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La Caída del Telón de Arena.


Desde que comenzaron a caer los regímenes norteafricanos, he escrito mucho y mal sobre el asunto. Lo siento; lo que hay es lo que hay, y lo que alberga esta sesera mía es de lo que dispongo y pongo a disposición, valga la redundancia. Pero varias cosas capté desde el principio y remaché hasta la náusea: admiración por la valentía, náuseas ante el escepticismo, rechazo del determinismo o de la manipulación de las masas por poderes oscuros y apertura mental ante todas las posibilidades que esta revolución pueda traer. Desde luego, desde que Mohamed Bouazizi (ver imagen) – tragedia personal a inscribir para siempre en los libros de historia contemporánea – decidiera adoptar una brutal y penosa formar de mostrar al mundo aquello del No Future que muchos años antes se convirtiera en el himno del punk en medio mundo, ya el movimiento era intento y extenso. Al encender la mecha y acabar con su vida – ¿Cuántas calles llevarán su nombre en Túnez dentro de unos años? -, hacía estallar violentamente un gigantesco barril de pólvora acumulado durante dos generaciones. Y que hará prender sin dudas un barril subyacente menos explosivo pero mucho más inflamable y de alcances insospechados, uno lleno de una sustancia que hace moverse nuestros coches y de la que se fabrican miles de sustancias, cuyo precio acaba sólo de empezar a tocarse al alza y que si, como todo indica, termina reventando, puede reventar, y valga la redundancia de nuevo, todos los esfuerzos de lo que hoy llamamos occidente por salir del fangal de la depresión económica y forzar a masas desesperadas por el paro a tomar la calle. O a tomar otras derivas más facilonas o peligrosas, que ya vislumbro y de las que hablaré otro día.  

Pero hoy quería centrarme en mis reflexiones sobre esta caída de fichas de dominó internacional, ahora sólo en sus inicios, y que muchos intentamos comparar o analizar en paralelismos con otros momentos históricos, sin mucho éxito. Queda claro que cada revolución es única en nuestro devenir histórico, y los condicionantes a los que obedece son singulares. La historia no se repite. Pero sí puede encontrar pequeños puntos de similitud.

1.- Primero: implosión de los regímenes. Los regímenes caen uno tras otro por elementos internos. Aunque en algún momento todos los dictadores depuestos invocaron al factor externo como desestabilizador, no creo que ningún historiador serio en el futuro pueda decir que lo que esta sucediendo en estos países sea mano de oscuras manos internacionales, como el golpismo latinoamericano promovido por los Estados Unidos o las luchas tercermundistas promovidas por la extinta Unión Soviética.

2.- Segundo: rebelión popular. Los regímenes no son depuestos por el ejército, como el Portugal salazarista. Ni por un partido concreto, como la revolución de octubre. Ni por un movimiento religioso o cultural. Pueden estar ahí, pero no son protagonistas absolutos. Se trata de estallidos protagonizadas por gentes que probablemente hace dos meses tuvieran poca o ninguna adscripción política, cultural o religiosa.

3.- Tercero: rebelión urbana. Son las gentes de las ciudades las absolutas protagonistas. Se les ve en televisión, frecuentemente hablan inglés, se dirigen espontáneamente hacia las cámaras, hablan con desenvoltura con la prensa extranjera y saben del enorme poder de los medios, es más, los han utilizado en su marcha victoriosa. Disponen y usan de la tecnología para la comunicación y organización.

4.- Cuarto:  rebelión de los impacientes. La sublevación sobreviene tras un larguísimo período de estancamiento político, social y económico de estos pueblos, en los cuales la ciudadanía acumulaba toneladas de frustración y resentimiento hacia unas élites egoístas y privilegiadas que les han mantenido fuera de la historia y deprivados de sus derechos. 

5.- Quinto: rebelión en cadena. El movimiento afecta a un conjunto de países donde se dan una serie de elementos comunes, que están próximos geográficamente, que hablan la misma lengua con sus peculiaridades y para los que es muy fácil emplear enseguida la palabra mágica: contagio. De hecho, cada vez que se tambalea una nueva pieza del dominó, el mensaje oficial es el mismo: mi país no es como los que ya han caído, we’re different.

¿No les suena esto a lo déjà vu? A mi sí, mire usted. Estos cinco elementos – no otros – estaban presentes en la caída en cadena de los regímenes del socialismo real que presenciamos en el Este Europeo desde el 89 al 91, más o menos. 

¿Qué cabe esperar, entonces?

1.- Salidas dispares. No cayó igual Alemania, Hungria o Rumanía. ¿Recuerdan la matanza de Timisoara por helicópteros artillados del régimen de Ceaucescu? ¿Recuerdan los inútiles intentos de ocultar cadáveres y las masas enfurecidas gritándole Drácula al dictador? Los Gadaffi pudieron salir como Ben Alí o como Mubarak, y han elegido la salida a lo Ceaucescu. Doble o nada, y les sale nada. Tras usar la aviación y la artillería contra el pueblo, sólo les espera la horca o la pistola en la boca. Nada que ver con la honorable ejecución de Omar el-Mukhtar, el honorable León del Desierto de la guerra de liberación contra los fascistas italianos.

2.- Caminos dispares. No fue lo mismo la marcha pacífica de Hungría o la República Checa (con su separación sin traumas de Eslovaquia), que la terrible guerra de desintegración de Yugoslavia.

3.- Llegadas dispares. Del mismo modo, no es en la actualidad la misma situación la de Polonia, Hungría o República Checa, democracias consolidadas y dentro de la Unión Europea, que estados a medio fajar, como parte de los derivados de la antigua Yugoslavia, estados autoritarios bajo un barniz democrático de lo más superficial, como la Rusia de Putin, o meras dictaduras incompresibles en el contexto de la Europa contemporánea, como la Bielorrusia de Lukashenko – amparada por el anterior -. Y muchas de ellas amenazadas gravemente por el sempiterno problema de la corrupción.

En cualquier caso, hoy como ayer, asistimos en vivo y en directo a la historia en el frenesí de su movimiento. Atentos a sus coletazos porque, detrás de cada bala que alcanza su objetivo, hay un sueño que se pierde. Y para él seguro que no hay más historias. A ver lo que nos trae hoy el día.

1 thought on “La Caída del Telón de Arena.

  1. Anónimo says:

    La tendencia de los humanos a enjuiciar los conflictos ajenos a traves de sus experiencias vividas o estudiadas es muy corriente,esto ha llevado a hablar de Revolución Francesa con turbante y a pensar que estabamos ante la toma de la Bastilla,y sin embargo nada nos permite la euforia.
    Existe tambien la tendencia de ver a los árabes como un todo homogeneo,y excepto Egipto,los estados árabes son un conglomerados de tribus yuxtapuestas enfrentadas,y clanes familiares que tienden a perpetuarse con dos nexos de unión la lengua árabe y el Islam.Todos ellos han vivido normalmente en el subdesarrollo y la hambruna pero nunca se ha intentado cercenar las formas de relación entre los súbditos y el poder que procede de Alá.
    por tanto hay que preguntarse ¿Qué hay de nuevo?¿Hasta qué punto se quiere el cambio?.En la plaza de Tahrir se gritaba libertad¿significa esa palabra lo mismo para todos?Pensemos que los amigos de la tecla tambien son islamistas.
    Desde la muerte de Nasser ha existido una reislamizacion de estas sociedades.El Derecho y los usos sociales se han llenado de Islam por obra de Sadat, Mubarak u otros, luego muertos o desplazados. los beneficiarios de esta política reclaman ahora su papel en la obra,aunque se valgan de la tecnología

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