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La Pesadilla del Ébola da Diarreas

Cuanto más admira uno el oficio de columnista, menos se comprende el caso de estos intelectuales, que después de demostrar durante tantos años su gran amor y entrega a la pobre gente asolada por todo tipo de discriminación y miseria, una vez confrontados con un caso de desgracia personal ligada a la solidaridad y la abnegación, prefiere utilizar su privilegiada tribuna para destilar un tonillo de sorna ante el despliegue de medios empleado en su ayuda. 
Sin dudas se consideran árbitros de en qué se debe emplear – y en qué no –  la solidaridad y los impuestos. Ellos, como muchos, piensan en la tragedia que podía suceder, y bien que hablan de ello sin miedo alguno al terror que se está expandiendo y que nadie puede contener. No es preciso que su comodidad nos recuerde lo de las vallas y los cuchillos de nuestras fronteras en Ceuta y Melilla donde se agolpan miles de seres desesperados procedentes de regiones africanas donde el virus del Ébola se reproduce sin control alguno. Ni que nos repitan que periódicamente se realizan asaltos a esas vallas y que cualquiera puede contemplar esos cuerpos ensangrentados recibidos por guardias civiles y asistentes sociales sin la más mínima protección. Y digo que no hace falta porque ya lo sabemos de sobras. Y porque estos articulistas no lo saben mejor que nosotros: no se han movido de sus sillones para redactar sus desahogos. Los que sí han estado mucho más allá son estos compatriotas que ahora enferman de Ébola y a los que cínicamente se les recuerda que podrían quedarse allí a morir. En contraste, estos plumíferos de domingo se han levantado inspirados y nos recuerdan que no hay proporción entre las medidas estrictas de protección que se han tomado para repatriar a unos religiosos infectados – sin recordar por qué se han infectado – y el descontrol que existe con las avalanchas masivas de inmigrantes desesperados. Y, mezclando a voluntad un tema con otro, el afectado intelectual nos dice que si un día aciago el Ébola saltara también la valla y se produjera un contagio masivo a este lado de la frontera, que nadie dude de que esos países felices y egoístas – ¿tan felices y egoístas como estos escribidores, que no arriesgan un pelo? – de la Europa rubia – ¿Dónde están los rubios en España, en Magaluf tal vez? – serían absolutamente rigurosos a la hora de establecer sobre España un cordón sanitario con un rigor extremo. Tal vez nos den lecciones de rigor ético e intelectual ciertos columnistas tranquilamente apoltronados, que le recomiendan al desafortunado que sí hizo de la solidaridad su vida que muera solidariamente. 
¿Qué hacer? Yo creo que la respuesta está clara, señor: hacer mutis por el foro y no decir estupideces. No quedar a la altura del betún periodístico e intelectual. No pedir a gritos que le hagamos un minimental (test para el cribado del Alzheimer y otras demencias) y que luego resucitemos la Ley de Dependencia Intelectual. Dice usted que por caridad llegó la peste. Usted da señas claras de no saber de qué se trata – o de que se trató – la peste, ni lo que fue – o lo que es – la caridad. Y se despide el buen hombre con que este maldito virus ha infectado ya nuestra conciencia. Pues ya que la ha infectado, podía rehacer su columna, tribuna, artículo, parida o pedo mental, y repensar las primeras líneas. Porque, por encima de todo, son un certificado de caducidad. De caducidad ética e intelectual. De constatación de que de algo hay que vivir y de que hoy tocó cagarla. A ver de qué toca mañana. Buenas tardes, señor Vicent. Se las da su lector de muchos años. Y que le conste que esto no es un divorcio; es una simple peleílla de novios.

@frelimpio.

2 thoughts on “La Pesadilla del Ébola da Diarreas

  1. Federico Relimpio says:

    Gracias por el interés y la participación. Como usted verá, no entiendo mucho de Ébola. Pero me parece que alguien debía decirle algo al señor Vicent y los directores de El País acerca de pontificar sobre la vida y la muerte desde un loft de la Gran Vía.

  2. Ana M. Roldán Ros says:

    Totalmente de acuerdo con esta opinión. Se han dicho demasiadas estupideces por estos traslados y se han vertido muchas opiniones sin sentido y en muchos casos contradictorias. Enhorabuena por expresarlo tan bien y dejar constancia de que todavía hay personas con criterio y sentido común

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