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La Madre del Mundo.

Así llaman los egipcios a su caótica capital. La wikipedia le calcula más de 24 millones de habitantes. Es la urbe más poblada de África y la decimotercera más poblada del planeta. Y, desde hace una semana, no me cabe duda que es donde se cocina el pulso de la historia al comenzar la segunda década del siglo veintiuno.
Ignoro si captan la emoción que me embarga al teclear las letras que componen este mensaje. En el momento de la redacción, el octogenario tirano aguanta en su sitio. Pero todos nos imaginamos el intenso fluir de su móvil. Para buscar la salida. Y recolocar el botín robado. Para encontrar un retiro dorado, donde no sentirse un apestado. Y para blindarse la huida. Pero el viejo ladrón no morirá en su cama, o ésta no estará en El Cairo, en todo caso. Estará lejos y su anfitrión lo mirará con incomodidad, casi con asco. Cosas de la vida, casi del teatro: como le pasara a Macbeth, parecía inverosímil que el bosque de Birnam pudiera moverse. Pero los árboles avanzan, majestad.
No lo expulsa la ilustración, les philosophes, ni los gastos de guerra de una monarquía arruinada. Lo suyo no es un problema nacional, a confinar por un imposible cordón sanitario. Desde luego, no sirvió para contener la expansión de la revolución tunecina. Tampoco le expulsa un núcleo bien organizado de revolucionarios profesionales, desembarcado en Alejandría por Israel, Estados Unidos, Irán, China o cualquier otra potencia extranjera. No creo que a estas alturas nadie razonable vea que detrás de todo esto esté la mano oscura de los hermanos musulmanes, por mucho que sean y pinten mucho en el país del Nilo. Es poco verosímil ver aquí la reedición de Teherán, año 79. No. Ni La Bastilla, ni Octubre Rojo, ni Ayatollahs, ni La Habana. Primero: desesperación. Segundo: hartura, como decimos en Andalucía. Tercero: juventud, mucha juventud, que con ella va la temeridad y la osadía. Y por fin, lo último, contra lo que en vano ha intentando defenderse el viejo ladrón: las nuevas tecnologías.
Tunecinos y egipcios, jóvenes y furiosos, han demostrado que pueden ponerse de acuerdo en muy poco tiempo para ocupar la calle y echar a gobiernos dotados de formidables regímenes represivos. El régimen salazarista portugués precisó la hartura de su ejército con una interminable guerra colonial. La amedrentada España franquista exigió la muerte del dictador para plantear tímidamente sus reformas. Los regímenes norteafricanos, en peor situación política y económica que la Península Ibérica en los setenta, han caído de un soplo ante la espontánea e imparable organización de sus ciudadanos, demostrando al mundo que, a partir de ahora, lo que hemos venido a llamar la calle tiene voz propia – o mejor, miríada de voces – y no es controlable. Que hoy sería imposible la famosa frase atribuida a don Manuel Fraga – la calle es mía -.
No sé qué viene ahora, ni creo que lo sepa nadie. Tal es el vértigo de la historia. Por ello nuestros regímenes canallescos e hipócritas apoyaron sotovoce las tiranías norteafricanas, del mismo modo que los Estados Unidos u otros países apoyaron o hicieron la vista gorda con las dictaduras ibéricas, griega, turca, latinoamericanas u otras. No puede ignorarse la situación estratégica de Egipto. Muchos me comentan que los Estados Unidos, Israel o Arabia Saudí no van a tolerar una deriva indeseable del movimiento popular. Y yo les digo aquí que ése momento histórico ya está superado. Que millones de personas en la calle – o mejor dicho, en las ondas – tienen ya la palabra, las riendas de la historia y que a las potencias circundantes, si quieren hacer un buen papel, sólo les queda el de catalizadores de un buen desenlace de la crisis. Creo que ya es incluso estúpido exigir a Mubarak que no sea brutal. Su ejército ya no es suyo. No le va a obedecer. Sólo queda decirle dónde está la puerta, dónde está el avión y el lugar de destino. Queda a Estados Unidos y a los países más significativos de la UE el reconocimiento y estabilidad del gobierno provisional, el apoyo financiero y de todo tipo para favorecer que el período hasta la convocatoria de elecciones verdaderamente libres sea de fácil tránsito.
Dije antes que nadie sabe qué viene ahora. Ante esos dilemas, arcanas dictaduras se han dirigido con frecuencia a sectores atemorizados de la población con el consabido: “O yo, o el caos”. En el fondo mostraban más el miedo propio a perder el poder y sus privilegios. Lógicamente las situaciones de ruptura arrojan incertidumbres e inestabilidades. “O yo, o el caos”, diría presumiblemente Marcelo Caetano en el Cuartel do Carmo el 25 de abril del 74. La misma frase podría haber sido dicha por Carlos Arias en el primer semestre del 76. O por Ben Alí antes de su defenestración. O la puede estar mascullando Mubarak ahora. Con todo, en estas tesituras, no podemos optar por usted. Porque probablemente usted mismo sea el caos. Y desaparecido de la escena, un nuevo orden de libertad venga a cimentar el edificio público de otra manera. Mejor siempre, a largo plazo. Y desde luego, menos caótica.
Termino con la consabida: esto no acaba aquí. Escribía Celaya aquello de que la poesía es un arma cargada de futuro. Y claro, me entra un cólico de vergüenza de apostillar algo a una frase tan hermosa y tan bien escrita. Pero me van a perdonar hoy, porque la ocasión lo merece. Porque hoy pienso en toda África, y en Asia, y más allá: en todo el mundo. Allá donde haya un sátrapa, un corrupto – o corrupta, que para estas cosas también vale la igualdad de género -, una persona encargada de chupar la sangre a la gente y luego vender el borrico por el uso y abuso de los medios, es preciso decir a todos y todas que sí, que es posible. Que los móviles y las blackberris sirven para algo más que para organizar botellones. Que hoy, el pulso de la historia late al otro lado del Mediterráneo. Y ya que me estoy poniendo plasta, les dejo con mi verso particular, con perdón de Celaya y los de Filología:
“La Tecnología es un Arma Cargada de Futuro.”

5 thoughts on “La Madre del Mundo.

  1. Federico says:

    Difiero respecto al último comentario. El levantamiento en Egipto no puede sino contemplarse en el contexto del levantamiento y derrocamiento del régimen tunecino. En la emergencia de las redes sociales y nuevas tecnologías como factor de asociación y agrupamiento, como elemento de comunicación y organización. Y por último, en la convicción del antiguo gendarme mundial de que no puede mantener el régimen a toda costa por sus cálculos geoestratégicos. Aunque ello implique abrir la espita a una ola de revoluciones de la que puede salir un verdadero nuevo orden – en la zona y lejos de ella -. No lo vea como excepción, como algo aislado, sino como el inicio de algo nuevo de hondas repercusiones. El mundo no volverá a ser el mismo.

  2. Beatriz Basenji says:

    Te comento sobre tu apreciación de lo que está sucediendo en El Cairo. Comparto tus puntos de vista.Nos emociona que el Pueblo salga a la calle y pida que se vaya el Dictador.Lo de Egipto es sin lugar a dudas excepcional, porque es algo espontáneo, nacido al únisono de la voz popular. Nacido del cansancio del Pueblo, de la frustración reiterada generación tras generación.
    Cordiales saludos.

  3. ep says:

    O lo que sería pero: El futuro está cargado de armas tecnológicas.
    Lo cual da miedo.

  4. Anónimo says:

    La tecnología es un Arma Cargada de futuro y es la primera vez que en la historia de la humanidad y por supuesto en la historia de las nuevas comunicaciones que éstas provocan la revolución. Pero las revoluciones las llevan a cabo un grupo pequeño que dirige y alimenta la sed de las masas.Si no está este grupito, la revolución no triunfa. ¿ Quienes son los dirigentes ?,no importa, ya lo sabremos.Hago hincapié en eso de La Primera Vez que se utilizan las redes sociales porque no será la última. Alguien se ha dado cuenta y ha comprobado que es un método rápido y barato para conseguir una revolución en cualquier lugar a donde éstas lleguen.

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