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El Tsunami

Así se le viene llamando desde el 22-M, especialmente en ciertas áreas. Tranquilos, hoy no toca intentar profundizar inútilmente en las razones o motivos que han podido conducir a millones de españoles a dar un apoyo preferente al PP de Rajoy frente al PSOE de ZP, rompiendo mitos y feudos. Para eso hay mejores columnistas y voces más inspiradas. Hoy toca hablar de gente, de personas concretas. De Juan, de Paqui o de Noelia. Gentes como usted o como yo, con su vida y sus cosas. Sin embargo, algo las diferencia del común de los mortales. Por tradición familiar, por amistades, por influjo del ambiente, por lecturas o por vaya a saber qué, Juan, Paqui o Noelia acabaron militando en el PSOE, donde mostraron en reuniones energías, talentos e inquietudes. Entraron en algunos casos por idealismo y en otros no, que todo hay que decirlo. En algún que otro caso les movía la ambición y la voluntad de poder y, siendo su tierra respectiva feudo del PSOE, no te comías ná si no estabas en el bando correcto. 
Juan, Paqui o Noelia destacaron localmente por encima del resto de la militancia de base. Se comprometieron, se organizaron, contactaron, se disciplinaron, se apadrinaron o amadrinaron convenientemente, supieron a qué bando interno tenían que afiliarse, cuándo hablar y qué decir – y a quién -, y cuándo callar y mirar a otro lado. Asumieron de modo entusiasta o disciplinado el discurso de la corrección política, de qué se podía hablar y de qué no, qué temas eran candentes y qué temas evitar, y poblaron desde sus veintitantos las concejalías locales. En algunos casos tenían muchos estudios. Pero en otros, no. Decían a veces que la vida o la calle enseña más que las aulas, los profes y los libros, y mostraban una sonrisa desdeñosa viendo gastar codos y opositar a los de las gafitas. En cualquier caso, Juan, Paqui o Noelia vincularon sus expectativas personales, su desarrollo profesional y, todo hay que decirlo, su sostenimiento económico a su partido y se convirtieron en políticos profesionales, gentes del aparato, preciadísimas, sin las cuales la estructura interna del poder loco-regional o territorial no funciona o se avería definitivamente.
Todo va bien unos años. Mejor dicho, muchos años. Juan, Paqui o Noelia progresan personal y económicamente. Amplían su área de poder. Ahora son diputados en parlamentos autonómicos o en el Congreso de los Diputados, alcaldes, consejeros o, por lo menos, directores generales o altos cargos de la administración. No hay que minusvalorar su trabajo: en la mayor parte de los casos son personas honradas y muy comprometidas con lo que hacen. Saben, sin embargo, que ahí abajo, en la calle, hay un runrún de malestar, de paro y de cabreo que cada vez entienden menos. Porque lo tienen más lejos o porque flotan más en el éter, no por otra cosa. Porque la deriva del sistema del que forman parte les ha convertido en una nueva aristocracia de coche oficial y moqueta, a salvo del desempleo y de las dolorosas realidades que rugen en el asfalto, a ras de suelo. Y sienten a veces el íntimo dolor de que han perdido algo. No son libres. No pueden hablar, decir lo que piensan. Cualquier manifestación pública que hagan será escudriñada con detalle, descuartizada y malinterpretada y, caso de salirse de un estricto guión superimpuesto, les vendrá el tirón de orejas o, para los más contumaces, la patada a la calle y el abandono del paraíso. 
“No soy libre… Pero tiene sus compensaciones…”
Llegó pues el tsunami. La crisis, la crisis… La culpa siempre la tienen otros… Y a lo mejor es verdad, que no lo dudo. Pero tan enraizado está el discurso de lo correcto que ni a Juan, ni a Paqui ni a Noelia se les ocurre analizar otras razones para explicar porqué un partido que estaba ofreciendo modernidad, progreso y cambio a extensas áreas del país ha sido rechazado por la mayoría del cuerpo social en sus mismos feudos, en la tierra de Felipe. Dejémonos pues de análisis, que la Historia nos supera, nos arrolla y nos zarandea. Y a veces nos ahoga. Justo como un tsunami. 
Décadas después de extensos servicios al pueblo y al partido, Juan y Paqui son víctimas de un ERE masivo que la ciudadanía ha propiciado a este partido, como a otros cuatro mil compañeros tras el 22-M. Los dos compañeros abandonan sus respectivos despachos oficiales y se encuentran en el ascensor, buscando la planta baja. Intercambian miradas significativas que todo lo dicen. Nada va a ser igual. Llegan a nivel del suelo y son cegados momentáneamente por la luz inclemente del sol reflejada en el asfalto. Bienvenidos a la realidad, lecho más que duro para sus huesos. Bienvenidos a la precariedad, al desempleo, a la mediocridad y la consigna, pero la dictada por el adversario. Una última llamada de móvil:
-Noelia… ¿Qué tal?
-Mal… Como todos…
-Al menos tú sigues ahí…
-Veremos… El año que viene es la Junta… Veme buscando un huequín.
-Noelia, una cosa…
-¿Qué?
-Que le digas al niño que termine Derecho y oposite; a remate, es lo de siempre.
-Ya… Un beso y suerte.
-Suerte.
***
“El Tsunami”. Como título de novela no va nada mal. El poder, el aparato, los partidos, la hoguera de las vanidades… Si encuentro a un@ que me lo cuente en primera persona, igual me animo y lo escribo. Mientras tanto, les voy a dejar con algo que sí puedo decir en primerísima persona y de actualidad rabiosa: la medicina pública bajo los modernos sistemas de gestión politizada. Está en descarga gratuita en el siguiente enlace: http://www.bubok.es/libro/detalles/197444/KOL-Lider-de-Opinion
Lógicamente, si quieren algunas referencias, tienen ya los primeros comentarios de los lectores en:

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