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El Miedo del Autócrata.

Por fin dio la cara. Lo que he venido diciendo. Hay veces en que la historia se repite, al menos en algunos aspectos. He aquí al Führer en el bunker, negando la evidencia, esperando hasta última hora refuerzos inexistentes o armas quiméricas. Moriré en Berlín. Moriré en Trípoli. Moriré matando. Me llevaré por delante a unos pocos. Y conmigo los que no tienen otro sitio, los que no serán recibidos en otra parte, esos rostros que no podrán ocultarse nunca, que han matado y torturado y que no pueden borrarse. No hay marcha atrás, que vengan a por nosotros, a ver si son tan valientes, a ver si están dispuestos a dejarse la piel, a jugarse la cabeza. No tenemos nada que perder. Agotaremos todos los cartuchos salvo el último. Aguardaremos las pisadas del enemigo. Abatiremos uno a uno y esperaremos a no poder más, a tener su aliento tan cerca que queme los ojos y oír sus gritos tan próximos que ensordezcan los oídos. Será el momento. ¿Faltará el valor? Imposible… Así muere un gran caudillo. Coge la pistola y directa a la boca.

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