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Ná te pido, Susana…

Ná te pido, Susana. Es cuestión de dignidad, de vergüenza torera, ahora que los toros atraviesan horas bajas. Lo que está claro es que ná te debo, ná se te debe por estos lares, los tristes lares de la función pública en general y la sanitaria en particular.

Me voy de tu vera, quilla. Y no lo digo por mí, que de tus compañías poco quise, lo digo por muchos a los que oigo y presto voz, por si quieres oirlos. No tendrás más remedio, a partir del 26J. Que ahí nada acaba, como bien sabes, todo empieza: que sólo estais ante el Sanedrín y largo es el camino hasta el Gólgota. Así que te insisto, guapa: me voy de tu vera, olvídame ya.

No me vengas ahora con cantos de sirena de quitarme las tardes del por ovarios y devolverme cuatro perras que me quitaste cuando se te cae el mojón del culo de la jindama, después del varapalo del juez, a dos días de las urnas. Que he pagao con oro las carnes morenas – y las mariscadas, y las copas, y tantas cosas… – que se chuparon todos los sinvergüenzas a los que les hicisteis la vista gorda. Asi que no maldigas, paya, que no estamos en paz. Es muy difícil que lo estemos.

No te quiero, Susana. Por eso, hazme el favor de no decirme que me quieres, en estas tesituras. Porque obras son amores, y no buenas razones. Si el por culo me lo diste, yo ná te pedí. No me eches en cara que no os llevasteis un gordo. Porque el que no se llevó el puñao de parné fui yo, que todo lo pagué sin rechistar.

Bien pagá, Susana… La Junta, esa bien pagá… Que las herencias las agarra bien. Y a mi me supiste dar, dos monedillas de ná, jartito que estoy a trabajar. Bien pagá, bien pagá, fuiste mujer…

No te engaño, mujer. Quiero a otro. O a otra. Mira a un lado y al otro, que hay donde elegir. No creas con eso que te traicioné. Porque… ¿Quién eres tú, a fin de cuentas, para hablar de traiciones? A menos que quieras sentar cátedra de puñalá trapera, que entonces sí, atentos, que habla la maestra. Pero esa a la que quiero no ha caído en mis brazos. Me dio sólo un beso. El único beso que yo no voté. Aún me tiene que convencer.

Ná te pido a estas alturas. Ná me llevo que no sea mi sueldo recortao. Entre esas paredes dejo sepultás penas y alegrías, horas de trabajo, las que te he dao y muchas más que me obligaste, y esas medallas de oro que ahora en la campaña lucirás.

@frelimpio

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