Dicho ya, no quedan dudas: el 28 de abril nos las veremos en las urnas. De tirios y troyanos, glosan ahora articulistas de todos los periódicos. Del «¿Qué pasará?» al «¡No pasarán!». Pero hoy me centro en mi esquina querida: el flanco sur.

Antes, un flashback. Las dos almas del PSOE. Algo admitido por todos. Algo que nos retrotrae a los años treinta y la Guerra Civil. A Indalecio Prieto y Largo Caballero. Dos almas, pues: una roja carmesí, y la otra roja desvaída. Jacobinos y pactistas. Líos de familia y odios de toda la vida. Saltamos a la foto de la tortilla: Felipe y Guerra. Luego, Almunia y Borrell. Después, Matilde Fernández y Bono.

Las dos almas llegan pero que muy vivas a la segunda década del siglo XXI. Tiempos de mayorías absolutas de la derecha. Sobrevivió, sin embargo, el PSOE pactista en Andalucía. Era la tierra de Felipe, al fin y al cabo. Sus herederos reivindicaron esta tradición, a lo largo de décadas. Gobernaron sin interrupción, a la sombra de los laureles del César. Este nunca se nos fue del inconsciente colectivo, de la urdimbre afectiva.

Recuerdo la presentación del libro de memorias de Carlos Solchaga en Sevilla, hace un año. Preguntado este, de modo sucinto, «Carlos, ¿Pedro o Susana?», la respuesta fue escueta y rápida: «Susanaaa». Le salió del alma, al hombre. Lo sé, porque lo vi y oí. Y fue más elocuente la expresión que la palabra. Faltaba un mes para aquellas primarias en que las bases del partido dirimirían la misma cuestión, pero en sentido contrario. Pocos advirtieron del calado de la elección.

Luego vino la moción de censura y el “gobierno bonito”. La “moción engañosa”, Guerra dixit, porque la obligación de Sánchez habría sido convocar elecciones ipso facto para aclarar el panorama político. Pero Alfonso Guerra, como Felipe, son hombres de otra época. Tal vez la prioridad de Pedro Sánchez sea aclarar el panorama interno del PSOE, para aclarar después su aplicación en política. Y me explico:

Julio del 2018. Casi todo el PSOE ha sido conquistado por el nuevo César de la Moncloa. Un caudillo que horroriza a muchos de su partido por su alianza con “populistas de izquierda” e “indepes”. Gentes, estas, que cuestionan el legado de la Transición y la Carta Magna tan trabajosamente elaboradas por el PSOE de Suresnes.

Frente al nuevo César, una aldea gala, en el sur, resiste ahora y siempre al invasor jacobino. La derrotada en las primarias se enroca en las esencias filipinas. En lo que se ha denominado jocosamente “Peronismo Rociero”, cuyos mayores esperan ahora sentencia en el banquillo de los acusados. Celosa defensora de una ortodoxia de ella misma con su persona, Susana excluye a todo tufo a sanchismo en las listas electorales al Parlamento Andaluz para el 2 de diciembre.

Dos almas, Largo y Prieto, Pedro y Susana. Humillada esta en las primarias, eliminará a los sanchistas de las listas, segura de ganar en Andalucía, como siempre. O de completar mayoría con Podemos. Siempre encontró una muleta, llegado el caso. No se le caía la sonrisa a la mujer en la campaña del zen.

Pero el 2D pasaron cosas extrañas. El tsunami le borró la sonrisa a Susana. El PSOE, a modo de Gollum, pierde “su tesoro”, la Junta de Andalucía. ¿Por qué razón o razones medio millón de votantes del PSOE decidieron quedarse en casa…? Un verdadero misterio. Susana intenta vendernos que el motivo fue Pedro y su apaciguamiento con los indepes catalanes, tras los sucesos de otoño del 17. Argumento cómodo, donde los haya. Porque le evita a Susana la necesidad de presentar la dimisión para irse… ¿adónde…?

Existe otra hipótesis alternativa, a la que servidor se adscribe. De modo elemental: el “Peronismo Rociero” se nos había hecho insoportable a muchos andaluces. Estar siempre a la cola de todo, negándosenos la evidencia. El deterioro innegable de la Educación y la Sanidad Públicas, mientras los voceros del régimen – sí, régimen, tras 37 años de dominio del BOJA y los medios — pretendían convertir la noche en día. Y mil cosas más que dan para otro post.

Pero existe, además, una tercera hipótesis, que no excluye a las dos anteriores. El alma B del PSOE, en Andalucía. El sanchismo andaluz, verdadera oposición dentro del partido. Un jacobinismo silenciado, castigado al rincón, por díscolo y por rojo. Por inquietar a un empresariado subvencionado por la ex sultana y, por tanto, contentísimo con ella. Ni uno de los representantes de este PSOE sanchista se sienta hoy en el Parlamento de Andalucía. ¿Es posible que los sanchistas andaluces bajaran los brazos en la campaña del 2D a modo de revuelta interna? Indemostrable. Ahí lo dejo.

Y vuelvo al principio de este post: el 28A que se nos viene encima. A nadie se le escapa el monto de la apuesta. A un lado, Colón, como dice Juliana. Al otro, el gobierno Frankenstein, como dicen los de Colón. A Enric Juliana no se le escapa la peligrosidad del dilema. Me pregunto qué pensará del brete el alma prietista del PSOE, desde el “jarrón chino” a Susana.

Tras el tsunami del 2D, el jacobinismo sanchista quiere largar a Susana. La duda, solo el momento y la fórmula. Cálculos, por otra parte, familiares a la interesada, que se los hizo a muchos compañeros de partido durante años con una frialdad escalofriante. Una victoria del PSOE que permitiera a Pedro Sánchez formar gobierno le daría manos libres para promover los cambios necesarios en el Partido, en Andalucía. Librarse de Susana, vaya, sustituyéndola por María Jesús Montero, mujer de probado marchamo jacobino.

Pero la victoria el 28A requiere la colaboración de Susana y los suyos, sí o sí. El “puerta a puerta” que tan bien sabe hacer el PSOE de Andalucía. Lo que tantas veces funcionó a la perfección. A excepción, fatalmente, de diciembre del 2018, vaya usted a saber por qué. Susana podría considerar lo de arremangarse, o no, dependiendo de la existencia de un pacto de malvados con Pedro. Pero, más aun, de que ella confíe en que este lo vaya a cumplir, llegado el caso. Porque, caso contrario, a la mujer le basta con hacer dos proclamas de boquilla, y cumplido el expediente.

Porque si el PSOE de Andalucía no se moviliza, pasa lo que acabamos de ver: el votante se queda en casa. Andalucía, la despreciada, Andalucía la muy poblada: el gran yacimiento potencial de voto socialista, como se ha visto recientemente. Un susanismo electoral de brazos caídos podría entregar el gobierno al tripartito y acabar con la carrera política de Pedro Sánchez. Realizar, así, una maquiavélica maniobra para dar a Susana una oportunidad en Andalucía en 2022, cuando la gente haya calado bien a la derecha. Y, de paso, bloquear las ambiciones de María Jesús Montero. Mujer que, según parece, no es precisamente uña y carne con la ex sultana. La congiura dei Pazzi, versión San Telmo.

Al fin y al cabo, estas taifas españolas se parecen cada vez más a la Italia del Quattrocento. En la mala leche, no en el talento.

Firmado:

Federico Relimpio

 

Federico Relimpio, médico y escritor.

Twitter: @frelimpio

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