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Historia de Juanillo.

Campo andaluz, pleno sol, en algún momento de los años cincuenta. La mecanización del campo no llegó aún y Juanillo se afana con la guadaña, los chorros de sudor le corren por todo el cuerpo y el señorito lo contempla pensativo desde el porche de la casona mientras degusta una cervecita fresquita. El hombre sigue en su sufrido quehacer y va acercándose a la casa. Cuando ya la distancia es muy corta, el señorito exclama:

-¡Juanillo, párate un momento, que tengo algo para ti!
El fatigado jornalero se detiene y se yergue con la visión borrosa por el sudor que de la frente le cae sobre los ojos y por el inmenso esfuerzo que acumula ya sobre el chasis. Ni fuerzas tiene para preguntarse qué le tendrá preparado el señorito. Al cabo, el señorito atraviesa el corto trecho que le separa de su trabajador portando lo que parece una gran herramienta nueva. 
-Juanillo, que a partir de ahora vas a seguir con esta guadaña nueva… Mira tiene dos hojas: una para la izquierda y otra para la derecha… Así cuando retires la guadaña a contragolpe, aprovechas para dar un nuevo golpe a la derecha y rentabilizas mejor el movimiento… ¡Así te haces el campo en la mitad de tiempo!
-Lo que usté diga, aquí estamos pa mandá…


***

Pasan así diez días y el señorito contempla satisfecho el nuevo ritmo de producción de su empleado. Al reducir a la mitad el tiempo necesario para el trabajo, tiene tiempo de sobras para otros menesteres. Nuevo día de sudor y trabajo para Juanillo y, de nuevo, aproximación, ahora algo más rápida, al lugar donde el patrón toma su cervecita calculando el modo de mejorar la producción. 
-¡Juanillo, párate un momento, que tengo algo para ti!
La doble guadaña reposa en tierra como si fuera el ancla de un barco. Ahora la sonrisa del señorito trae un extrañísimo par de zapatos, algo nunca visto por estos pueblos.
-Mira, Juanillo, descálzate, que te he traído este adelanto de una feria agrícola… Se trata de un par de botas con hoces laterales incorporadas para que, en cada paso de avance, a cada golpe de guadaña a derecha y a izquierda, vayas mejorando tu producción con la acción lateral de tus pies y te quites el campillo aún más deprisa… ¿Vale?
-Lo que usté diga, aquí estamos pa mandá…

***

Fin de jornada. Juanillo exhausto. Deja en el almacen la guadaña de doble hoja y se despoja de las botas ultramodernas provistas de hoces laterales. Libertad, al fin. Se acerca, pues, a su humilde hogar. Pero el día no ha agotado aún las sorpresas desagradables. Los inventos del señorito le han permitido acortar su estancia en el campillo y hoy, sin que sirva de precedente, el patrón no tenía otros trabajos que echarle encima. Así que helo ahí al pobre, fatigadísimo y sudoroso, de vuelta a casa antes de tiempo. Y helos ahí en la cama, sorprendidos in fraganti, la joven y bella esposa de Juanillo con el tarambana del hijo del señorito. Y que a lo mejor al empezar el día al pobre trabajador le hierve la sangre y monta el cirio. Pero hoy la sangre se derramó por los campos, a sembrar unas tierras que darán unas cosechas de las que saldrá, entre otras cosas, la cervecita fresquita con las que cavilará el señorito que más puede hacer Juanillo para mejorar su productividad. Hoy Juanillo contempla a los dos amantes, suspira, se quita el sudor de la frente y dice en voz baja: “Mari, que no se entere el señorito por na del mundo…”
Y la Mari alivia el terror en su desnudez compartida bajo las sábanas con un amante más lelo que mudo – cuando esperaban ser atravesados con la guadaña -, y responde con un hilo de voz: “¿El… Señorito?

Y responde el marido traicionado con toda la tranquilidad del mundo:

-Es que como se entere de esto me pone periquitos (1) en los cuernos.
(1) N. del A.: en Andalucía, periquitos son los surtidores de irrigación por aspersión en los campos.

***

Ustedes, como yo, pensarán que este chiste no tiene la menor gracia y que pertenece a épocas felizmente olvidadas. Es mi deber opinar que, efectivamente, no tiene la menor gracia. Pero que lo traigo a colación porque creo y sostengo que está vivito y coleando en la época actual, en todos los colectivos, sobre todo en la franja de empleo juvenil, ligado a precariedad, subempleo, abusos continuados y a “esto es lo que hay”. Miren ustedes donde quieran, que ahí lo encontrarán. Es por ello que, desde este blog, he animado repetidamente a nuestra juventud al corte de mangas y a buscar mejores horizontes, que sólo hechos cambian hechos y que esta madre patria metida a madrastra no se merece a lo mejor de sus hijos (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/04/juventud-parada-frente-juventud-avezada.html).
Relativo a lo que me toca, la medicina pública, los sufridos Juanillos que hemos sido durante treinta años, y especialmente en Andalucía, hemos asumido la labor de auxiliares de enfermería, la de administrativ@s, de telefonistas, de secretari@s, de informátic@s y de un largo número de colectivos en recorte creciente sin queja, cuando nos las han ido quitando. El chantaje emocional y profesional ha campeado por las ocho provincias: “¡No eres colaborador!” Hora es que el público sepa ya que los médicos del Sistema Público de Andalucía hemos sido los modernos Juanillos de un sistema que nos contemplaba con desdén desde sus despachos, y que sólo así se han ahorrado dineros suficientes para expandir prestaciones y frenar el gasto en farmacia, y que, además, si en Andalucía y en España no se aplica aún el copago, es por la disposición de una legión sudorosa y abnegada, incapaz de la más mínima acción colectiva y que repite siempre a todo: 
-Lo que usté diga, aquí estamos pa mandá…

Y que si ustedes quieren de verdad ponerse al loro de los entresijos del Sistema, de lo que se ha cocido y aún se cuece en este solar en asuntos médicos, donde nos jugamos primero salud y luego los dineros, piquen abajo y descárguense el eBook gratuito:


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