La realidad tritura a quien pretende ignorarla. Y mucho más si se está en política, con responsabilidades de gobierno. Hacerse sordo y ciego o, peor, padecer sordera o ceguera selectiva según a qué cosas pasa facturas elevadísimas. Verdaderas ruinas. Pero entremos en materia.

En Andalucía, acabamos de cerrar un larguísimo ciclo político. Sin embargo, muchos no tenemos nada claro que se haya abierto otro. Podría tratarse de un simple paréntesis. Un simple tropiezo, en la marcha de un partido y unos gobernantes que crearon la administración andaluza hace casi cuarenta años. Una estructura amoldada al partido y con unos límites poco precisos con este. Lo del 2D como tropiezo estúpido ha sido el punto de vista y la apuesta de la presidenta saliente, Susana Díaz, y su equipo.

Sin embargo, cabe interpretar que Susana ha estado corta de vista y oído. O corta de vista y oído a lo que no le interesaba. Puede que rodeada de personas que le hacían difícil apreciar la realidad. O le inducían a tener un retrato bastante distorsionada de la misma.

Se pudo apreciar, por ejemplo, en el menosprecio, distancia y torpeza con que Susana Díaz maneja la crisis sanitaria que le estalla en la cara desde el 2016 al 2018, con Granada como epicentro. Y lo sé de modo directo: por mis contactos, entonces frecuentes, con Jesús Candel, y con un contacto que tuve con el consejero en sede parlamentaria. No: la gente del gobierno andaluz del aquel momento no apreciaba el calado del problema. Y lo que podría sobrevenirles, a consecuencias de la negación de la realidad.

La falta de realismo de Susana se objetiva desde el “otoño sanitario granadino” de 2016 a las primarias del partido en 2017. La Presidenta de la Junta se vio halagada por el apoyo de los pesos pesados del partido y del aparato. Pero alguien debió decirle lo que los demás veíamos: que Susana representaba un felipismo caduco, cuando Felipe solo era ya un jarrón chino y millonario, de lo más inseguro acerca del juicio que le depara la Historia. Y que, en el resto del país, Susana era contemplada como la cabeza de un régimen clientelar, con demasiados indicios delictivos y tramas sub iudice sin que a la criatura se le alterara la sonrisa.

«¡Qué hostia!», se dice que dijo tras el fracaso en las primarias.A parapetarse en su feudo, aplastando a toda la disidencia en las listas electorales al Parlamento Andaluz, en 2018.

Del 2D han corrido ríos de tinta. Tantos, como las lágrimas de los susanistas aquella noche.Pero aún era posible que no hubiera pacto, que «su Juan» — por Juan Marín — fuera disuadido in extremis de «echarse en los brazos de Vox» — en la nueva jerga de Susana —. Según se ve, ni Susana sabe de Vox, ni de Juan, ni de nada.

Pero ello era, de nuevo, negar la realidad, como escribí en su momento. El pueblo andaluz, votando o dejando de votar, finiquitaba un régimen clientelar y corruptodonde cada dirección de instituto de secundaria o supervisión de enfermería tenía que estar en sintonía con el régimen. Con la evidencia rampante — y negada, una y otra vez — de que las listas de espera estaban trucadas, de que los que denunciaban la tropelía eran perseguidos, y de que los colegios se caían a pedazos.

Que había otros regímenes clientelares y corruptos en otras Comunidades, seguro. Pero este era el nuestro. Y los andaluces optamos por sacudírnoslo. Ya se verá, más adelante.

Confieso que aguardé con impaciencia el mensaje de fin de año de Susana. Rodado en San Telmo, multiplano, travelling, edición cinematográfica, era todo menos una despedida. Era un no haberse dado cuenta de nada. Era María Antonieta en Versalles, ajena aún a la toma de la Bastilla.«De aquí no me pueden sacar, porque esto es mío».

Pero la sacaron, unas semanas después. Del centro de los flashes, a la periferia. De Sol de los micros, a satélite de Plutón. Nada. O menos que nada: Ferraz no disimulaba que “podían darse pasos para un cambio ordenado en el partido en Andalucía”.Nada peor que una secretaría general hostil, ante la pérdida de «la Joya de la Corona», sin necesidad de esconder a la sustituta.

Pero Susana siguió aferrada a la posibilidad del cabreo de Vox y del hundimiento de los presupuestos de Moreno Bonilla. Elecciones andaluzas, en primavera de 2020. Y antes de verano, de nuevo en San Telmo. En casa.

Pero no, una vez más. Con la realidad en los morros. Como en navidades, Vox no falló a la cita con la realpolitikSabes matar rivales, Susana, pero me da la impresión de que no tienes ni idea de qué va la política de verdad. Y la experiencia sugiere que no hay nada más peligroso que despreciar rivales. Felipe lo hizo con Aznar y este, con Zapatero. El trío de Sevilla, como lo llama Juliana, no es una ocurrencia. Si a Vox se le hubiera ocurrido la peregrina idea de tumbar los presupuestos de Moreno, metían al PSOE en San Telmo el año que viene. Pero no a ti, que lo sepas, sino a María Jesús Montero.

Ahora, con la estabilidad del trío de Sevilla, se abre paso una posibilidad. Que Andalucía vea que no se hunde con la derecha, igual que España vio en el 82 que no se hundía con la izquierda. Y, en consecuencia, vete tú a saber lo que votan los andaluces dentro de cuatro años. Y tú, Susana, para entonces…

Firmado:

Federico Relimpio

 

Federico Relimpio, médico y escritor.

Twitter: @frelimpio

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