fbpx

Garganta Profunda en Sevilla (o «Uno de los Nuestros»).


Un piatto dolce che si serve freddo. Así describieron gráficamente los italianos a la venganza – la vendetta -, su personalísimo ajuste de cuentas, fuente de todas las tramas y guiones cinematográficos. No me lo quito de la cabeza… Va y viene, es como un run-rún, un moscardón, una clavo persistente ahí agarrado.

Recapitulo: toda la porquería que aflora ahora de EREs irregulares, ayudas injustificables a empresas amigas y demás evidencias del esqueleto de la singular dictadura perfecta que aquí instalada desde que Hosni Mubarak accedió al cargo era de tiempo ha conocida y comentada. Lo que faltaba era la carga de la prueba.

No me cabe la menor duda de que si este escándalo estalla hace cuatro a seis años apenas constituye un arañazo en el casco del buque del régimen. Tal era la solidez y solvencia de conjunto de intereses creados. Eso pasa con el Gürtel en Valencia, por ejemplo. Sin embargo, aquí se han sacado los calzoncillos sucios justo a tiempo. En momento y lugar. Un véritable coup de téatre, que dicen los franceses. Veamos por qué.

1.- Rajoy necesita a Andalucía. Es preciso. Aznar ganó sin ella, pero por la mínima. Y tuvo que hacer grandes concesiones a catalanes y vascos para gobernar. Sacó su mayoría absoluta sin los andaluces en el 2000, pero fue por el desastre interno de los socialistas. A poco que se removilizaron, les mandaron de nuevo a la oposición. Y Rajoy quiere que España cambie de rumbo. Y para largo. Es preciso extraer a Andalucía su acendrada convicción izquierdista. De lo contrario, los populares sólo conseguirán estancias puntuales en el poder, breves paréntesis. Son muchos andaluces, muchos.

2.- Arenas necesita la mayoría absoluta. Es preciso. No hay con quien pactar. No hay cuarta fuerza. El PA casi no existe: camina derechito de la desaparición. UPD no será o no ahora, en cualquier caso.  Todo se conjuraba para perpetuar a los populares en la oposición en Andalucía, bien como perdedores, bien como ganadores, pero con mayoría insuficiente. Los socialistas siempre contarían con una Izquierda Unida a quien sus bases – y la lógica – no podrían perdonar que permitieran gobernar a la derecha. La composición sociológica de la comunidad hacía prácticamente imposible el gobierno – que no el triunfo – de los populares.

3.- La ocasión la pintan calva. La crisis. Devastadora. Para poner a prueba la cintura de un político. Pero José Luis Rodríguez Zapatero accedió al poder con el viento en popa económico, no le gustaba la economía, estaba sobrado de si mismo – se le acusa frecuentemente de presidencialismo -, aburrió a las voces mejor formadas que podían haberle inspirado decisiones más atinadas y más tempranas y, cuando tomó algunas adecuadas, no pudo evitar dar la impresión de ser un torpe muñeco sin iniciativa ni liderazgo, en manos de las potencias extranjeras. Su presidencialismo en el partido fue entonces una losa para aquéllos llegados a sus responsabilidades bajo su égida, como José Antonio Griñán. No pudo evitar comenzar el imparable cuesta abajo en popularidad y peor, en credibilidad. Ni efecto Rubalcaba, ni acuerdo social y económico. Nada. Y lo peor, el contagio. Los regidores locales se empeñaron en separar las administrativas de mayo de 2011 del inevitable declive del zapaterismo y la política general. Imposible. Y la llaga se fue ahondando por el empecinamiento del presidente en negarse a despejar las dudas creadas acerca de su futuro político y la cuestión de la sucesión. Todo era abono para el fin de ciclo. Ahora o nunca en Andalucía. No habría otra ocasión.

4.- Es el momento del dossier. Es el momento de la puntilla, en términos taurinos. Tres meses antes de las municipales. El partido se juega toneladas de poder local, los millones indispensables para los enjuagues y la mantequilla. Es ahora y no el año que viene cuando se juega el verdadero partido. Lo del 2012 será purita consecuencia. Todo debe salir a la luz. El régimen de los Zarrías y los Pizarro. Una comunidad gobernada desde el partido, no desde su gobierno ni desde su parlamento. Un conciliábulo de cuatro que quita y pone, toma o da. Tú o éste, o aquél, o el otro. ¿Pero quién lo tenía? El dossier, digo. ¿Quién tenía la prueba? ¿Quién tiró de la manta?

Conclusión: Es uno de los nuestros. Es garganta profunda en San Telmo. O donde sea. Es viejo como el mundo. Lo hemos leído en todas las novelas históricas. En todas las cortes, las conjuras, los partidos, camarillas, estructuras o burocracias, siempre, siempre hubo perdedores. Seres oscuros, resentidos, olvidados, marginados por el triunfador, que se consideran injustamente tratados, apartados del festín. “¡Con lo que yo he dado por la causa!” Es fácil intuir el resto.

Sólo digo que me gustaría saber toda la verdad dentro de unos años. Y tener la oportunidad y el talento de novelarla. Mientras tanto, les dejo con las insidias de la industria farmacéutica y la gestión sanitaria en mi primera novela. Los que ya la han leído dicen que es entretenida. El e-Book es gratis. Enlace:
 http://www.bubok.es/libro/detalles/197444/KOL-Lider-de-Opinion

1 thought on “Garganta Profunda en Sevilla (o «Uno de los Nuestros»).

Comments are closed.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error

¿Te gusta esta web? Suscríbete y difunde