos 730 y los librados,29 años de gobierno mitad salario de Francia,Alemania,Italia,Inglaterra etc,se regalan coches,trajes,VPOS,viajes y joyas,se perdonan sus deudas,colocan a hijos,primos,amigos,control medios y analistas de TODAS las tertulias debates,se niegan saldar piso por hipoteca, incumplen programa electoral,(manipulan ceoe,ccoo,ugt,iglesia,tv,periodicos,todos a sueldo)¿JUSTICIA?¿existe una justicia justa?NO..NI PSOE NI PP,PERO VOTA.GRACIAS.PASALO PORFAVOR.

Comments are closed.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error

¿Te gusta esta web? Suscríbete y difunde