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Los Controles que Daban Solidez a Nuestra Democracia

Estoy leyendo – a ratos – «Todo lo que era sólido», de Muñoz Molina. Capítulo 18. Hay frases que me llegan al alma. Va de los ochenta. Entonces, uno hacía Medicina y se creía que todo sería posible, o que todo sería posible en la Unión Europea. Extracto:

«Había mucho dinero y los políticos tenían mucho poder, gracias a la aprobación de leyes oportunas, que los liberaban de la sujeción a aquella legalidad de la que se habían quejado tanto en los primeros tiempos, cuando se declaraban maniatados por lo que se llamaba entonces «trabas burocráticas». […] En aquellos años de cambios muy sonados pasó inadvertido uno de los que iban a tener consecuencias más demoledoras en la vida pública española. […] Lo que sin que nadie lo advirtiera o lo denunciara empezó a suceder hacia mediados de los años ochenta es que al mismo tiempo que las instituciones públicas empezaban a disponer de mucho dinero desaparecían los controles efectivos de legalidad de las decisiones políticas.»

Como andaluz, vivo abrumado por el alcance del inacabable proceso de los EREs, como ustedes ya saben. He escrito varias veces sobre ello en este blog, con más o menos acierto. Creo que el proceso quedará en nada e ignoro si hay o no fuerzas ocultas que forzaron el blindaje político y legal del diputado Viera, por ejemplo, sobre la base de lo que sabía o conocía de terceros bien situados. Tal vez se sepa algún día. O quizás nunca.

Yendo de lo particular a lo general, e inspirándome en el texto de Muñoz Molina, puede comenzar a realizarse una visión crítica de nuestra historia política reciente. De Andalucía y de España. Porque si la jueza Alaya se empeña en la ilegalidad de cómo la Junta manejo los fondos durante una década, la Junta puede responder, probablemente, que se atenía a los resquicios de una legalidad vigente. Diseñada ad hoc, para saltarse controles.

Quedará en nada, seguramente. En sentencias y recursos de leguleyos. En millones perdidos cuando una nación agoniza y miles de bocas son alimentadas a diario por Cáritas. En decenas de políticos que miran hacia otro lado en un «yo no fui», «yo no estuve», «fueron cuatro golfos».

Pero que nadie quita, como dice Muñoz Molina, que en una etapa determinada en la que se vio venir el dinero, gente muy concreta se reunió y acordó cómo legislar para saltarse todos los controles que son el fundamento de una Democracia fiable. Y, con ello, sembraban el camino para la desafección, la abstención y el desaliento. Para el «todos son iguales», el «no hay futuro» y «todos van a trincar». De aquellos polvos, estos lodos.

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