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La izquierda que tenemos o que tuvimos…


No es Maruja Torres una de mis columnistas preferidas, para qué voy a decir otra cosa. Pero andaba yo relajado el finde pasado en mis Algarves adorados cuando agarré El País Semanal y ahí me la encontré, como siempre, como es ella, sin avisar, de sopetón (http://www.elpais.com/articulo/portada/democracia/solucion/elpepusoceps/20111016elpepspor_1/Tes). Y me la bebí enterita – en el sentido literario y periodístico de la palabra, claro -. Será por dos razones: primero, porque pese a mis filias y mis fobias, y a que voy entrando en años y kilos, me resisto a prejuzgar a nadie y segundo, porque el título del artículo – «La Democracia es la Solución» -, por escueto y por directo, me pareció irresistible. Un dardo en la diana de mi débil cerebro – compruébese por las otras entradas de este blog -.

Hace ya tiempo, siendo Maruja una chiquilla, Dylan entraba en la leyenda demostrando que olía perfectamente la tierra que pisaba cantando aquello de «For the times, they are a changin’…» Y tanto. Para toda una generación, en muchos países del mundo. De repente, John Wayne era un facha y los indios eran los buenos. Y miles de ejemplos de cómo un universo de valores giró ciento ochenta grados, como para llenar millones de blogs, de imágenes, de discos y de memorias. Como la de Maruja, que vivió esa etapa con toda su intensidad.

Todo aquello puso a la izquierda de moda. En los países que disfrutaban de la Democracia y en aquéllos que aspirábamos a tenerla y consolidarla. Pero ya el modelo no era la Unión Soviética, como en los años treinta. Tras Kruschev sabíamos demasiado de los crímenes de Stalin. Además, a la vez que Dylan y los suyos vinieron los tanques rusos a aplastar la primavera de Praga. Y enseguida, el Gulag de Solzhenitsyn. No, la izquierda no olía ya a PCUS ni a Plaza Roja, por mucho que los partidos comunistas intentaran reinventarse. Tuvo que mirar más al oeste, a Suecia y a Olof Palme, a Inglaterra y a su National Health Service. La izquierda posible. La socialdemocracia. Lo otro era como Franco y sus tricornios, pero puño en alto. Es decir, seguir con el palo y la censura. Y ya estaba bien.

Qué tiempos Maruja. Qué de reuniones. Qué de tinta.  Qué de ilusiones – las que ahora faltan -. A las izquierdas nunca se les cayó una palabra de la boca: las contradicciones del Sistema. La tomaron de la teoría marxista. Y tuvieron un éxito considerable para llegar al meollo de la sesera de las clases medias urbanas e instalar con profundidad un nuevo código de valores: solidaridad, fraternidad, igualdad, ética y un largo y bellísimo etcétera que sustituiría a la jungla y la barbarie del individualismo, del egoísmo, del afán de lucro y otro larguísimo etcétera que venía a ser por fin desenmascarado, condenado y relegado a las tinieblas de la historia. Subía al cielo un Estado protector, ilustrado, expresión y representante de la voluntad popular, encargado de llevar a cabo las reformas necesarias para promover los nuevos valores y reequilibrar la balanza en favor de la ciudadanía entendida como conjunto, comenzando por las necesidades más acuciantes.

Propongo aquí para cualquier historiador, sociólogo o periodista la confección de un buen ensayo, riguroso y documentado, de cómo este impetuoso río que tiene su punto álgido en nuestro país en la abrumadora victoria del PSOE en octubre del 82 agota progresivamente su cauce – especialmente donde comenzó, en las clases medias y urbanas-, hasta perder la mayor parte de su credibilidad durante la segunda legislatura presidida por J.L. Rodríguez Zapatero. Creo que yerran los que ven la mano de la crisis – o de la gestión del gobierno Zapatero ante la misma – como la única o principal causa del masivo abandono del electorado socialista a sus opciones tradicionales. Creo que hay algo más aunque, como en el caso de Dylan, sólo es la percepción de un tufo. Como si fuera un «The Times They Are A-Changin’…», pero a mi modo. Tal vez me equivoque, claro…

Decía yo en una entrada reciente de este blog (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/10/tsunami-20-perspectiva-en-andalucia.html): «España se prepara para un terrible cambio, más cultural, psicológico o ético que político. Las coordenadas son otras. Se cierra un ciclo de treinta – cuarenta años que se inició con el deshielo de la dictadura y la instauración de la izquierda en el subconsciente colectivo de las clases medias urbanas del país – incluso bajo la elipsis del gobierno aznarista -, y se abre un ciclo nuevo que sociólogos, politólogos e historiadores tendrán que explicar: la incorporación del individualismo, la profunda desconfianza respecto al Estado y, en suma, la «norteamericanización» de la sociedad española. Fenómenos que toman forma, sobre todo, bajo gobiernos de signo socialdemócrata.»

Volviendo a Maruja y su excelente artículo:

Cuando Tip y Coll ponían de manifiesto que el Gobierno no nos permitía hablar del Gobierno existía una cosa que en democracia se nos fue malogrando: un tejido social con convicciones. Traducido en asociaciones vecinales y otras redes de insumisos, plus mujeres al borde de un ataque de reivindicación, plus sindicalistas clandestinos e intachables, plus intelectuales comprometidos, plus gente que en la prensa se jugaba la cárcel por insinuar la verdad, plus curas básicos que irradiaban sed de justicia, plus necesidad de una vida digna… Aquello era un antídoto contra el seguidismo de la masa. Lo hemos perdido. 
[…]

Todo lo que se derrumbó a golpe de subvenciones o de absorciones o de carguitis aguda cuando ganaron los socialistas, aquel relajo en la participación pública que nos entró… 

Termino ya con un par de reflexiones propias, y retomo ideas esbozadas más arriba. En su bienintencionada lucha por el poder, los socialdemócratas pusieron con frecuencia el acento sobre las contradicciones de la burguesía y el capitalismo. Pero el Estado benefactor que propugnaban e implantaron necesitaba a ese capitalismo – y a pleno pulmón, vaya – para financiar sus programas sociales. No se toca a la gallina de los huevos de oro si me paga los hospitales de los pobres, reconvertidos en los menos favorecidos. Pero a la vez manejo a los medios, que no tratan precisamente bien al empresariado, acusándole de afán de lucro, mientras hago un guiño a los sindicatos amigos. Pero necesito su afán de lucro: sin él no hay empresa, y sin empresa no hay empleo, ni PIB, ni ingresa nada el Estado para los hospitales y las escuelas, entre otras cosas.  Te denigro, pero te necesito. Incluso te doy facilidades para que operes en negro o para que te beneficies de las opacidades de las sociedades interpuestas. Pero recuerda: en público siempre diré lo mismo, que el afán de lucro es malo y eres un egoísta. El electorado es el electorado. Y el peso de mi Estado del Bienestar me lo van a mantener las nóminas. 

Hace falta un birguero de la política para mantener ese equilibrio, tan difícil… ¿Verdad, Maruja? Felipe lo era, desde luego. Por eso sólo perdió tras trece años, con la evidencia de una corrupción extendida, de la guerra sucia contra ETA y, aun así, por la mínima (la dulce derrota). Ahora todo un ciclo acaba, pero, probablemente no tanto por mano de la crisis y ni por crisis – perdonad la redundancia – de liderazgo. Sino en buena parte por contradicciones en los valores. O, simplemente, porque nadie engaña a todo el mundo todo el tiempo. Y el que no se haya leído el artículo de Maruja, que se lo lea, porque indica el camino a la izquierda.

Mis cosas, en twitter: https://twitter.com/#!/frelimpio

1 thought on “La izquierda que tenemos o que tuvimos…

  1. gabriel says:

    No acabo de ver que una "profunda desconfianza por el Estado" sea un síntoma de abandono de tesis progresistas.

    El Estado es el Poder con mayúsculas. El estado tiene un poder sobre el individuo infinitamente mayor que cualquier conglomerado multinacional. Vamos, que el alcalde de mi pueblo me puede amargar la vida mil veces mas que el presidente de Coca-cola.

    El Estado es la mayor amenaza contra las libertades … aunque también puede ser su mejor defensa.

    Defender un estado pequeño es una actitud progresista.

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