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La Autocracia y el Miedo (2)

Pues no da resultado. Ni la calva brillante, ni el dedo amenazador. Ni la promesa del apocalipsis, ni de ríos de sangre. El chulazo de la tienda de beduino plantada donde sea – menos en su tierra, que vive en un palacio -, no se sabe ya dónde anda Y menudean las deserciones. El barco se hunde, el miedo no funciona. Que te largan, tío, que te hacen la cama. Que se acabó aquello de la Jamahiriya Libia Popular Socialista. Que las repúblicas populares ni eran repúblicas, ni mucho menos populares; que eran simples dictaduras, autocracias del tres al cuarto, y que han aprovechado el enorme rebufo del estallido del gran eje de oriente medio, articulado en torno al Nilo, para sacudirse la caspa y la mugre de un estancamiento insoportable.

Nadie engaña todo el tiempo a todo el mundo. Y eso le ha acabado pasando al líder del «Estado de las Masas» (Jamahiriya). Pues que no era el estado de las masas. O que sí era, pero en tanto que las masas obedecieran ciegamente lo que él dijera. Purito socialismo real, vaya. Excrecencia verdadera del siglo veinte, llegada por mor del exotismo hasta el siglo veintiuno.
Le quedan horas. Yo creo que no aguanta lo que llamamos el día, la jornada. Él, particularmente, nadie sabe donde está. El nene, Sayr Al-Islam, el rapado de la bola brillante y el dedo en alto, salió para dar la cara y darnos miedo (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/02/la-autocracia-y-el-miedo.html). No había que subestimarlo, morirá matando. Ha ido muy lejos, ya para él no hay refugio. Lo ha advertido y ejecutado: ha usado el ejército contra la población. Ahora sólo le queda la huida hacia adelante: de nuevo Hitler en el bunker, pero sin esperar inventos milagrosos de última hora. Deserción progresiva de los últimos leales y una pistola sobre la mesa buscando su boca. Porque no va a haber retiro de oro, ni consuelo ni avión esperando en la pista para partir quién sabe ande. Ametrallar a multitudes es algo serio, y Sayf Al-Islam lo sabe. Se ha echado un doble o nada, y lo pierde. Le queda la nada: la pistola. De seguro que no lo cogen vivo. El padre llorará y dirá que lo había delegado todo, que la situación se le escapaba. Morirá en la cárcel, no lo querrá ni Hugo Chávez. Quizás, si no se muere del sofocón, como a punto está Ben Alí, le dan una reclusión domiciliaria. 
Y seguiremos al siguiente capítulo, claro.

2 thoughts on “La Autocracia y el Miedo (2)

  1. Anónimo says:

    Y pensar que Europa sacó a Libia de la lista de países terroristas y le entregó en 2003 la presidencia del Comité de Derechos Humanos de la ONU y ahora esos países acaban de descubrir que aquel socio tan simpático,recibido en sonrojantes recepciones, era un tirano que usaba para asesinar a su pueblo las armas que ellos les suministraba.

  2. Anónimo says:

    igual se retiran en Cuba con los camaradas Castro…

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