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El Pesebre Sanitario

Señora Presidenta de la Junta de Andalucía;
Tenga usted buenos días. Soy el mismo. El de 37 horas y media. El de Los Eventuales frente a la Eterna. Porque, hablando de eternidad, lo que se nos hace eterno es el dolor de muelas: como las tardes ilegales que hacemos los sanitarios del Servicio Andaluz de Salud por los santos ovarios del poder o los contratos al 100% que sólo llegaron a los estructurales, que para el resto no hubo pasta. Pero de eso ya largué el otro día. Así que hoy voy a otra cosa.
Hoy quiero compartir con usted un curso básico de terminología sanitaria pública andaluza. Lo elemental para desenvolverse. Creo que treinta años en el poder dan para mucho. Para empezar, les ha permitido crear una nueva lengua. O mejor dicho, jerga. Incomprensible para los profanos, pero imprescindible para los arrimados y acomodados.
Sin embargo, para entender a los Servicios Centrales del SAS y a la Consejería de Igualdad, Salud y Servicios Sociales vale mejor el habla llana de la calle. La del barrio. O la de los carnavales de Cádiz. Para iniciarse en los vericuetos de la administración es fundamental una idea de calado filosófico que no consta en manuales, por mal hablada y soez. Se trata de una palabra que, sin embargo, admite una acepción entrañable. Hasta me da miedo escribirla. A ver… Uno, dos y tres: “Pesebre”. ¡Cielos, lo hice! (homenaje a Forges) ¡Uff! Pues ha costado, joder.
 En mi infancia, el pesebre era algo parecido a esto. 
En muchos hogares lo seguimos poniendo en Navidad, y queda bonito, ténganse sentimientos religiosos o no, oiga. Tradiciones o creencias: en el CIS que acaba de salir el 69.3% se declara católico – como usted -, pero el 60.8% casi nunca va a misa – ignoro sus prácticas al respecto -. Tampoco sé si pone portalito en Pascuas. Pero sí sabemos que pesebres tiene unos pocos a lo largo y ancho de Andalucía, y que duran todo el año. Pero los que tiene usted no se parecen al navideño. Más bien me recuerdan a éste de abajo. Y disculpe usted por mi atrevimiento.


Me dice un amigote que conoce bien los entresijos de la cosa pública sanitaria andaluza que sucesivos altos cargos de la administración sanitaria reconocen en la intimidad que en la Avenida de la Constitución (Gerencia del SAS) o en la Avenidad de la Innovación (Consejería) hay tela de gente que no hacen ni el huevo. Gente con la que ustedes mismos no saben qué coño hacer. Gente que está enredando todo el día, dando por culo o mandándose whatsapps. Tomándose cafés eternos o haciendo como el que trabaja un ratito al día. Gente que si fuéramos los normalitos ya estaríamos en la trinchera o con un pie en la puta calle, como los eventuales a los que usted y los suyos acaban de puñetear fingiendo que les hacían un favor para ganarse cuatro cochinos votos. Pero los de los despachos, no. Ésos son los suyos. Son gente que no se sienta en una consulta a ver qué demonios le pasa a la señora, pero que van largos de lealtad inquebrantable. Son tribu de palabrería bien aprendida y carné en la boca o similar. Y bien atentos al que pita y a qué padrino o madrina me tengo que arrimar, no vaya a ser que me quede con el culo al aire. En su momento, les prestaron este servicio o el otro. El que fuera. Pero hace la tira que no dan lo que se dice un palo al agua. O un palo al agua efectivo, porque jugar a ser importantes, sí que juegan.

Como me dice mi amigote – y otros que conozco -: “en el SAS piensan cinco; el resto enredan”. Sodomizan. Enmierdan. Emperifollan los servicios y unidades con un exceso de papel – libros enteros, oiga – y aplicaciones informáticas que han sido el objeto de comentario en este blog. Siendo benévolos, podríamos pensar que algunos hasta se creen lo que escriben en un acceso febril. Pero yo creo que los más justifican lo imposible: el heno que se comen por no volver a ver una cara enferma o por intentar vaciar el mar con un cubito.
¡Pero hay que ver cómo camuflan su inutilidad con la verborrea! Ellos le quitaron al paciente su sacrosanto nombre y lo rebautizaron como “usuario” – ¿Habráse visto ordinariez? -. Y empezaron a intoxicar nuestro día a día con una jerga extraña, como “gestión de la calidad”, “gestión de la demanda”, “gestión por competencias” y mil palabrejas más ante las que palidecen los síndromes descubiertos por sabios alemanes de nombre impronunciable.
Lo más simpático – por verlo con filosofía – es que una vez que el pesebrero se instala como virus residente en memoria en la Consejería, no se lo quita uno ni con agua caliente. Le coge gustito al sillón y a la moqueta y recuerda con ascos el olor a humanidad y al fonendo. Y hace su aparición en la angelofera. Y perdonen el palabro, que se lo explico:
No hay pesebrero aburrío sin twitter. Es una de las vertientes de su expansión y holganza. De su realización, como se decía antes. Hace ya tiempo, uno describía así a los pesebreros del twitter – denominados colectivamente la angelosfera –: 

“La angelosfera sanitaria (también conocida como lirosfera – de tocar la lira – o tribu del paraíso celestial). Seres delicados, sensibles, con elevadísima conciencia social y sentido de caminar hacia un progreso que está ahí, que se huele, que se toca y es preciso traer a las conciencias y voluntades. Paraíso, pues, de la corrección política y veto obligado para reivindicaciones laborales o profesionales. Desprecio velado – o ninguneo – a la trinchera sanitaria por ofuscados, retrógrados, reaccionarios y – sobre todo – negativosDa gusto escuchar tanta elegancia o delectación contenida en 140 caracteres. Un sólo motivo de preocupación: escasean ahí los clínicos de a pie.”
De esta maestría en el twitter, vino el arrinconamiento práctico de la disidencia para encerrarlos en lo sindical o en las páginas del ABC. La caverna, según ellos. Porque un trabajador sanitario debe tener una elevada conciencia social y no cuestiona al gobierno más progresista de España. Nunca habla de dinero. Confía en sus directivos. Y si María Jesús Montero le encaja las tardes de sus santos ovarios, de seguro que es culpa del pérfido Rajoy, diga lo que diga el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. No hay nada mejor que el dominio del lenguaje y de los medios: la tele (Canal Sur), la prensa (El País Andalucía) y alguna que otra emisora de radio. Y volvemos al twitter, claro. Pero para eso hay que tener mucha gente afín tocándose los huevos. Y de los huevos al teclado. Disponiendo de un presupuesto que bien vendría para poner al cien por cien a algunos más de los eventuales que se han quedado en el contrato basura. Tras prometer el oro y el moro y crear un shosho de mil pares. Negado puntualmente por Miguel Ángel Vazquez – que dice que sólo han sido cuarenta siete incidencias -. Con dos cojones, tío. No le pierdas la pista al nota, Susana. Si es capaz de negar el follón de los eventuales, mañana te dice que la Giralda está en Dubai, si viene al caso. Y las demás nos callamos como putas. Como putas agradessías. Agradessías de seguir comiendo de tu mano, Susana. 
Y es que el heno calentito está tan rico…
Addendum:
Pesebre (DRAE)
(Del lat. praesēpe).
1. m. Especie de cajón donde comen las bestias.
2. m. Sitio destinado para este fin.
3. m. nacimiento ( representación del de Jesucristo).
@frelimpio





3 thoughts on “El Pesebre Sanitario

  1. Francisco Marquez says:

    La tristeza y la desesperanza instaladas en la gente sanitaria. Que trabajan callando y si hablan, miran antes por detrás y al lado quien los oye, en voz baja, con miedo a un poder omnímodo que te la guarda con colmillos retorcidos, con cuidado de los chivatos que están por todas partes; Laboran bajo el mando de jefes tristes y sumisos que a veces son jóvenes profesionales y buenos, que ven su cargo como un ancla a su puesto de trabajo a costa de comulgar con ruedas de molino; que incluso venden la idea de que se sacrifican por el "servicio" al que dirigen para que no venga otro que les haga la puñeta, ¡desfachatez!. Hay un alto cargo de un Hospital sevillano del que me consta que su nombramiento le supuso entonces cuando lo eligieron para el carguito y también, si hubiese seguido de clínico, ahora, salvarse de la actual quema de eventuales. ¡Uf! menos mal que lo nombraron con dedazo manifiesto; y desde entonces va de puesto en puesto de las alturas simplemente cumpliendo consignas…y cruelmente y "conniventemente" (¿existe el término) haciendo dimisión interior o lo que es lo mismo, diciendo "menos mal, no me ha cogido a mí, el que venga atrás que arree".

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