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La Última Bruja Cazada.

“Fumo”, escribe Almudena Grandes hoy en El País (http://www.elpais.com/articulo/ultima/Fumo/elpepiopi/20110110elpepiult_1/Tes). Y no sé si se confiesa o se reivindica. Tal vez ambas cosas. Habla de caza de brujas. Dice que acata la absurda ley del tabaco, pero da a entender que se siente acosada.

Definitivamente, en este país nos gusta la caza. Sólo que el plomo duele únicamente cuando viene a clavarse en carne propia. ¿Por qué no hablaste, Almudena, del animalillo cazado por una denuncia anónima lanzada por gritos que se oyeron a través de estos nuestros tabiques de papel, y que fue sacado esposado de su casa a lo mejor sin que la mujer presentara cargos? ¿Y del pobre gazapo acribillado por rotular los letreros de su modesto comercio en la lengua que no convenía al poder local? ¿Y de esa perdiz envejecida batallando años contra una administración de piedra para recuperar la custodia de un hijo perdido en un mal momento?

La Inquisición iguala a todas las herejías, Almudena. A todos nos tortura y nos reduce a cenizas. A tiempo te das cuenta y haces bueno el viejo poema atribuido a Brecht: “…Y al final vinieron por mí.”

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