fbpx

No pasarán.


Como consta, he seguido con interés la revolución árabe en general y el capítulo libio en particular. Preví un desenlace rápido, y me equivoqué. El dictador tiene medios y adeptos, lo que no tiene son escrúpulos ni ética. La evolución del conflicto, de revuelta a guerra civil, amenaza con enfangarse e inestabilizar el área. Pero por encima de cualquier consideración nuestra atención debe dirigirse en el momento actual hacia los muertos y heridos, combatientes y civiles, sobre todo del bando insurgente – más numerosos, peor organizados y armados -, que se lanzan desesperados contra blindados y helicópteros a sabiendas de que no pueden perder. Que si gana él la represión será atroz. Como siempre dijeron los revolucionarios, ahora más que nunca: victoria o muerte. Porque la derrota será tortura, humillación y al final, muerte.
Los insurgentes no nos piden que los salvemos. No piden la intervención terrestre. Nadie quiere allí a los yankis o a los europeos (quedarán todavía ancianos que recuerden la invasión italiana o el péndulo de la Segunda Guerra Mundial). Sólo piden un mínimo gesto: luchar en igualdad, la exclusión aérea. Que el dictador no use aviones y helicópteros contra ellos.
Y ahí están los occidentales dándole vueltas, permitiendo que la guadaña verde aumente día a día su factura. Los árabes dudan. No quieren más intervenciones de fuera. Lógico. La memoria histórica pesa. Y mucho. Además tienen otras motivaciones. Muchos tienen otros regímenes tambaleantes. La caída definitiva de uno de los más notorios, longevos y floklóricos podría tener insospechados efectos de contagio, posiblemente a muchos kilómetros de distancia. Los muertos nunca importaron. Es más, sirven bien de advertencia a sus propios súbditos. Una vacuna ejemplar.
Lo más curioso es el caso de Rusia y China. También se niegan a la exclusión aérea. Y ahí podemos cuestionarnos del por qué. Claro que podemos hipotetizar o marear la perdiz.
1.- Ambos regímenes tienen un proyecto geopolítico propio, qué duda cabe. Huelen que los EEUU y particularmente Europa han entrado en declive y buscan su espacio de predominio. Rusia acumula además el rencor de la derrota en la guerra fría y el desmembramiento parcial de su imperio. Lleva dos décadas perdiendo población e influencia. Está estancada en una interminable guerra en el Cáucaso de la que casi nada se sabe y, a estas alturas, casi no interesa a nadie. Quiere frenar la sangría en poder y prestigio consolidando cierta eficiencia económica como país emergente, sostenida por sus inmensos recursos naturales y por cierta paz social impuesta por una dictadura implacable, consentida y no cuestionada por sus socios occidentales. Lo de China es peor, si cabe. De economía deficiente a fábrica del mundo. Potencia mundiar y militar, con armas atómicas. Y con miras hacia África como espacio propio.
2.- Ambos regímenes son terribles dictaduras. Lo he dicho antes en el caso de Rusia, pero es particularmente cierto en el caso de China. Y no sólo por el aplastamiento de la cuestión tibetana. Se ve en todo: el ejercicio abrumador de la pena de muerte, la censura en internet, el trato de la disidencia o el modelo de desarrollo económico, basado en condiciones laborales que hacen buena a la Inglaterra victoriana. Que uno de los último países del mundo formalmente gobernado por un partido comunista logre un espectacular desarrollo económico sobre la base de un brutal capitalismo salvaje y la negación de cualquier derecho sindical, y que no pase nada y que nadie diga nada, es algo que no deja de asombrarme en los último tiempos.
3.- Ambos regímenes son o han sido socialistas, son o han sido anti-occidentales, son dictaduras y son  o han sido simpatizantes de Gadaffi y le han provisto de armamento y, en su época, de apoyo, argumento y coartadas. Tienen algunas razones para respaldar al tirano, pero sobre todo, la razón principal es:
4, y conclusión.- Que la intelligentsia de ambos regímenes ha comprendido bien el calado de las revueltas de esto que he llamado la caída del telón de arena. Que es más que el caer de los regímenes de la zapatilla y el turbante. Que el sueño de la libertad es contagioso y les afecta. Que lo que ayer fue la plaza de El Tahrir, mañana podría ser la Plaza Roja de Moscú y pasado la Plaza de Tiananmén, en un segundo capítulo. Pero esta vez podría ser que un ejército desmoralizado de la  corrupción de los altos cargos de los regímenes respectivos se negara a ensangrentarse las manos con la sangre de sus conciudadanos y que girara las torretas de los tanques contra altas oficinas y ministerios. Y conocedores de lo que hay, las élites rusa y china, herederas de décadas de dictaduras  en sus respectivos países, han decidido que Trípoli será la tumba de las libertades. Que no pasarán.
Desde luego que el tema da para una buena novela, si uno tuviera tiempo, energías y talento. Como no tengo otra cosa, les dejo con las miserias de un médico entre la presión de la industria farmacéutica y la moderna gestión sanitaria. El e-Book es completamente gratis y me han dicho que está entretenido. Va por ustedes.


1 thought on “No pasarán.

  1. David González Caballero says:

    Muy buen artículo. Opino lo mismo pese a que prefiero una intervención de Túnez y Egipto que a cualquier avión americano derribando aviones libios.

Comments are closed.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error

¿Te gusta esta web? Suscríbete y difunde