En las últimas décadas, se ha abusado de la denominación “momento histórico”. Es comprensible, pues, que me cueste utilizarlo. Sin embargo, hoy tengo razones para hacerlo. Y si no lo hacemos, buscaremos otro término, como “evento clave” o “punto de inflexión”. Lo que más les guste. Al grano.

En lo sucedido hoy en la convulsa vida política española hay elementos que me gustan, y otros que me inquietan. Empiezo por los primeros.

Corrupción. Insostenible. Tenía que pasar factura. Ni un segundo más, así. Es de saludar: el denominado partido alfa en el gobierno, con la tele en su poder, con tanta mano en tantos medios, con tanto peso en el gobierno de los jueces, primero, al banquillo de los acusados, y luego, al trullo, de cabeza. Sentencia más clara que el agua, negro sobre blanco, sin ambages ni matices. Hartos estaban los jueces de que “la Justicia es un cachondeo”.

Ni una semana, desde la sentencia. El PSOE, de partido agónico, al banco azul. Pedro Sánchez, de cuestionado por los suyos, a presidente del gobierno. De vetos cruzados entre los partidos de la oposición, al acuerdo necesario. Hasta la parte contratante peneuvista de la otra parte para los presupuestos: ni un minuto más en el lodazal. Puerta de salida, Mariano. Ni con crecimiento económico, ni sin él. Tarjeta roja.

Higiene democrática y un país con el que me reconcilio. Un antes y un después. Un aviso a navegantes y navegantas por estas aguas del gasto público: ya no somos chavales, en esto de la Democracia.

Dicho lo cual, la parte inquietante:

Ochenta y cuatro diputados, Pedro. Ochenta y cuatro, los tuyos. Los conocemos, en buena parte: el PSOE ha gobernado. Espero que haya aprendido de sus errores. Pero no es este el lugar para evaluarlo, ni yo la persona. Y, además, hay peores motivos para la inquietud.

Tus socios, Pedro. Llegas al poder por un comprensible NO a Rajoy y al PP, pero no con un acuerdo de legislatura, ni siquiera de mínimos. No hay nada concreto. Ni siquiera una propuesta de convocatoria de generales ahí, en un futuro inmediato, o a medio plazo. Nada.

Es evidente que Pablo Iglesias y los suyos saludan tu gobierno, alborozados. Pero ellos lo ven más allá. Estaban en decadencia en los sondeos, y ahora se ven vitales, influyentes, tal vez con un par de carteras. No se lo imaginaban y, ahora, lejos de su deseo que convoques elecciones. Todo lo contrario, lo más lejos posible para mejorar sus expectativas electorales. Sus raíces últimas son las que son: la democracia parlamentaria es un medio, al fin y al cabo, y tú, Pedro, no dejas de ser para ellos un Kerensky o un menchevique. Reflexiona el contenido último del “¡Sí se puede!” con que han aplaudido tu ascenso. Sí se puede… ¿Qué?.

Pero, si inquietante se me antoja lo anterior, mucho más me inquietan tus nuevos socios de gobierno. Verte llegar al gobierno de la mano de los que, en septiembre pasado, traspasaron todas las líneas rojas de la legalidad catalana para imponer su propia agenda, caiga quien caiga y lo que caiga – golpe de estado, según reputados comentaristas -, me pone los pelos de punta. Me dijeron de chiquitito que, con ciertas compañías…

Distinto hubiera sido un debate previo, sereno, con estas fuerzas, en el que se hubiera manifestado una voluntad de recapacitar y un reconocimiento del error – al menos contra la Ley y la convivencia -. Pero así, tan a pelo, con Torra, ahí, y sus escritos, que me califica poco menos que de homínido…

La situación, hoy, es el desalojo del partido corrupto a manos de una minoría debilitada. Debilitada por ser el PSOE un partido hendido, con dos almas, como se puso de manifiesto en la defenestración de la que fuiste objeto, y en el hecho de que carecías del apoyo de buena parte del aparato, barones y líderes históricos. Y, nada baladí, de que tu principal base electoral procede de una comunidad, Andalucía, cuyo liderazgo te es abiertamente hostil y que, por si fuera poco, está inmerso en una especie de Gürtel que te puede propinar una sorpresa desagradable a fin de año.

Minoría debilitada – PSOE -, en manos de una segunda minoría – Podemos -, sobrada de ambición, como acabo de poner de manifiesto más arriba, cuyas filosofía política y referentes no están muy en conexión con el respeto escrupuloso al parlamentarismo.

Y más debilitado, si cabe, al depender de unos “ismos” que llevan mucho tiempo demostrando la deslealtad institucional, la transgresión a la norma – en lo literal y en lo figurado -, el desprecio a toda idea de cooperación entre CCAA – incluso el desprecio expreso hacia ciudadanos procedentes de otras CCAA -, el chantaje o el bucanerismo como forma de actuación política y la negación de derechos consagrados en la Carta Magna, como forma cotidiana de proceder en los territorios donde gobiernan – como, por ejemplo, la inmersión lingüística, sí o sí, o el acoso a las personas que libremente deciden trabajar o expresarse en lengua española -.

Debilidades, que solo podría aclarar una convocatoria inmediata de elecciones generales, Pedro. Lo contrario es una temeridad insensata. Ni siquiera llega a la altura de frentepopulismo. Porque el frente se quiebra en un pispás con lo que quieran esos al norte y al noreste. Arrieritos semos…

Cuatro meses, o dos años. He ahí el dilema. En cuatro meses, te presentas con un programa y te revalidas. En dos años…

Federico Relimpio

“Bajo su piel tatuada”

(picar aquí)

2 de enero de 2018

Novela totalmente recomendable. Refleja una realidad como la vida misma y muy actual que trata importantes temas sociales como religión, violencia, sexualidad…
Personajes frustrados, tristes, marginados, cotillas…viviendo o sobreviviendo en plena crisis económica, sin esperanzas. Su lucha por salir adelante….mezclando pasado y presente.

frelimpio

Si te gusta, comparte y sígueme
0