Tengo que reconoceros – segunda vez – que lo sucedido a raíz de la moción de censura me ha inquietado mucho. Y lo leído ayer en la excelente entrevista a Robert Kaplan en La Vanguardia me inquieta más aun. Pero os lo pongo de un modo en que, al final, o me dejáis por imposible o me tiráis los trastos a la cabeza.

Eurocracia, entre Bruselas y Berlín. Gentes que estaban a lo suyo, viendo cómo negociaban el Brexit. Hasta el 1 de octubre pasado. De repente, algo se mueve en España – porque, para ellos, Cataluña es España, no lo dudéis -. Esteladas, señoras mayores ensangrentadas, porras y un largo etcétera.

Telefonazo a Mariano – traductor mediante, lógicamente -. Corresponsales a Barcelona, a ver qué. Una semana después, la ciutat llena de rojigualdas. «Esto no es tan simple, oigan», transmiten los periodistas. Empresas que cambian su sede social y miles de españoles que abandonan La Caixa. Berlin se admite un punto de preocupación: “banderitas, las que queráis, pero el euro es el euro”. La ciutat se llena de otras banderitas: la corsa, la flamenca, la bretona, la padana. Invitados insospechados a esta cena de exaltación y sensibilidades. La preocupación de Berlin se acentúa un poco, para lo que suele.

Cabe plantearse que, allá al norte, esta élite berlinesa considerara que este asunto interno español no era tan interno, ni tan español. Que elementos peligrosos contenía que afectaban de lleno a la cohesión europea y a la supresión gradual de fronteras, por ejemplo. Y que sería de lo más conveniente animar a las partes a la reanimación del acuerdo que hasta hace poco reinaba en las relaciones catalano-españolas.

Pero no, oiga. No hay manera. Desde hace un siglo, para acá, la diplomacia es incapaz, lastrada por las opiniones públicas respectivas. El peso de la calle, que se dice. Las élites provincianas respectivas han jaleado a su bancada, y ahora resulta imposible enfriarlas, sin que la turbamulta les forme barricadas. Dentro de lo olvidada que tienen Bruselas-Berlín lo de la construcción europea, lo menos conveniente es una capital hermosa y prestigiosa a orillas del Mediterráneo reclamando su estado-nación. Foco e inspiración de todos los estado-naciones que no pudieron ser en la Europa contemporánea. Y albergando un conflicto de calado con los sudetes españoles de la así llamada Tabarnia.

Bruselas-Berlín necesita cauterizar este foco de pus – por el conflicto, no por otra cosa -. Los compromisos de Rajoy con sus bases se lo hacen imposible. Y no se ve cabeza alternativa en su partido capaz de tener autoridad y seso – difícil, las dos cosas a la vez – para desfacer mínimamente el entuerto. No abundan las mujeres u hombres de Estado en la España de hoy. Ni a este lado del Ebro, ni a aquel. Es preciso sacar la pelota del campo de juego. Aunque sea para conseguir tiempo muerto. Porque la cuestión de Estado española es una cuestión de estado Europea, sépase ya. Sin que nadie lo quiera admitir. En ello consiste la diplomacia: en mantener los asuntos vitales lejos de las tabernas.

Bruselas-Berlín necesita otra gente en sus asuntos de España, y las cursivas son intencionadas. Tiene información veraz y fresca de lo que pasa y se busca a aquellos capaces de proporcionarles una solución. Los que estuvieron al pelo de facilitar una salida negociada al conflicto catalán a fin de octubre del año pasado. Los catalizadores de la moción de censura que acabamos de vivir: los nacionalistas vascos. mocion berlinesa

Lean el artículo acerca del particular de Enric Juliana en La Vanguardia: “en Bilbao habían recibido alguna llamada de Bruselas: ninguna orden del imperio europeo de nuevo tipo – ese imperio que tan bien definía ayer Robert Kaplan en La Vanguardia –, pero si un mensaje de preocupación por la suma de inestabilidades políticas en España e Italia, con la prima de riesgo subiendo en ambos países”.

Comprendo, que es prematuro decir toda la verdad sobre el particular. Que es muy probable que el Reich Alemán se inmiscuyera en asuntos que, hasta el día de hoy, tendrían las consideración de “domésticos”. Sería alarmante. El público no está aún preparado para la noticia.

En este sentido, sería como aventurar la hipótesis que la abdicación de Juan Carlos I fue decidida en la reunión de los Bilderberg, en el hotel Marriott de Copenhague, unos días después de comprobar que Pablo Iglesias conseguía cinco escaños en el Parlamento Europeo. Algo descabellado, ¿verdad? Y, sin embargo, comprueben las fechas. Las coincidencias no existen. Y una semana es una eternidad en política.

Por eso, también es posible hipotetizar que a Mariano Rajoy lo despide su valedora, Ángela Merkel. Ya no le valía para su delegación en España. Y, cierto, no se puede probar nada de lo que estoy escribiendo. Lo cual me pone, de entrada, en el blanco de la principal acusación de nuestros días: la conspiranoia. Lo acepto. Y me refugio en el clásico italiano: “se non è vero, è ben trovato”.

Creo que es planteable que la moción fuera organizada o sugerida desde muy arriba ante el empecinamiento sistémico de la situación catalana y la necesidad de situar en España nuevos actores capaces de desinflar el conflicto. Y que en el Euskadi Buru Batzar pesaran más cosas, además de la opinión de confebask y la calle vasca. La sentencia Gürtel fue una excusa perfecta. Yo me la creí.

Por otro lado, los canales adecuados transmiten las órdenes oportunas al así denominado gen convergente: demasiado tiempo echados al monte, no podemos perder otra guerra carlista. Subterráneamente, la gente adecuada pone en conocimiento de los congresistas del PDCat el encargo: conseguir un armisticio – con Cataluña todo son treguas o armisticios, nunca se llega un tratado de paz – con una nueva figura, colaborando en la consecución de la nueva persona, claro está.

A la nueva persona, Pedro Sánchez, la figura del momento, no sé lo que se le transmitió. Tal vez poco. Apenas nada. No hacía falta. O no, en este momento. Ya se le comunicará lo preciso, más adelante.

Afirma la sabiduría popular que los listos conocen bien el motivo de su derrota y los tontos lo ignoran todo acerca de las causas de su victoria. Ignoro si Pedro Sánchez se da cuenta del debilísimo entramado sobre el que se sienta – en mi post de ayer algo decía, al respecto -. Da igual, en breve su Majestad Imperial le comunicará su cometido fundamental: quemarse en pocos meses. Quemarse firmando la paz con los catalanes. Tal vez Ángela Merkel se forme de él la misma opinión que enunció su terca enemiga y correligionaria, Susana Díaz: “no vale, pero nos vale”. O tal vez sea él el que la sorprenda con una paz honrosa que le catapulte a las siguientes generales – por algo lo califiqué “Pedro el Empecinado” -. Resistencia sí que ha demostrado, el hombre.

mocion berlinesaDe la maniobra, nos faltan dos decretos imperiales:

El primero, a Rajoy, de largarse por las buenas. Sonriendo, diciendo adiós, como se puede ver en la espléndida foto de Dani Gago. No sabemos lo que Angie le ha prometido por su aquiescencia. Tal vez, salvar los muebles, él y su partido, y buscar una figura alternativa para apoyarla decididamente de cara a los comicios próximos. Ya veremos.

El segundo, a Rivera, de mantenerse en el banco de la paciencia. Ahí, sin alharacas, de perdedor de esta crisis. Tampoco sabemos siquiera si cuenta algo o nada para Angie. Joven promesa, en todo caso, por si los de Rajoy no encuentran a nadie. No sabemos nada. Lo dicho, ya veremos.

El caso es que ahora toca guardar banderas e irse a la mesa de negociación. Vienen meses de elecciones, no de guerra. Y las provincias del Mediterráneo deben estar en paz, que toca negociar el Brexti con los únicos que se han atrevido a abandonar el Imperio. Por lo pronto.

Schlussfolgerung ( a modo de conclusión): después de ser colonia fenicia, griega, cartaginesa, Hispania Romana, provincia del Imperio Bizantino, Emirato Dependiente de Bagdad, Marca del Imperio Carolingio, Imperio de los Habsburgo e Imperio Napoléonico, España vuelve a la tradicional condición de provincia imperial bajo el 4º Reich Alemán. Preguntádselo a Alexis Tsipras, que se creyó que fundaba una especie de Cuba griega dentro de la UE y que abandonaba el euro.

Federico Relimpio

“Bajo su piel tatuada”

(picar aquí)

2 de enero de 2018

Novela totalmente recomendable. Refleja una realidad como la vida misma y muy actual que trata importantes temas sociales como religión, violencia, sexualidad…
Personajes frustrados, tristes, marginados, cotillas…viviendo o sobreviviendo en plena crisis económica, sin esperanzas. Su lucha por salir adelante….mezclando pasado y presente.

frelimpio

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